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Opinión | La font de la gota

Estimado y respetado señor Sánchez

El secretario general del PSOE y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante el acto de cierre de campaña de los socialistas andaluces.

El secretario general del PSOE y presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, durante el acto de cierre de campaña de los socialistas andaluces. / María José López - Europa Press

Estimado y respetado señor don Pedro Sánchez:

Le escribo esta carta debido a la arrebatada situación en que se encuentra la política española. Una situación que requiere de un golpe de audacia que cambie radicalmente las variables en que viene produciéndose.

Y ese golpe debe asestarlo usted.

Por varias razones. Es usted un auténtico virtuoso en golpes audaces, algo en lo que tiene una acreditada reputación. Es su partido el que concentra hoy la práctica totalidad de las invectivas que se utilizan para provocar un reventón político que devuelva el poder a la derecha, esta vez con los ultras cosidos al forro de su chaleco. Y, discúlpeme, es el único que lo puede hacer, porque usted decidió en su día asumir un modelo de liderazgo no compartido. Y hoy, malogrado ya el "paraliderazgo" de Zapatero extramuros del poder, quedan usted y su soledad. Nada más.

Y ese golpe, que debe proceder de su singular factoría de la audacia es, sin embargo, algo bien simple. Y es esa simplicidad lo que le convierte en un colosal revulsivo revolucionario para nuestro viciado ecosistema político.

¿Y de qué se trata?

Se trata de explicar. Explicar qué ha pasado. Mirar a los ojos a los ciudadanos y admitir los errores que se han cometido. No pasa nada, al contrario, los errores admitidos y enmendados fidelizan y cautivan mucho más que la ausencia de errores. Se trata de comprometer su propia encuesta interna para identificar y depurar las responsabilidades, como debe hacer cualquier organización que se precie. Se trata, incluso, de pedir perdón por lo sucedido. No puede imaginarse cómo se valoraría ese gesto. Y no lanzarse desesperadamente al recuento de las maldades del contrario. Nadie se curó jamás con el diagnóstico del de enfrente. Y todo ello, a pesar del calvario Begoña, del incomprensible caso David Sánchez -que tiene pinta de salir a hombros del juzgado- y del fascinante caso "Fiscal General". A pesar de todo ello, señor Sánchez. Así es su negocio.

Esta estúpida simpleza, créame, es lo que espera la sociedad española. La grandeza de la simplicidad. Y le aseguro que en esta tesitura la ciudadanía está dispuesta a escuchar. Es más, está en modo escucha. Solo espera que alguien le diga algo. Y que lo haga pronto. Si, finalmente, usted ha decidido explicarse a final de mes, le ruego compense esa tardanza con profundidad, sinceridad y autenticidad en el mensaje.

Y, verá, a usted le obligan poderosas razones a hacerlo.

Una. Contribuir a la depuración del sistema político español, que ya no aguanta el deterioro producido por la ansiedad de la derecha y los ultras en su carrera por asaltar el poder. Justo en el país que hasta ahora estaba conteniendo este inquietante sorpasso en toda Europa. Viene usted obligado, señor Sánchez, si alguna vez creyó que algo tuvo que ver con esta numantina "excepción ibérica".

Dos. Por los ciudadanos que confían en usted. Y que son más de los que usted cree. Inquilinos hoy de la abstención, hibernados en la decepción. Pero a la espera de que alguien les diga levántate y vota. Se sorprendería, señor Sánchez.

Tres. Por preservar la obra que ha realizado. Y que merece seguir realizándose. Una obra que abarca un amplio abanico de progresos sociales, de crecimiento económico contra corriente y de reconocimiento exterior a pesar de sus arriesgadas tomas de posición.

Cuatro. Por su propio partido. No se preocupe por una improbable moción de censura. Un ser tan poco dotado para el oficio de la política como Feijóo no conseguirá armarla. Sin embargo, hay en marcha una lenta y devastadora "moción de tortura" que, ante tanta inacción, va corroyendo y jibarizando a su partido. Y qué pasará con él cuando usted pierda el poder. Quizás lo que ha ocurrido en otros países europeos: un páramo, un partido irrelevante en un sistema político amputado. Usted se lo debe. A su partido. A la izquierda.

La batalla no está perdida. Ni ganada. Usted ha repartido las cartas de manera que ya solo usted mismo puede jugar esta partida. Ha expulsado a los demás del juego. Ya no hay comités con licencia para disentir. Ya no hay barones. Ya no hay partido como contrapeso. Usted ha dispuesto quedar solo. Usted, en el universo de depredadores, se erigió en el gran depredador.

Usted ha jugado contra sí mismo y se ha dejado una única salida: convertirse en héroe. Echarse la batalla a la espalda y ganarla. Todo lo demás, será una derrota innumerable.

Pero, sabe qué, usted lo puede hacer. Créame. La derecha lo sabe. Incluso, le teme. Por eso ha concentrado tantas iras contra usted. Por eso Aznar, contra la España de mequetrefes y mentecatos, dio la orden. "Quien pueda hacer, que haga".

Pero resulta que es usted quien puede hacer. Y mucho. Y sin trampas. Explique. Diga. Hable a quienes esperan escucharle. Haga.

No es tan mala la orden de Aznar. La orden realmente inquietante sería aquella de los ultras, si vuelven envalentonados a hombros de la derecha: ¡"Quieto todo el mundo"!!!

Con el ánimo de haberle molestado solamente lo justo, se despide atenta y respetuosamente.

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