Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión | La plaza y el palacio

Bambi y las noches de luna llena

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su comparecencia este miércoles desde el Vaticano tras su audiciencia con el Papa León XIV.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante su comparecencia este miércoles desde el Vaticano tras su audiciencia con el Papa León XIV. / Fabio Frustaci / ZUMA PRESS

Mi amigo Ricardo gusta de cantar el Himno de la Guardia Civil, en especial si antes ha entonado el "Asturias patria querida". Como no se lo sabe, le agrada proclamar marcialmente unos supuestos versos finales: "¡Viva España, viva el Rey, viva el orden y la ley! ¡Viva la Guardia Civil!"; a lo que él añade: "¡Que le puede al FBI!". Siempre creí que era un desahogo patriótico en tiempos desbaratados. Ahora opino que se refiere a la muy añorada serie "Expediente X", en que aquella pareja de agentes especiales, siempre insatisfecha, investigaba asuntos de brujería, fantasmas, vampiros y, sobre todo, marcianos, muchos marcianos. Como Trump también cree que la verdad está ahí fuera, va a abrir cartapacios con casos de extraterrestres, que es lo que nos faltaba, una guerra intergaláctica. Mientras, aquí, la Guardia Civil, que le puede al FBI, considera que la verdad está aquí dentro; hasta el punto de ponerse a investigar a la Guarda Civil e interrogar a unos generales por orden judicial. El teniente coronel encargado del asunto se apellida "Balas". No me diga usted que no es supremo. O, por lo menos, metáfora sideral de los tiempos que corren, en que las coincidencias son augurios. Pensamiento mágico.

O no corren, que en esta semana se ha comprimido el tiempo y estamos en un agujero negro, donde las principales fuerzas y los más meritorios tertulianos acusan a todos los otros de conspirar. Son tantas las conspiraciones en marcha que yo ando averiguando en cuál de ellas estoy comprometido. Y vivo solo esperando que la cosa no vaya a peor. Por ejemplo, el otro día lo pasé en pena, esperando ver salir a Pedro Sánchez de San Pedro detenido por la Guardia Suiza, que hubiera sido clamorosa venganza del saco de Roma -no sé lo que opinará Ayuso de tan hispánica gesta-. Pero como el Papa está con sus cosas de la informática, se ve que ha dejado pasar la semana pues, total, viene pronto por aquí y es fácil que algún juez le incrimine por cohecho de Cónclave, usurpación de sotana y tráfico de Encíclicas. Buenos están los jueces de aquí, que los habrá por declarar que la prioridad nacional es un principio general del Derecho; amén.

Pero ni son todos los que son ni son todos los que están, pues se comenta que fue en una camarilla de Ferraz donde dieron crédito a Aznar con lo de "quien pueda hacer, que haga", y se pusieron a hacer, por ver si evitaban dolores a la Sagrada Familia. Aunque debieron hacerlo mal, dado el éxito obtenido. Y si regresamos a la época dorada de la Benemérita, y nos ponemos antiguos, qué habrá de extrañarnos si otros están con lo de "devuélveme las joyas de mi madre y quédate con todo lo demás".

Lo malo es que no sabemos qué es todo lo demás. Ya no sabemos nada. Que de la Venezuela regida por militares en chándal no podía venir nada bueno lo decíamos algunos desde hace lustros, para ser escarnecidos por colegas que viven en un ay si no hay, ahí o allá, un follón digno de llamarse revolución, que luego acaba con muertos y corruptos, que es lo malo de la retórica. Pero, en fin, ya se sabe que la izquierda, non plus ultra en sus ambiciones morales, gusta de trajinar con palabras gruesas. Como dice Innerarity, la izquierda pasa por ser superior éticamente; pero, matiza: "Más que una superioridad moral de la izquierda, lo que ocurre es que la izquierda tiene una irresistible tentación a plantear las cuestiones en términos morales, del mismo modo que la derecha no es cognitivamente superior, sino que puede parecerlo en la medida en que apela continuamente al principio de realidad". Seguramente por eso esta semana, tan comprimida y sazonada, es lo que está haciendo que la derecha avance: a mí ya no me preocupa la corrupción, sino la irrealidad en que el mundo se va disolviendo.

Creo en todos los que hay que creer. Por todos me levanto al grito de ¡viva la presunción de inocencia! Y estoy confeccionando una enciclopedia ilustrada de los que dicen que sí pero no: Ábalos, Cerdán, Leire, Aldama, hermanos y demás familia. Y llego a la conclusión de que esto no aguanta más. Como tantos sabios opinan. Pero inmediatamente me digo que por qué va a ser así. Los sueños son sueños hasta que uno despierta. O no. Que se lo digan al señor Kitchen. Lo que pasa es que lo mismo despertamos y luego es peor. Susto o muerte: tricornio o boina roja. Dice Innerarity -que hasta que llegue el Papa me sirve de bíblico faro-: "Deberíamos 'desmoralizar' la política no en el sentido de que en ella todo estuviera permitido, sino de modo que la crítica a las ideas políticas diferentes no implique su descalificación moral. El principal deber político consiste en resistir la facilidad con que confundimos nuestras preferencias ideológicas con una superioridad moral e interpretamos la discrepancia en términos de mala voluntad".

Como soy mayor y he sido dado a hacer cosas variopintas, reconozco que mi reflexión sobre la plausible superioridad, o no, de la izquierda, me la suscitó una conversación sobre el tema con Jordi Pujol en una cena y, luego, la lectura del primer Tomo de sus Memorias. Casi convencido andaba. Así que me estremecí cuando lo procesaron a los pocos días, junto a su familia, que eso sí es una familia y no los pocos aficionados que se prestan a que cualquier juez les clave el diente por un quítame allá una cátedra. Ahora ya no sé si yo, persona de izquierdas, soy moralmente superior o no. Agradecería sugerencias. Lo que sí que sé es que me abruma esta bruma de alucinación. Ni yo ya soy yo ni mi casa es ya mi casa. ¿Ve? Me he confundido de romance: buscaba el de la Guardia Civil española, el de las calaveras de plomo. No por nada, sino por mostrar mi congoja, que es mi principal divisa. El inmortal Krahe hubiera dicho que parece que estoy en la taberna de Platón. Yo creo que habito en una duda melódica.

Solo me siento moralmente superior que quienes tienen certezas absolutas. Lo que no es decir demasiado: pero tras 26 años de artículos se me puede perdonar este resbalón. Como es sabido, me gusta, por encima de todo, la Semana Santa. Pero esta semana desmayada de mayo supera toda pasión y sacrificio. ¿Viene luego la Resurrección? ¡Perro mundo, vete tú a saber! Y es que la cosa va llenita de centuriones y judas. En fin: me veo en el deber de preguntarle: ¿es usted un robot? Mire una foto y diga cuántos guardias civiles, guardias suizos, jueces, fiscales y secretarios de organización del PSOE ve. Si son menos de 100.000 es usted un robot. Dios le bendiga.

Lo dicho: es la realidad lo que nos falta. Por ahora solo sé que en las noches de luna llena Bambi se transforma en otra cosa, no sabemos en qué, pero en otra; él solo o con más, no sabemos con quiénes ni con cuántos. Y todo lo demás es trampa de los sentidos. ¡Vivan Descartes, Kant y Maquiavelo!

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents