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Opinión | Huelga educativa

¿El que pueda hacer que haga?

El suceso del domingo, la agresión del policía, no se justifica por la conducta de la víctima, ni de sus compañeros ni del conjunto de los huelguistas

Así fue la agresión de un policía a una profesora en Valencia

Sara Fernández

En varios medios de comunicación aparecen esta mañana unas imágenes preocupantes: durante una protesta pacifica de los profesores en huelga en las inmediaciones de la Conselleria de Educación, en Valencia, un policía nacional corre hacia una mujer desde detrás de ella y la empuja violentamente, derribándola y causándole lesiones que, según la prensa, han necesitado varios puntos de sutura, por afectar la caída a la cara de la manifestante, una profesora jubilada. En la dirección de la carrera del policía no se aprecia que hubiera incidente alguno, y, ciertamente, no lo había, puesto que el mismo policía detuvo su carrera a escasos metros de su víctima sin, esto sí, prestarle asistencia alguna. Aunque no faltaran quienes sostengan que se trata de un choque accidental, las imágenes evidencian que es una agresión violenta intencionada.

Los profesores de la Comunidad Valenciana han llevado a cabo una huelga que ha durado más de tres semanas, con movilizaciones masivas, tanto que no se recuerdan manifestaciones sectoriales de magnitud semejante. Y no ha habido incidentes de carácter violento, a pesar de que en algunas convocatorias los participantes fueron varias decenas de miles, de los motivos para su indignación, del calor o del cansancio. Los profesores han dado ejemplo de ejercicio cívico y pacifico de sus derechos y de solidaridad interna en sus reivindicaciones, ejemplo que muestra su coherencia con la deontología del maestro y que toda la sociedad debería reconocerles.

El suceso del domingo, la agresión del policía, no se justifica por la conducta de la víctima, ni de sus compañeros ni del conjunto de los huelguistas. Pero es que ni siquiera se explica. ¿Por qué ocurrió entonces?

No se puede descartar una conducta estrictamente individual de un policía indigno que pretendiera aprovechar su uniforme, su poderío físico y sus armas para agredir a una maestra jubilada. No diré más. En tal caso sería inadmisible el pacto de silencio, el encubrimiento por parte de los agentes encargados de velar por el cumplimento de la ley y el orden. Nada de falsos compañerismos. Conservación de todas las grabaciones, incluidas las de las cámaras subjetivas de los agentes.

Pero también es posible que la acción responda a un propósito menos individual. En particular podría suponer un desplazamiento del conflicto y una variación de sus partes. Así, la exigencia de responsabilidad que seguramente expresarán los profesores puede ir seguida de una atribución del origen de la violencia al colectivo que se manifestaba, bien por la Policía, sus sindicatos o algunos de sus miembros, etc. Y así se establecería el conflicto entre los cuerpos y fuerzas de seguridad (dependientes del Gobierno de la Nación) y los manifestantes, máxime si otros actores, como los representantes de ciertos sindicatos, aportan un contexto violento expresando que se sienten amenazados, sin atribuir la amenaza a nadie y sin, ni siquiera, describir en qué puede consistir dicha supuesta amenaza.

Si la descrita orientación política estuviera detrás de la agresión, no se engañen. Sus actores no estarían cumpliendo la exhortación de que “el que pueda hacer que haga”, pues el propio Aznar ha dicho expresamente, aunque quizás sin suficiente claridad, que el hacer es el cumplimiento de deberes cívicos, y no la agresión violenta ni la aportación de un contexto para su justificación. No se engañen: nunca se les reconocerá mérito alguno. Al contrario, como está sucediendo en el juicio de la Kitchen, como sucedió con la Dana, se tratará de responsabilizar a los funcionarios, a los curritos, sobre los que gravitará el deshonor de no haber cumplido su deber. Y aunque ahora reciban alguna palmada en la espalda, dentro de unos años se avergonzarán de haber ejercido, aprobado, justificado o ayudado a la violencia.

En cuanto a los profesores, sigan así. Dando ejemplo de civismo a sus alumnos y a toda la sociedad. A pesar de su indignación y de la justicia de sus reivindicaciones. Si son vencidos, lo habrán sido después de a haber luchado con dignidad y con buenas artes. Los vencedores se congratularán, probablemente, de haber ganado, en un remedo grotesco: Goliat con la cabeza de David. Y en esas circunstancia deberán dirigir a decenas de miles de profesores indignados y frustrados. Pero ustedes sigan así, dando ejemplo de dignidad, de civismo y de solidaridad, que es lo que sus alumnos y todos necesitamos.

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