Opinión | Tribuna
Sylvia Plath y la violencia policial

La escritora y poeta Sylvia Plath con sus hijos. / EPC
Llevaba meses a vueltas con la poesía de Sylvia Plath, aquella poeta estadounidense que conmocionó al mundo intelectual de los sesenta metiendo la cabeza en el horno para poner fin a su vida. Desgranando sus versos, intentando hallar el genio y talento que la sitúan en la cima de la poesía escrita en el siglo XX. Quería imaginar su sorpresa, volver a ver por vez primera ese mar tan cálido y azul de Benidorm, donde la poeta pasó su luna de miel en el año cincuenta y seis. Quería tensar el arco de mi imaginación y lanzar la flecha a través del tiempo y el espacio, y visualizarla, años más tarde, en Londres escribiendo "La Campana de Cristal".
Pero algo sólido se interpone entre Sylvia Plath y yo en las últimas semanas. Una ruptura de la rutina en forma de marea verde. Una situación de indignación en mi día a día que me impide relajarme en la poesía. Soy docente. Pertenezco a un colectivo por definición sensato, prudente, reflexivo. Funcionarias de carrera, amamos la estabilidad y el vínculo. Trabajamos codo a codo con nuestro alumnado, y los acompañamos durante muchos años con paciencia y cariño. Y sé que cuando miles de docentes salen en masa a las calles es que algo no va bien.
Nuestras exigencias: centros seguros, dignos y con oportunidades para todos y cada uno de nuestros niños y niñas. Como buenos docentes, cívicos y responsables, todas nuestras actuaciones han sido creativas y pacíficas. Por eso, anoche, con las Cartas a mi madre apartadas durante un momento ante la insistencia de mi móvil, no di crédito ante los vídeos que se fueron compartiendo entre mis compañeras.
Ante los profesores reunidos en Valencia pendientes de las últimas negociaciones, la policía mostraba una violencia completamente desproporcionada. Nos impactó especialmente el vídeo, grabado desde diferentes ángulos, en el que un policía arremete contra una docente que camina dándole la espalda y la hace estrellarse de bruces contra el suelo. ¿Cómo voy a pensar en Sylvia Plath si cierro los ojos y veo a esa pobre mujer precipitándose hacia el asfalto? Y lo que más me conmueve es la tranquilidad y confianza con la que esa maestra caminaba, porque es la tranquilidad de quien sabe que está haciendo lo correcto y confía en ello. Pero hacer lo correcto no es garantía de todo vaya a ir bien.
La conselleria sigue sin atender nuestras peticiones y muestra hacia nuestro colectivo una actitud soberbia y beligerante. El ambiente en los colegios e institutos es un caos de incertidumbre, el fin de curso se abalanza sobre familias, docentes y alumnado como aquellas olas del cincuenta y seis que tanto hicieron disfrutar a Plath. Mis compañeras resisten con la fuerza de quien sabe que está defendiendo lo que es de todos y para todos. Y yo quiero evitar que esta situación me acabe desbordando. Quiero pensar en el azul de Sylvia Plath en Benidorm, pero no puedo, la marea verde me arrastra, y la violencia policial anega mis reflexiones. Hoy la realidad vence a la literatura.
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