Opinión | Espejo

Laura Soler Azorín es diputada autonómica por Alicante del PSPV-PSOE
Lo que no tiene nombre

Archivo - Abelardo de la Espriella, candidato a la presidencia de Colombia. / Camilo Moreno/LongVisual via ZUM / DPA - Archivo
Este reposo obligatorio me ha llevado a reinventarme en muchos aspectos para que mi cabeza siga activa y sienta que la vida continúa más allá de los alrededores de mi casa. Gracias a la ventana de Internet, que te abre al mundo aunque apenas puedas moverte, una puede hacer prácticamente de todo.
En este caso, pude apuntarme a un club de lectura online que me fascina y al que, por mis circunstancias, ahora me resultaría complicado acudir de forma presencial. Está guiado por Laura Chimaras, actriz y, en la actualidad, cantante o poeta con música, como a ella le gusta denominarse. Si no la conocéis, os la recomiendo encarecidamente, porque la suavidad, dulzura y compromiso de su poesía tienen una sensibilidad que estos días parece imposible. Pero existe.
A raíz de conocerla a través de diferentes podcast, descubrí que tenía un club de lectura mensual a un precio muy reducido, así que decidí apuntarme. A pesar de que, como siempre, soy la única española rodeada de latinos —gajes del oficio—, me ha servido para conocer nuevos autores latinoamericanos y ampliar mi espectro de lectura.
Esta semana tuvimos el honor de contar con una escritora colombiana excelente: Piedad Bonnett, a quien no tenía el honor de conocer. Tiene un libro titulado "Lo que no tiene nombre", dedicado plenamente, paso a paso, con una sensibilidad exquisita en el vocabulario y un sentimiento profundo que te introduce en la historia de una manera espectacular. En él cuenta el suicidio de su hijo, del que ahora se cumple el aniversario y sobre el que se ha publicado una edición especial.
En el libro termina diciendo que respeta la decisión de su hijo, si no era feliz; que hizo todo lo que pudo. Todo sucedió por problemas de salud mental, al parecer producidos por un medicamento mal administrado. Pero, más allá de eso, es impactante escuchar a una madre narrar con tanto detalle y tanta fortaleza el recuerdo de su hijo hasta el último momento, y lo que hoy todavía sigue en ella. Incluso cómo, hoy en día, puede llegar a entenderlo porque era su decisión.
Por eso el título habla por sí solo: Lo que no tiene nombre. Su forma de escritura me ha impresionado. No puede haber palabras más concretas, concisas, reveladoras y, al mismo tiempo, sobrecogedoras, con un vocabulario que llega a lo más profundo.
Sin embargo, si hablamos de lo que no tiene nombre, también debemos referirnos a las elecciones sucedidas en ese país Colombia este fin de semana, que llevan a una segunda vuelta en la que parecemos abocados de nuevo a la extrema derecha también allá. Parece que la tendencia es imparable, pero al mismo tiempo yo me pregunto: ¿dónde está esa gente vulnerable, esa gente sin nombre, como las personas con discapacidad a las que pertenezco, votando a quienes les machacan?
Algo está fallando en el sistema y eso tampoco tiene nombre.
Es intolerable, como dijo la delegada del Gobierno, el golpetazo —siendo suave— que le pegó un policía a una profesora manifestante de la huelga por la enseñanza pública, en la que ya llevamos un mes, mientras la consellera no solo no dimite, sino que ni siquiera recibe a quienes reclaman. Pensábamos que eran nuestros representantes y lo que demuestran ser es pedantes que se olvidan del motivo por el que están ahí: representar al pueblo más allá de sus intereses, los privados y los de la gente pudiente.
Para rematar, acompañé a una de mis cuidadoras a votar en las elecciones colombianas en la Universidad de Alicante y vi un despliegue espectacular de colombianos ilusionados con su derecho a votar, pero también una falta de organización y de cuidado hacia las personas que llevaban horas al sol esperando para poder hacerlo. Incluso hubo personas que, después de horas, se quedaron sin poder votar porque terminó el horario.
No se pensó en las personas. Se pensó únicamente en la burocracia.
Volvemos a lo mismo: lo que no tiene nombre. En la segunda vuelta, las soluciones en Colombia; en el día a día, las soluciones aquí.
Gracias, Piedad y Laura, por ese descubrimiento literario que me ha inspirado este artículo.
Gracias, Marea Verde, por defender con tanta fuerza lo público, que es de todos. Gracias a los médicos, a los profesores y profesoras, y a todas aquellas personas que siguen poniendo a las personas en el centro.
Porque, al fin y al cabo, lo que no tiene nombre también se defiende.
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