Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión | En la barra del Café Época

Habemus reina y dos damas

La elección de la Reina Mayor de la Fiestas de Elche, en imágenes

La elección de la Reina Mayor de la Fiestas de Elche, en imágenes / Héctor Fuentes

Este miércoles, 10 de junio, festividad de San Asterio de Petra y de San Censurio de Auxerre, vaya por delante mi felicitación a todos los Asterios, Asterias, Censurios y Censurias que puedan existir, y no solo por celebrar hoy su santo, sino también por haber conseguido llegar hasta aquí sin cambiarse el nombre en el Registro Civil. Pero, ¿qué padres tenían estas personas? Porque, seamos sinceros, hay que tener valor para bautizar a una criatura con semejantes denominaciones. No quiero ni imaginar aquellos años escolares cuando el maestro pronunciaba solemnemente: «¡Censurio, a la pizarra!» o «¡Asteria, salga usted a resolver el problema!». Aquello debía de ser la repanocha. Pero dejando a un lado estas vicisitudes onomásticas, lo cierto es que estamos a tan solo once días de inaugurar oficialmente el verano, la mejor estación del año sin discusión posible.

Ahhh, el verano, qué maravilla, es la época en la que conviven en perfecta armonía las vacaciones, la siesta, las chanclas, la cerveza bien fría, la paga extraordinaria, el gazpacho, la horchata, las camisas estampadas, las verbenas y las fiestas populares, una auténtica conjunción astral de felicidad mediterránea, que, como decía el escritor francés Anatole France, «una vida sin fiestas es como un largo camino sin posadas», y en esta tierra nuestra, afortunadamente, las posadas festivas abundan.

La llegada del verano, más esperada que el día de las estrenas para muchos bolsillos, ya se percibe en estos días previos. Se adivina en el aroma de las brevas madurando en las higueras, en las balconadas que comienzan a engalanar los balcones del barrio de El Raval, en los primeros sofocos del calor levantino y, por supuesto, en uno de los rituales más tradicionales y esperados del calendario local: la elección de las reinas y damas de las Fiestas.

Hay dos certezas universales en la vida: la primera, que la campaña de la renta es en junio. ¡Qué San Antonio de Padua nos proteja! La segunda, que antes de comenzar el verano se elige a las reinas de las Fiestas, y así el pasado sábado, en la Rotonda del Parque Municipal, se escenificó nuevamente la solemne liturgia de su elección entre todas las reinas de las comisiones de fiestas de la ciudad y de las pedanías y, con ello, ¡qué descanso por favor!, Elche vuelve a respirar tranquila: ya tenemos Reina y damas para el ejercicio festero de 2026.

Tras semanas de rumores, quinielas, nervios familiares, análisis pormenorizados de vestidos y debates de altísimo nivel sociológico celebrados en terrazas, grupos de WhatsApp y, según fuentes no confirmadas, incluso en la sede de la NASA en Cabo Cañaveral, llegó el momento decisivo. Después de un espectáculo que hizo parecer discretos algunos conciertos multitudinarios, y tras superar las candidatas sus inevitables nervios mediante abundantes dosis de Pasiflorine y sonrisa Profident, el jurado designado para tan delicada misión procedió a realizar la elección: Habemus Reina y dos damas, abrazos, lágrimas, risas nerviosas, serpentinas, cohetá y el Himno de Elche, ¡ñas coca!.

Y es que para que la maquinaria festera ilicitana se ponga en marcha no hacen falta complejos planes estratégicos, ni estudios de viabilidad, ni grandes infraestructuras, basta una tarima, el concejal o concejala de Fiestas, un par de docenas de cohetes y las correspondientes reinas y damas. Con esos ingredientes, la fiesta queda oficialmente garantizada.

Mi enhorabuena a las elegidas y también a todas las jóvenes que participaron representando a sus respectivas comisiones. Todas ellas son reinas de sus barrios, de sus pedanías, de sus casas y, sobre todo, del corazón de sus familiares, amigos y compañeros festeros. Gracias a su implicación y a la ilusión con la que desempeñan sus cargos, las fiestas continúan vivas y presentes en cada rincón de la ciudad y sus pedanías.

Para la joven elegida como Reina de las Fiestas, junto a sus dos damas, se inicia ahora una etapa que algunos describen como un honor, que seguro que lo es, y otros, en privado, eso sí, como una oposición a tiempo completo, porque, si alguien piensa que ser Reina de las Fiestas consiste únicamente en colocarse una banda y sonreír un par de veces, es evidente que jamás ha visto una agenda festera. Desde el mismo instante de la proclamación, la nueva representante ilicitana deberá desarrollar y perfeccionar el extraordinario don de la ubicuidad, de tal forma que estará presente en presentaciones, inauguraciones, procesiones, conciertos, entregas de premios, recepciones institucionales, desfiles, actos culturales, actos sociales, actos benéficos y otros actos cuya clasificación sigue siendo un misterio incluso para quienes los organizan. ¡Vamos, yo ya estoy para el arrastre solo de pensarlo! Las previsiones más optimistas apuntan a que durante los próximos meses recorrerá más kilómetros dentro del término municipal que algunos repartidores profesionales, donde habrá jornadas en las que aparecerá en varios barrios distintos, asistirá a diferentes recepciones oficiales y posará para innumerables fotografías antes de la hora de cenar, ríanse ustedes de la Coca-Cola que dicen que está en todos los lugares, hasta tal punto esto es así que algunos sesudos científicos y Terelu Campos estudian ya si el desempeño del cargo de Reina de las Fiestas te convierte en superhéroe cuyo don es poder doblegar la curva del espacio-tiempo o abrir discretos agujeros de gusano entre pedanías.

Mientras tanto, las dos damas compartirán la aventura con idéntica mezcla de ilusión, elegancia y resistencia física, porque las fiestas son maravillosas, pero exigen una capacidad sobrehumana para mantenerse impecable tras horas de actos, saludos, discursos, fotografías, besos protocolarios, largas jornadas bajo el sol levantino y saludar continuamente moviendo la mano de arriba para abajo como si te hubieran dado cuerda y que puede dar lugar a lesiones que precisen rehabilitación fisioterapéutica por sobrecarga festera. ¡Qué por nadie pase!

A la nueva Reina de las Fiestas solo le queda asumir una realidad inevitable: durante los próximos meses será invitada absolutamente a todo: si se inaugura una exposición, allí estará; si se presenta un cartel, allí estará; si alguien descubre una nueva manera de atar las alpargatas tradicionales y decide organizar una conferencia explicativa, probablemente también allí estará, porque ser Reina de las Fiestas de Elche es un inmenso honor, pero también una auténtica locura perfectamente organizada.

Sin embargo, que no se preocupe, con el entusiasmo, la ilusión y la energía que desprende, todos estos sacrificios acabarán convirtiéndose en una experiencia única, irrepetible y profundamente enriquecedora. Para mí tanto ella como las dos damas, son auténticas heroínas, que junto a Yoda, Arístides y al gato Silvestre, constituyen ejemplos de compromiso, dedicación y servicio a la comunidad. ¡Qué la Fuerza les acompañe, junto a los miembros de la Comisión Gestora, que también tienen lo suyo!

Así pues, enhorabuena a nuestra Reina y a sus dos damas, que disfruten intensamente de este año inolvidable, que acumulen recuerdos imborrables y que sobrevivan dignamente a la avalancha de actos que les espera, y si en algún momento del próximo invierno alguien de ustedes las encuentra saludando automáticamente a las farolas, posando para las cámaras de seguridad o agradeciendo la presencia de los asistentes en la cola de la panadería, no se alarmen, será simplemente una secuela festera perfectamente normal. Después de todo, para entonces ya podrán afirmar, con toda justicia, que han representado a Elche más veces que el propio Palmeral.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents