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Opinión | Huelga Educación

Clara Vila Traver

Clara Vila Traver

Profesora de FP en el Instituto Carrús de Elche

Razones y respeto. Todo lo demás, niebla

Tercera semana de protestas y huelga de profesores por la educación pública en Alicante

Tercera semana de protestas y huelga de profesores por la educación pública en Alicante

Cuando los docentes empiezan a agolparse en los días de huelga, no puedo dejar de mirar el cuidado con el que caminan, el respeto con el que dejan pasar a la gente; incluso me he fijado en la manera de rodear cada pedacito de césped y cada flor que hay en las jardineras de las rotondas. Ni un papel en el suelo, ni una lata vacía, ni siquiera los gritos suenan ofensivos. Incluso cuando la policía les dice «hasta aquí», marcando una línea claramente imaginaria, son incapaces de traspasar ese límite.

Es el respeto, es una manera preciosa de comunicar qué tipo de sociedad quieren, de hacer las cosas democráticamente y sin violencia. Es la responsabilidad social que están pidiendo cuando reclaman una educación pública de calidad. Están siendo el reflejo de lo que quieren enseñar.

Me da igual escuchar palabras que hieren el alma, porque este grado de observación profunda me está permitiendo entrar en el corazón de cada uno de mis compañeros que siguen luchando por convicción. Compañeros que se están sacrificando, dejando todo a un lado para reivindicar lo que no es justo, llamando a las familias, hablando a diario con cada uno de los alumnos y alumnas, abrazándose en la lucha, y lo más importante, siendo personas con profundos valores.

Desde el día 11 de mayo, me levanto cada mañana pensando en cómo comunicar esto para que la gente lo entienda, cómo informar sin ofender, cómo hacer que el alumnado no sufra, cómo apoyar a mis compañeros en los momentos de bajón, mientras la única preocupación de los que gobiernan es pensar en cómo parar todo esto sin aportar nada de valor. Y reflexiono, casi en silencio y en un proceso de abstracción completa del conflicto: si estamos hablando de los intereses de una educación pública que acoge a la mayoría, no deberíamos estar rogando tanto para conseguir mejoras que contribuyan a una sociedad mejor y más justa; debería ser algo de lo que los políticos se ocupen sin necesidad de llegar a una huelga indefinida. Pero lo que más me preocupa es la actitud de quienes están al frente de nuestras instituciones, de prepotencia, falta de empatía y de desprecio hacia cualquier sentimiento humano, entendido como una debilidad.

Nos dirigimos hacia un narcisismo colectivo que se extiende, en el que preocupa más la validación externa que la verdadera conexión humana. Desgraciadamente el egocentrismo, el tener la razón y el ruido están de moda. Pero por suerte, los docentes estamos demostrando que estamos del lado de las emociones, de la empatía, la paciencia y las buenas formas, porque nuestros intereses son otros. Solo queremos una buena educación para una sociedad mejor. Todo lo demás, niebla.

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