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Opinión | Cine | Crítica

Alcanzar la meta

Corredora

Corredora

La película Corredora es una película luminosa. Se inicia en las pistas de atletismo de un Centro de Alto Rendimiento, donde nuestra protagonista se entrena para competir en la especialidad de medio fondo. El verde del césped contrasta con el tono rojizo de la pista y el intenso azul celeste.

Sin embargo, lo que se esconde bajo esa capa rutilante no es más que una tremenda historia de supervivencia. Aquí no se trata de ganar a las rivales, ni de conseguir marcas insuperables. Sólo de sobrevivir cuando la salud mental hace de las suyas.

La atleta, como se ve venir en un crescendo imparable, se rompe. Tras su brote psicótico no le quedará otra que reconstruirse. Entonces lo urgente coincidirá con lo importante. Resetear desde cero para iniciar una nueva vida. La directora lo explica muy bien lanzando un par de interrogantes a modo de juego de palabras. ¿Qué ganamos perdiendo? ¿Qué perdemos ganando?

Partiendo de una premisa que puede pecar de convencional, la directora y guionista Laura García Alonso la plasma como un proceso de superación que se aleja de los cánones que han presidido tantas historias deportivas de caída y gloria.

Contando con la imprescindible colaboración de las actrices Alba Calle y Marina Salas, vira su relato hacia la aceptación. Nuestra protagonista debe elegir entre las medallas, las pistas y eso que llaman gloria, o conquistar la felicidad que sólo va a encontrar dentro de sí misma. Lo que convierte Corredora en una experiencia profunda que nos zarandea.

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