Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión | El indignado burgués

Buscando atajos

Archivo - El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero durante su comparecencia en el Senado el 2 de marzo.

Archivo - El expresidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero durante su comparecencia en el Senado el 2 de marzo. / Eduardo Parra - Europa Press - Archivo

Desde que el primer homínido inventó el poder institucional, sustituyendo al aquí mando yo, garrotazo y tentetieso, tratar de decidir por persona interpuesta es norma y dogma. Desde una comunidad de vecinos al Senado de Estados Unidos hay montones de personas y grupos que presionan para arrimar el ascua a su sardina. Lo cual no es malo si se trata de dar a conocer las ideas o la postura de una parte, y radicalmente perseguible si lo que se buscan son los atajos. Como no me gusta el nombre inglés utilizaré el español: cabilderos.

El lío está en dónde se pone la línea roja y el peligro está en quién la pone. No tengo la menor duda de que un ex, llámese Obama, Felipe o Aznar, aprovecha sus agendas para cuadrar una pensión milmillonaria. Obviamente, no se les contrata ni se les mete en consejos de administración por lo guapos que son, sino por lo que son capaces de aportar económicamente en forma de contratos, contactos o en suavizar relaciones con el poder. ¿Es eso utilización de su influencia? Obviamente, aunque no esté tipificado como tráfico en el Código Penal. ¿Es delito? Pues depende de quién te juzgue o a qué siglas pertenezcas.

Es evidente que en situaciones tan difíciles de apreciar delito, todo depende de hasta dónde se quiera investigar y a quién. Ponte en el caso de Trump al que el Financial Times acaba de nombrar como "el presidente más corrupto de todos los tiempos", por (cito textualmente o casi) "utilizar todos los resortes de la Administración para enriquecerse, él y su familia, y perseguir a sus adversarios políticos y de negocios". Ante esto, el tráfico habitual de influencias, incluso la más dura prevaricación, es un chiste, pero, claro, Trump se chotea de todos los habitantes del planeta. Sin complejos.

No tengo ni idea de si Zapatero será el padrino de la mafia que dibuja el informe de la UDEF. No me cuadra con el personaje, pero cosas más raras se han visto y no sería la primera vez que el dinero y la presunta impunidad vuelven locos a templados caballeros (o señoras). De lo que no puede caber ninguna duda es que ZP es una pieza de caza mayor acosada por rehalas de perros desde que le ganó las elecciones a Aznar por las mentiras del 11-M (y ya sé que el candidato no era Aznar, pero como si lo fuera). El jabalí perseguido por los podencos es posible que sea abatido por un juez en cuanto le encañone con un auto, que eso sí da miedo y no las escopetas del 12 cargadas con postas jabalineras.

Independientemente de que Zapatero vaya "p'alante" para regocijo de los que le tienen ganas y los que quieren cobrarse la pieza del "perro Sanxe" con el mismo disparo judicial, no estaría mal no dejar a merced del criterio de un juez o de un policía lo que es o no utilizar tu agenda para conseguir un contrato e ingresar unos duros. Si por mí fuera lo prohibiría radicalmente, pero todo y a todos. Fuera las puertas giratorias, veto total a los consejos de administración con exministros o expresidentes, análisis exhaustivo de los ingresos de algunos expresidentes forrados desde que dejaron el cargo. El cuplé les viene al pelo: "¿Dónde se mete la chica del 17? ¿De dónde saca, pa’tanto como destaca?". A mí no me salen las cuentas, pero ese nivel de vida no se consigue con cuatro consejitos y un librico.

No digo yo que condenemos a la miseria a los expolíticos, pero me parecería bien que, como Rajoy, vuelvan a su empleo anterior o se queden en casa mirando las musarañas y cobrando el modesto sueldo de expresidente, que no es tan modesto. Lo que no me parece bien es que cojan el teléfono para impulsar sus negocios o los de sus amigos, o calienten sillón en esos consejos de administración tan bien remunerados. No es de recibo que para unos pidan la guillotina y otros se fumen un puro a nuestra salud, por conductas tan semejantes que hay que hilar muy fino para encontrar las diferencias.

En esta democracia crepuscular a la que, gracias a Franco, llegamos tan tarde, hay montones de agujeros en el sistema colonizados por ratas y cucarachas. Es imposible tapar todas las grietas, ello supondría creer que el hombre es bueno por naturaleza, algo en lo que no coincido ni de coña con Juan Jacobo. Convendría entonces regular estrictamente las relaciones de la administración con los administrados, se apelliden como se apelliden y hayan ocupado el cargo que sea. ¿Queremos eso? ¿De verdad estamos seguros de que es necesario eliminar los enchufes, los atajos para conseguir una licencia o una cita en un hospital? Si nunca ha empleado, o ha pensado emplear o ha utilizado más educadamente la fórmula de "usted no sabe con quién está hablando", tiene atributos morales para pedir que se acabe con el tráfico de influencias. Enhorabuena.

Porque al final todo es lo mismo: prevalecerse de una posición para ser más que el vecino. ¿Que no debería ser? Vale. ¿Que la meritocracia tendría que ser el instrumento de medida? También. Pero quien esté libre de pecado que tire la primera piedra y, como decía la chica del 17 a las vecinas criticonas: "La que quiera peces, que se acuerde del refrán".

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents