Opinión | Vuelva usted mañana
Pedro Sánchez: peligro acercarse

Pedro Sánchez viaja por sorpresa a Barcelona para asistir al Primavera Sound
Si yo fuera amigo o persona cercana a Pedro Sánchez le pediría, mejor dicho, le rogaría o exigiría que no proclamara mi inocencia en el caso de verme investigado por la Justicia en los acontecimientos sin par que van apareciendo a diario. Y es que en cada ocasión que Sánchez proclama su fe en la pureza de alguien de su entorno y loa su inocencia e integridad, los tribunales avanzan un poco más y sientan en el banquillo a todos los inocentes ensalzados por el presidente. Verdad es también que en pocos días cambia de opinión y remonta a otro nivel intelectual, llegando al extremo opuesto, negando hasta el conocimiento personal y demandando a la Justicia rigor y ejemplaridad. Y siempre y en todo caso, se exime de responsabilidad derivando toda ella en sus previamente protegidos y proclamados inocentes. Véase lo sucedido con Ábalos, Koldo García, Santos Cerdán o el Fiscal General del Estado.
Dejando de lado a Zapatero, que juega en otra liga, ahora jura en arameo y cree firmemente en la pureza angelical de la directora general de la Guardia Civil, Mercedes González. Esta señora, sin ningún saber en materia de orden público y seguridad y desconocedora profunda del ámbito militar, fue puesta a dedo por Sánchez tras su paso por otros puestos políticos en los que forjó sus lealtades y quedó asignada a la Benemérita para cumplir un fin, que no podía ser el del correcto funcionamiento de lo que ignoraba plenamente. Un imposible. Es obvio que, si designas a un incompetente absoluto por ajenidad al cargo, lo pretendido, en el marco que se va conociendo, es el derivado de la fidelidad perruna al benefactor. Pensar otra cosa es ingenuidad. Sánchez, por supuesto, cree en ella, de lo que se infieren dos cosas similares a los casos antes citados: la primera, que la nombró él aunque fuera indirectamente, lo que coincide con los supuestos de Ábalos, Cerdán y el FGE; la segunda que no eran independientes: ¿de quién depende la fiscalía? Pues eso.
Me estoy imaginando el pavor que deben sentir aquellos que hayan estado en la cercanía del presidente y cometido pequeñas faltas, hurtos leves, vistas gordas, firmas indebidas etc. Porque deben saber a ciencia cierta que les caerá el cielo encima y el cielo se hará más oscuro a la primera profesión de fe del presidente. Como decía Alfonso Ussía, de los cuatro tipos de gafe identificados, Sánchez ocupa el lugar del más peligroso: el sotanillo. El sotanillo procura todos los males a los que le rodean, pero a él nunca le pasa nada, es inmune al daño y, por ello a la empatía que suele acompañar a la solidaridad en la desgracia. Dice Sánchez ahora que todo lo sucedido es obra de unos pocos que han incurrido en corruptelas. Pero esos pocos son ya muchos pocos y esos pocos son o eran poderosos caídos en desgracia a la vera del presidente. Por lógica, cuando unos pocos elevados a dedo caen, el conseguidor o asignador de honores indebidos, de puestos inmerecidos, algo sabrá de lo hecho por sus delegados nombrados por razones precisamente de confianza. La confianza es la clave del ascenso y la confianza como requisito esencial se opone a la ajenidad con la conducta del aupado. No se nombra a nadie en estas condiciones para que actúe libremente y menos si carece de capacidad para hacerlo. Todos sabían su papel y el director guionista cumplía el suyo.
Como no se espabilen sus adyacentes compañeros no va a quedar nadie para cuidar el corral. Todos los que hayan tenido la desgracia de tocar su mano y servir a sus órdenes pueden esperar lo peor que les puede deparar el destino. Pero el sotanillo resiste, sin mácula, sin siquiera sentir de momento el roce de la sospecha. Es su naturaleza.
La escasa competencia de los nombrados y la sujeción al benefactor hacen que aquellos se muevan como el niño pequeño respecto de sus padres. Nada les puede pasar porque son tutelados por el poder, un poder en casos como el presente que carece de pudor para conceder o negar, para vender o comprar, igual una amnistía que una cacería al enemigo fuera de control. Y aparecen libretas con apuntes de una tal Leire, ahora desconocida y antes pieza de un engranaje que sería imposible en una espontánea con relaciones que ahora brillan en su esplendor. Es tal la falta de profesionalidad, el arrojo, la confianza en la impunidad de los agentes del sotanillo que creer en su ajenidad es profesar una fe que ya nos gustaría a muchos conservar a edad en la que se suele perder.
Dos y dos son cuatro. Pero este país es de adhesiones inquebrantables y odios o similares de igual condición. Y así nos va. Somos capaces de perder un ojo si el otro se queda ciego. Y babeamos por el nuestro mientras echamos espuma por la boca del otro que tampoco suele tan fiero, porque en la vida corriente convivimos sin problema alguno con ese otro. La política es droga que, unida a la merma en la educación y la cultura, en decadencia en la democracia por desgracia, constituye la clave de este desaguisado que tiene mal arreglo.
Pedro Sánchez, si se confirma alguno de los hechos investigados, estaba ahí. Y quien quiera negarlo debe cuidarse porque el influjo del sotanillo no tiene límites. Es de esperar que se convierta pronto en la otra categoría de gafe, la de manzanoide, solidario con los que sufren el mal que les transmite y víctima de su mala suerte o de su mala cabeza. Al fin y al cabo, el presidente es el adalid, dice, de la solidaridad y la fraternidad. Hágase la virtud.
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