Opinión | Tribuna
Mona y república en Elche

El folleto de mano de «Un día en Elche». / COLECCIÓN DE PERE IBARRA QUE ESTÁ EN EL ARCHIVO MUNICIPAL
Acabado ahora el rito pascual con Pentecostés, la llamada segunda pascua, cincuenta días después de la primera, que se alargó desde el Domingo de Resurrección hasta 8 días después con el segundo lunes de mona, la Pascua Florida, caigo en la cuenta que ese último día de mona fue la víspera de la celebración de la conmemoración de los 95 años de la instauración de la Segunda República en España. Un aniversario tan redondo nos recuerda que en Elche la fecha tiene una significación particular por cuanto sabemos de la existencia de imágenes en movimiento de aquel día festivo del 14 de abril de 1931 en la ciudad que no se pueden consultar ni disfrutar.
Las imágenes cinematográficas fueron tomadas por Antonio Segarra Rodríguez, joyero grabador de profesión, que nació en Elche prácticamente con el invento de los hermanos Lumière, en 1905, cuando empezaba a convertirse en un hábito con las barracas y pabellones que visitaban la ciudad. Nos sabemos si sería asiduo de la pantalla del decadente teatro Llorente, pero parece seguro que sería un espectador habitual en la cartelera del moderno Kursaal, inaugurado en marzo de 1920, en plena adolescencia, donde cultivó la cinefilia que germinaría en un interés inaudito entonces en la ciudad por la filmación.
La devoción de aquel joven se estrecharía a través de la adquisición de una cámara Pathe Baby de 9,5 mm en la Casa Alexandre de Barcelona, importada desde Francia a partir de 1924, y que se popularizó en 1929 con los fastos de las Exposiciones Universal e Iberoamericana. El aficionado ilicitano ya la poseería en 1928 cuando filmó «Elche y sus palmeras», de solo 8 minutos, con especial atención a las labores tradicionales para la consecución de la palma blanca y el trenzado realizado por mujeres para el Domingo de Ramos.
Tanto esta película como «La República», de 10 minutos de duración, están catalogadas por el Archivo Histórico Municipal cuando fue depositario de una incipiente filmoteca ilicitana que no tenía ni los medios para su correcta función ni la capacidad de gestión, aunque sí un fondo muy atractivo a pesar de su controvertida cesión. A la espera de un acuerdo entre la Generalitat Valenciana y el Ajuntament d’Elx para su conservación idónea y posible recuperación en el centro del archivo fílmico de la Filmoteca Valenciana en Paterna, afortunadamente se consiguió trasladar al depósito de Carrús hace dos años, con infraestructuras más modernas.
La vinculación de aquel joven con la principal pantalla de la ciudad se plasmaría en las nupcias con Encarnación, hermana del hijo de uno de los propietarios del Kursaal, Antonio Brotóns Oliver. La muerte prematura de Antonio Segarra Rodríguez por tuberculosis en 1938 durante su encarcelamiento en el Reformatorio de Adultos de Alicante por adscripción política truncó las pretensiones de un cineasta dotado de una mirada propia, como atestiguan los escasos privilegiados que han visto su trabajo sobre la República, una ciudad con calles engalanadas por donde paseaban las familias ilicitanas para recibir la nueva forma de gobierno del país, mientras actuaba el Orfeón Ilicitano desde el templete de la Glorieta.
Contrasta el penoso final de su vida con el tratamiento entusiasta con el que salió el camarógrafo a la calle ese día lleno de esperanza, ampliado su interés social a la excarcelación del médico Julio María López Orozco, de los socialistas Manuel Rodríguez Martínez y Juan Hernández Rizo, y del alférez Campos, héroe de Jaca, así como a las masivas manifestaciones del Primero de Mayo, que ahora acabamos de celebrar, y que verían confirmada la magnitud de aquellas imágenes filmadas hace 95 años. Importantes también son las imágenes capturadas en el viaje a Orán y Argel en 1930 acompañando al Elche Club de Fútbol.
Antes de acometer tan importantes obras para nuestra mirada historiográfica, adiestró su mirada cuando era un principiante captando escenas familiares, celebraciones en Elche y Santa Pola, y excursiones al campo. Algunas de esas imágenes se pudieron ver durante la XI edición de los Premios Cátedras Institucionales que entrega el Consejo Social de la Universidad Miguel Hernández gracias al respeto de los herederos de Antonio Segarra Rodríguez por su legado. Este fue el motivo por el que la Cátedra Gudie Lawaetz quiso reconocer la transmisión una herencia audiovisual que, junto a muchas otras, aún ocultas, que se crearon conforme se desarrollaba el invento cinematográfico durante el siglo XX, constituyen la pieza clave de cualquier tarea de investigación relacionada con la actividad fílmica en un territorio.
En la pantalla del Salón de Actos del edificio Rectorado se pudieron ver imágenes que remiten a nuestro imaginario colectivo y que pudimos reconocer como una celebración campestre a la manera que cumplimos con un grupo escogido de familiares y amigos el rito anual de los lunes de Pascua. Según los papeles que conservó con tesón Pere Ibarra, con el título de «Un día en Elche» una película que contenía escenas precisamente de la mona se estrenó el 23 de mayo de 1929 en el Coliseum, el cine de la Corredora que gestionaba Luis Martínez Sánchez, empresa también en el Kursaal. Se abre, así, una posibilidad para futuras investigaciones gracias al mantenimiento por parte de la Cátedra de una memoria útil para las próximas generaciones.
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