Opinión | ALMORADÍ

Exsecretario de Organización del PSOE de Almoradí
La cuestión de Almoradí: Reflexión local frente a cortijo orgánico
"...el verdadero problema para esa opción política lo representan quienes han confundido la organización con su cortijo y han hecho del PSOE, en este caso, una manera indigna de ganar su sustento vital"

Pleno del Ayuntamiento de Almoradí del mes de mayo / INFORMACIÓN
La imposición de una Comisión Gestora en la agrupación del PSOE de Almoradí no es, como pretenden hacer creer a militantes y ciudadanos, ni una simple decisión administrativa ni un mero ajuste interno de funcionamiento. Este mandato expresa, de la forma más cruda posible, una manera de entender la política basada en el control vertical y en la obediencia ‘debida’. La convicción que lo anima entiende que las funciones de las agrupaciones locales son acatar decisiones exógenas y asentir a las proclamas del líder, en lugar de reflexionar sobre cómo actuar en la sociedad y trabajar para construir un proyecto propio. Conviene, por tanto, aclarar el sentido de esta imposición: cuando las estructuras comarcales, provinciales y autonómicas intervienen, como han hecho en Almoradí, una dirección local, elegida democráticamente, no están ‘ordenando’ ni ‘normalizando’ ninguna situación, están lanzando una advertencia ejemplarizante. El viejo adagio del más casposo, pero siempre renovado, aparato: la autonomía política local tiene los límites que el poder orgánico superior establece. El aparato tolera la democracia interna cuando produce dirigentes dóciles y aplaude la participación siempre que legitime decisiones cocinadas en algún despacho ‘oficial’; pero se siente profundamente incómodo frente a una agrupación local que ejerce, aunque sea tímidamente, el derecho de definir su rumbo político. Esto último parece hacer sido el error imperdonable del PSOE de Almoradí: haber escogido una dirección que pensaba por sí misma.
La osadía y el atrevimiento de una agrupación local que pretendía diseñar y defender un modelo de ciudad desde el conocimiento real de los problemas de su municipio deben haber resultado insoportables para ‘algunos’. Debe haber resultado también inasumible, para esos ‘mismos’, que quienes pisan día a día las calles de Almoradí hayan creído tener algo que decir sobre, precisamente, los problemas de Almoradí, sin haber esperado antes, dócilmente, las instrucciones ‘pertinentes’ de los escalones comarcales, provinciales o autonómicos. El municipalismo, para ciertos sectores del aparato socialista, solo es admirable si se limita a movilizar militantes para colgar carteles y aplaudir consignas. Cuando una agrupación local, como la de Almoradí, reivindica autonomía política, criterio propio y defiende un proyecto reconocible para su ciudad, esos mismos sectores del aparato hacen saltar las alarmas y activan las malas artes del centralismo orgánico. Por desgracia, en esto último son particularmente hábiles. Surgen, entonces, preguntas como las siguientes: ¿para qué sirven las agrupaciones locales?; ¿son simples delegaciones administrativas que ejecutan órdenes ajenas?; ¿son decorados que representan, mediante siglas, decisiones tomadas en otros ‘lugares’?; ¿no deberían las agrupaciones construir, desde la cercanía y el compromiso, un proyecto político útil para sus vecinos?
La agrupación del PSOE de Almoradí no necesita comisarios políticos que la tutelen ni supervisores del aparato que la dirijan a partir del ‘conocimiento’ que les facilitan sus ‘hombres de partido’, incapaces de distinguir compromiso de disciplinamiento, libertad de sumisión, militancia de vasallaje. La agrupación almoradidense precisa respeto, en primer lugar, para su militancia, que habló en las urnas, y, seguidamente, para su dirección, legítimamente elegida (y obstaculizada en su labor durante dos años; en estos momentos se comprende que las estructuras comarcales, provinciales y autonómicas no hayan respondido a ninguna de las peticiones que la dirección local les ha hecho llegar en todo este tiempo; son esas estructuras las que han planificado este caos). El PSOE del Almoradí debe ejercer su derecho a defender un modelo de ciudad propio, nacido del debate local y orientado al interés de su municipio.
La agrupación no debería entenderse como una franquicia al servicio de una estructura de sueldos orgánicos e institucionales; pertenece políticamente a su militancia y moralmente a la ciudadanía a la que aspira a servir. El aparato orgánico que interviene la agrupación cree exhibir, con esta medida, fuerza política; pero está equivocado. Ha demostrado públicamente miedo, auténtico pavor, a las agrupaciones que, como la de Almoradí, tienen capacidad de plantear un proyecto. Ahora bien, cuando un partido teme a sus bases, el problema no son estas últimas; el verdadero problema para esa opción política lo representan quienes han confundido la organización con su cortijo y han hecho del PSOE, en este caso, una manera indigna de ganar su sustento vital.
Javier Giménez ha sido secretario de Organización del PSOE de Almoradí entre 2025 y 2026
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