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Opinión | Tribuna

Ricardo Scott

Ricardo Scott

Profesor de la Universidad de Alicante

Mirando con las manos en los bolsillos el derrumbe de lo que construyeron nuestros abuelos y bisabuelos

La protesta de los docentes en huelga por la educación pública corta la avenida Alfonso el Sabio en Alicante

Rafa Arjones

No sé si la perspectiva de ciertos años ya vividos es de agradecer cuando se suceden acontecimientos tan tristes como los de estos años. El consuelo de que el planeta parece estar cruzando un túnel negro en su órbita se empeña en nublar la visión de lo cercano. Y no debería, porque es lo cercano, lo único que nos amarra al suelo, a la tierra.

En la Comunidad Valenciana, como en tantas otras tierras, ocurren desde hace unos años fenómenos inexplicables: mentiras y amaños tras una catástrofe sin precedentes; cesión de la gestión de la vivienda protegida a manos privadas que acaba en escándalo en medio de la asfixia por un techo; enchufismo flagrante y sin complejos al poco de tomar el poder tras la expulsión del poderoso anterior por el clamor popular; y, ahora, un colapso absurdo de la educación de todos, de todas.

Alineados, estos son episodios que trazan, rasgan, una punta de flecha hacia abajo en mucho de lo importante. Lo importante. Ya nadie piensa en lo importante porque lo básico está fallando. Eso que creíamos asentado y que no todos los de mediana edad parecemos recordar. Yo recuerdo, por ejemplo, cuando la universidad era un centro de intelectualidad y valentía, que respondía a menudo a las injusticias de forma unida, representando uno de los poderes de la sociedad. Eran otros tiempos. No recuerdo una universidad tan pusilánime como esta que tenemos en la Comunidad Valenciana en este momento ante la situación educativa. Es natural tenerle miedo a cierto poder desde la universidad, viendo lo que pasa en algunos lugares con la financiación universitaria, pero ver que nuestros colegas docentes de Infantil, Primaria, Secundaria, Bachillerato y Formación Profesional (todos menos nosotros, los universitarios) están desangrando su economía personal por defender la educación, sin unirnos a ellos siquiera con un manifiesto común (a día 30 de mayo de 2026), es doloroso. Lo es por muchos motivos, pero sobre todo porque las reivindicaciones de aquellos coinciden, como un espejo, con las que deberían ser las nuestras. Enumero. Las ratios universitarias hacen imposible una atención personalizada al alumnado, más aún tras la irrupción de la IA; los salarios de varios niveles académicos son bajos y se ha perdido un importante poder adquisitivo desde hace años; la inclusión del alumnado con necesidades educativas especiales no pasa de ser un mero papel en muchos casos; la burocracia para innumerables trámites docentes o de investigación es interminable, duplicada e ineficaz; y la estabilidad laboral en la carrera universitaria es altamente frágil. Todo ello es prácticamente idéntico a las reivindicaciones de nuestros colegas, salvo que nosotros sí tenemos aire acondicionado en las aulas y nuestros edificios y mobiliarios están menos cercanos a la carcoma. Pero a cambio, la universidad pública compite con una modalidad online que crece sin control y sin apenas regulación; los universitarios tenemos un doble frente esencial en nuestra carrera: la investigación, altamente infravalorada y esencial en el avance de un país, como bien sabemos; y, por supuesto, el trabajo a todas horas en casa, fines de semana y vacaciones escribiendo proyectos, analizando datos, corrigiendo exámenes o rellenando burocracia, ni se ha planteado considerarlo como horas extra (de hecho, suena a broma en el mundillo, y me incluyo).

Pese a la evidencia rotunda y constante del derrumbe educativo, los mensajes se rompen siquiera al terminar de salir de las gargantas. Destruir es fácil y rápido; construir es difícil y lento. Al ser humano se le da fatal entender, captar, lo que transcurre lentamente (el deterioro de la salud, de la naturaleza, de la democracia).

Sin acudir a planes oscuros detrás de lo que ocurre, que seguramente no existen, es inexplicable que tengamos tanto miedo. Porque es el miedo lo que paraliza a una sociedad. El miedo anestesia, hace que nos refugiemos en un entretenimiento infinito, en quejas de pasillo o en escritos de este estilo. Quizá no parece miedo, pero lo es, disfrazado de pereza y, a veces con suerte, de sentido del humor (bendito sea). Al final, "no pasa nada", "es normal", "en fin, ya hemos arreglado el mundo...". Pero todo fluye hacia un dejar hacer por no sufrir consecuencias.

Manifestarse, gritar, crear vídeos que expliquen, memes que resuman, hacer huelga durante semanas son acciones que cuentan, que influyen. Pero no parece suficiente de momento. No hay dinero, dicen, pero rechazan varios miles de millones del Gobierno central. Sin duda, gobernar debe de ser extremadamente difícil para cualquier ser humano. Sin duda, los gobernados no conocemos mil detalles que importan a unos y a otros, pero a unos y a otros nos interesan los mismos pilares. A quien prefiera la sanidad privada le interesa la salud de todos; a quien prefiera la enseñanza privada, le interesa la educación de todos. Es muy absurdo el pensamiento egoísta: "¿Mi familia bien?, yo bien". Ese pensamiento es el camino, lento, del caos, de ir sin darnos cuenta, ricos y pobres, a peor, en lugar de a mejor. Hay muchos retos esenciales por delante, retos cuya desatención puede, de verdad, acabar con mucho, quizá con todo y para todos, para los hijos e hijas de todos.

La solución no es fácil, pero siempre hay que controlar bien lo emocional para solucionar los problemas. Ojo, controlar, no perder. Siempre hay solución. Una podría ser aceptar ese dinero del Gobierno central para la educación y la sanidad (como mínimo) y mostrar todo el desacuerdo que se quiera con su política si no les gusta. ¿Por qué no volver esto a su favor?

La alternativa a no solucionar este problema es enfrentarse a un panorama electoral muy desfavorable tras la secuencia "dana-VPO-enchufes-huelgas". Queda solo un año hasta las elecciones. ¿No presienten un fracaso electoral con esta hilera de problemas? ¿Piensan que extenuar al profesorado va a detener la crítica continua incluso si así detienen la huelga? ¿No se dan cuenta de que están provocando a un sector de la sociedad altamente motivado y formado en múltiples disciplinas?

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