Opinión | Tres en línea
Te cagas

Carlos Mazón, con chaleco de emergencia, el día después de la catástrofe. / Francisco Calabuig
Leo los mensajes que los miembros del Consell se cruzaron en el chat de whatsapp que compartían la fatídica jornada del 29 de octubre de 2024, aquel día en que 230 personas murieron en un desastre visto venir con antelación frente al que sin embargo no reaccionaron, y siento vergüenza. Aquello no era un gobierno, era una pandilla. El jefe de la banda (porque como tal se comportaron antes, durante y después de la tragedia los que tenían la obligación de proteger a los ciudadanos) sólo dio una instrucción: “Inundar de datos los medios. Desprende sensación de estar alerta que te cagas (sic) y calma a la gente”. Eso fue a primera hora de la mañana. Luego se tomó el resto libre mientras la gente se ahogaba.
Inundar. Es el verbo que utiliza. Pero no para hablar de la inundación segura de la que estaban avisados. Sino de la única que a ese gobierno siempre pareció interesarle: la inundación de los medios. Sensación. Es la otra palabra clave del mensaje. El president no ordena alerta, exige que se traslade la “sensación” de que “se está alerta”, que no es lo mismo. No importan los hechos, sino las apariencias. No hay una sola directriz ejecutiva en ese chat del Ejecutivo que la vicepresidenta Camarero acaba de entregar un año y ocho meses después del desastre a la juez que lo investiga.
En ese grupo de whatsapp los miembros del Gobierno se trasladan menos información que la que cada uno por su cuenta podía obtener simplemente estando atentos a esos medios a los que pretendían “inundar”. Como escribió en esos días mi compañero Matías Vallés, el president Mazón sabía menos de lo que estaba ocurriendo que cualquier vecino que estuviera viendo la tele. Comprendo, aunque no comparto, el empeño del Tribunal Superior de Justicia en atar en corto a la magistrada para que esto acabe sin responsables. Porque lo que el TSJ viene a decir con sus resoluciones es que eran todos irresponsables. Y eso es cierto. Los mensajes lo demuestran. Lo que cuesta entender es que el tribunal dé por bueno que un gobierno se inhiba y sólo admita juzgarlo si hubiera hecho su trabajo. La letra de la ley es posible que acompañe ese razonamiento de fondo de los magistrados (y del fiscal: manda huevos, Federico) de que lo mejor que puede hacer un Gobierno ante una catástrofe es no hacer nada para no meterse en líos. Pero me niego a asumir que el espíritu de la ley sea ese.
El PP está convencido de que la factura de aquel despropósito está ya amortizada. Sus encuestas tendrá. Pero cuando dicen eso no están hablando de que se han recuperado, sino de que sus sondeos les indican que ya han tocado fondo y se conforman con deambular por él. Pero salir, no han salido. La coyuntura les favorece, eso es cierto. Enfrente tienen a un PSPV hundido por los gravísimos errores de estrategia de Pedro Sánchez y los escándalos que están marcando el final de esta legislatura, a la que sólo le faltaba la imputación por corrupción del expresidente Zapatero para asentar la percepción de que si el Palau cuando lo habitaba Mazón era el camarote de los hermanos Marx, pero escaso de gracia y repleto de prepotencia y frivolidad, el entorno de La Moncloa es el patio de Monipodio, tan cutre como lo imaginó Cervantes. Diana Morant nunca ha sido una buena candidata, pero la culpa de lo que ocurra en las próximas elecciones no se le podrá achacar a ella, cuando va a tener que afrontar una campaña con un enorme saco de piedras atado al cuello y, por si faltaba algo, soportando a un conglomerado a su izquierda, el que pretende liderar Mónica Oltra, cuyo objetivo no es ganarle a la derecha sino al PSOE. Por eso digo que, a pesar de la DANA, todas las circunstancias juegan ahora mismo a favor de que la derecha siga gobernando después de los comicios. El problema del PP es, si es así, cómo de debilitado estará al lado de la extrema derecha de Abascal. En las últimas elecciones, con Mazón on fire, al PP le faltaron diez escaños mientras que a Vox, con trece diputados, le sobraron tres para convertirse en el partido decisivo. En las próximas esa relación de fuerzas seguramente se estrechará aún más en beneficio de la formación ultra. Y no será mérito de ella, sino culpa de todos los demás.
Llorca y Mazón almorzaron juntos hace unos días. El que esto firma desconoce los términos de la conversación entre el president y su antecesor. Pero no es difícil pensar que giró en torno a la recomposición del PP y el futuro de Mazón. Respecto a lo primero, Llorca sigue reclamando ser ratificado como presidente del partido y candidato a las elecciones mediante un congreso regional al que Feijóo continúa dando largas, aunque no podrá evitar finalmente hacerlo. Pero mientras ese momento no llega, los problemas internos crecen en tanto se acerca la hora de confeccionar las candidaturas a las alcaldías, las Corts, el Congreso, el Senado y los senadores que, aparte, también tiene que elegir el Parlamento autonómico, asunto este último que cobra en esta ocasión más relevancia que nunca porque los designados también son aforados. El PP tiene problemas en muchos sitios, y Llorca lo sabe. En todos los pueblos arrasados por la DANA, para empezar. Pero sobre todo en dos casos singulares: el de Mompó y el del alcalde de Alicante, Luis Barcala.
¿Cuál es el futuro del presidente de la Diputación de Valencia? Mompó es pieza clave en los equilibrios internos que Llorca necesita sostener para hacerse con el poder en el PP. Pero su puesto es el que más en el aire está en unas elecciones, así que hay que tener preparado con él un plan “b” por si se pierde el gobierno de la Diputación que él, al que pusieron en la boca el caramelo (envenenado) de que podía aspirar a presidir la Generalitat, esté dispuesto a aceptar. ¿Y el del alcalde de Alicante, Luis Barcala? Más difícil aún. Hay políticos que no hacen prisioneros. Barcala lo que no hace es amigos. Como además, tampoco tiene gestión que ofrecer, ni un solo proyecto transformador que llevarse a la boca en la próxima campaña, ni un solo problema grave que pueda dar por resuelto, su situación es precaria. Y cada día más, en tanto que el escándalo de los pisos de lujo de promoción pública que en plena crisis de la vivienda se repartieron unos cuantos privilegiados, le apunta directamente. Y, para más inri, habiendo empezado bien, saliendo en el primer minuto a dar la cara y prometer llegar hasta el final “caiga quien caiga”, ha ido variando de estrategia hasta llegar al punto en el que hoy nos encontramos, donde todo lo que hace parece dirigido exclusivamente a tapar lo que ocurrió, al extremo de que la propia juez que lleva el caso está teniendo que leerle la cartilla al Ayuntamiento por los obstáculos que pone para esclarecer lo sucedido.
Si Barcala repite como candidato en las próximas elecciones será únicamente porque Llorca no habrá sido capaz de presentarle a Feijóo una alternativa que al melindroso jefe del PP le convenza. Desde luego, nombres no paran de barajarse: unos días te preguntan qué te parece el concejal Antonio Peral como relevo, otro te susurran que debería ser Raúl Mérida el que encabezara la nueva lista, a pesar de su enfrentamiento con una parte del partido en Alicante; un lunes difunden que le van a ofrecer el puesto a Fernando Candela, exdecano de los abogados, y un martes te señalan como sustituto seguro a José Antonio Rovira, antes conseller de Educación y Universidades y ahora de Economía y Hacienda. Lo que es una prueba más, esto de Rovira, de que el PP no está pensando en Alicante, sino en sus peleas internas, porque peor candidato para la segunda ciudad de la Comunitat Valenciana no se me ocurre. Y de que Mazón todavía intenta jugar la partida, porque sólo de él puede salir una operación así.
Hablaron de todo esto seguro Llorca y su predecesor. Y también del futuro de este último. ¿Qué quiere, a cambio de no empreñar, el expresident? Sin duda, salvar el cuello, porque sabe que el aforamiento del que todavía goza es el que lo salva. ¿Y entonces, qué? ¿Lo mete Llorca en la diputación permanente de las Corts para que no quepa ningún resquicio por donde se pueda colar la juez de Catarroja mientras se sustancia la campaña electoral y los diputados, salvo los de ese órgano, dejan de ser aforados? ¿Está Llorca, en todo caso, dispuesto a mantenerlo en la candidatura autonómica pese al lastre que para sus expectativas supone, para que una vez elegido vuelva a estar blindado? ¿Lo envían al Senado para que cambie el escudo del TSJ por el del Supremo, a pesar de que Feijóo no lo quiere ver en Madrid por nada del mundo?
Mazón, que del PP sabe más que nadie porque echó las muelas en él, es consciente de que para conseguir cualquier objetivo que le garantice, no una carrera política que no es tonto y ya sabe perdida, sino la supervivencia personal, necesita hacerse fuerte, siquiera sea en una esquina del ring. Así que va rodeando a su sucesor: le propone sustituto para Barcala, por supuesto un fiel suyo; le tiene amordazado con el presidente de la Cámara de Alicante, Carlos Baño, y le presiona también con utilizar al de la patronal, César Quintanilla. Su abogado es el decano de los letrados, lo que también pesa socialmente. Del presidente de la Diputación, Toni Pérez, va diciendo que es su hermano. En el actual Consell, pero sobre todo en las secretarías autonómicas, maneja resortes clave. Y la lista a las Corts la quiere controlar.
Así que, volviendo al indignante chat del Consell del 29O, hay que ver lo poco que se preocupó Mazón de la DANA aquel día y lo mucho que se está ocupando, con un año de antelación, del último domingo del próximo mes de mayo. Llorca, que hasta el momento ha dejado en el Consell a todos los acólitos del expresident, le ha buscado honrosas y bien remuneradas salidas a todos sus colaboradores en el Palau, le ha mantenido el escaño (y el aforamiento) bajo las siglas del PP, le ha subido el sueldo y le ha puesto piso en la Explanada, sabrá dónde pone el límite. Porque si no empieza pronto a establecer líneas rojas, entre Mazón por un lado, Catalá y Mompó por el otro, Camps por las esquinas y Vox por encima de todo, puede acabar siendo el hombre que heredó un Palacio con más hipotecas que ventanas. Como diría Mazón, te cagas.
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