Opinión | El mundo por de dentro
Desarmar la Inteligencia Artificial

Archivo - Papa Leon XIV. / Vatican Media/IPA via ZUMA Press / DPA - Archivo
Sin duda el acto de más valor político en lo que llevamos de año ha sido la publicación de la encíclica Magnífica Humanitas de León XIV. El papa latino y norteamericano desafía a los hombres más poderosos del mundo y presenta en un centenar de páginas unos objetivos a conseguir por la humanidad. Magnífica Humanitas se centra en exponer las amenazas que la Inteligencia Artificial (IA) no regulada supone para el bienestar humano en el presente, incluyendo la pérdida y degradación del trabajo, las armas autónomas y los riesgos documentados para la salud mental.
La carta a lo largo de sus 110 páginas parte en los dos primeros capítulos de la doctrina social de la iglesia iniciada por su antecesor León XIII ante los asuntos nuevos -Rerum Novarum- de su época. En el tercero: "Técnica y dominio. La grandeza de la persona humana ante las promesas de la Inteligencia artificial", parte de dos imágenes bíblicas la de la torre de Babel, de una parte, guiada por un proyecto de dominio que termina por deshumanizar; y, por otro lado, la ruina de las murallas de Jerusalén que con Nehemías se reconstruyen pieza por pieza como una labor de responsabilidad compartida de todo el pueblo.
La IA, "res novae" de nuestro tiempo, "la técnica no debe considerarse, en sí misma como una fuerza antagónica respecto a la persona; por el contrario, está arraigada en nuestra historia desde el principio, en cuanto es un hecho profundamente humano, vinculado a la autonomía y libertad del hombre. A lo largo de los siglos, el desarrollo tecnológico ha contribuido a una mejora significativa de las condiciones de vida de la humanidad". "Nunca la humanidad tuvo tanto poder sobre sí misma", dejó escrito Francisco. Esto hace que sea más complejo evaluar el impacto y efectos a largo plazo de las nuevas tecnologías sobre la dignidad de las personas y el bien común.
"Ahora nos corresponde asumir con lucidez y responsabilidad los retos de nuestro tiempo. Es necesario adoptar instrumentos normativos adecuados, capaces de salvaguardar la justicia y de contener los efectos distorsionadores del poder tecnológico. Pero la cuestión no se limita a la regulación. Como advertía el Papa Francisco, debemos preguntarnos con realismo quién detenta hoy ese poder y hacia qué fines lo orienta". En el pasado, eran principalmente los estados los que impulsaban y orientaban la innovación. Hoy, en cambio, los principales motores del desarrollo son actores privados, a menudo transnacionales, dotados de recursos y capacidad de acción superiores a los de muchos gobiernos. El poder tecnológico adquiere así un rostro inédito, predominantemente "privado", y por ello aún más difícil de discernir, gobernar y orientar hacia el bien común.
"Cuando un poder de tal magnitud se concentra en pocas manos, tiende a hacerse opaco y a eludir el control público, y crece el riesgo de un desarrollo distorsionado que provoca nuevas dependencias, exclusiones, manipulaciones y desigualdades".
Hay que evitar el equívoco de equiparar esta "inteligencia" a la humana. Las denominadas inteligencias artificiales no viven una experiencia, no poseen un cuerpo, no pasan por la alegría y el dolor, no maduran en las relaciones ni conocen desde dentro lo que significan el amor, el trabajo, la amistad y la responsabilidad. Tampoco tienen una conciencia moral: no juzgan el bien y el mal, no captan el sentido último de las situaciones ni asumen el peso de las consecuencias. Pueden imitar lenguajes, comportamientos, valoraciones; pueden simular empatía o comprensión, pero no conocen lo que producen, porque no residen en el horizonte afectivo, relacional y espiritual en el que el ser humano se vuelve sabio.
"Hay que desarmar la inteligencia artificial". Desarmar significa desacreditar la premisa de que el poder técnico confiere automáticamente el derecho a gobernar. La capacidad de saber cuidarnos los unos a los otros es una dimensión importante de nuestro ser humano. Desarmar no significa rechazar la tecnología, sino impedir que domine a la humanidad. Significa liberarla del control monopolístico y abrirla al debate y la discusión, haciéndola así más accesible a la humanidad y reintegrándola a la pluralidad de culturas y formas de vida humanas. Nuestra tarea hoy no es solo ética o técnica. Es ecológica en el sentido más profundo, pues concierne a una nueva dimensión de nuestra casa común.
El pasado 4, Trump emitió una orden ejecutiva que, en apariencia, suaviza la larga oposición de la administración a la regulación de la IA. El vicepresidente USA, JD Vance, dijo "lo que leí suena muy profundo". "Suena profundo" es el mayor elogio que podría recibir dada la proximidad de Vance a Trump.
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