Opinión | Tribuna
Los hombres muertos sí sangran

Madrid. 11.02.2026. Alberto Núñez Feijóo, PP. Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, durante su comparecencia en el Congreso de los Diputados
Thomas Cathcart y Daniel Klein son dos filósofos estadounidenses que escribieron en 2009 un sugerente libro titulado “Aristóteles y un armadillo van a la capital”. El subtítulo nos acerca de forma inequívoca al contenido que abordan: “Las mentiras de los políticos analizadas con humor”. Antes habían escrito “Platón y un ornitorrinco entran en un bar” y, después, publicaron “Heidegger y un hipopótamo van al cielo”. Sin lugar a dudas, el primero es el mejor.
En una de las imágenes del segundo libro se ve a tres políticos (dos hombres y una mujer) en la sede de la campaña electoral. Uno de ellos, que tiene unas cuartillas en la mano, dice: “Es un buen discurso… solo hay un par de puntos que necesitan un poco más de confusión”. En otra viñeta se ve a dos políticos alejándose de la Casa Blanca. Uno le dice al otro: “Pero, ¿cómo puedes estar seguro de que tienes poder si no abusas de él?”. En una tercera se ve al jefe sentado diciéndole a su subalterno: “Ese es el meollo de lo que quiero decir. Ahora busca unas estadísticas para fundamentarlo”.
El libro aplica las leyes de la lógica al análisis de los comportamientos, de las actitudes y de los discursos de los políticos.
Cuánto me gustaría que hubiesen escrito este libro en tiempos del mentiroso presidente de su país. Ese rigor nos es necesario a los ciudadanos para analizar los avatares de la política. Por cierto, ni todos los políticos son malos ni todos son iguales. Y todos los ciudadanos y ciudadanas somos seres políticos. Los autores de estos libros, fieles a su estilo, utilizan algunas historias para que el lector comprenda las teorías que tratan de explicar. He aquí una de ellas:
Kevin pensaba que estaba muerto cuando en realidad estaba vivo. Su alucinación se convirtió en un problema tan grande para su familia que pagó para que viera a un psiquiatra que pasó algunas sesiones de duro trabajo intentando convencer a Kevin de que estaba vivo. No parecía funcionar nada. Finalmente, el médico intentó una última táctica. Sacó unos libros de medicina y le mostró al paciente que los hombres muertos no sangran.
- ¿Estás de acuerdo en que los hombres muertos no sangran?, preguntó el médico.
- Sí, lo estoy, contestó Kevin.
- Muy bien, replicó el médico.
Tomó una aguja y pinchó el dedo de Kevin. Del pinchazo salieron unas gotas de sangre. El médico le preguntó:
- ¿Qué te demuestra esto?
- ¡Dios mío, exclamó Kevin mientras miraba su dedo con incredulidad, los hombres muertos sí sangran!
La lógica se rompe para concluir lo que uno desea. Aquí vemos cómo un argumento válido puede conducir a una conclusión falsa.
Vaya por delante mi enérgica reprobación por lo que haya de cierto en los casos de corrupción que se están investigando en el PSOE porque los políticos están ahí para servir al pueblo y no para esquilmarlo. Y en consecuencia, que cada palo aguante su vela y que quien haya cometido delitos sufra el peso de la ley, sea quien sea. La corrupción en democracia es especialmente dañina porque los políticos delincuentes traicionan la confianza que se les entregó en las urnas. Ahora bien, un auto no es una sentencia fundada. Defiendo con la misma contundencia el principio de presunción de inocencia de todos los acusados.
Cuando gobierna la izquierda se produce una reacción de sorpresa, de indignación y de rabia en la derecha porque esta cree que el país es suyo, que la bandera es suya y que el poder es también suyo. Piensan que les han usurpado el poder. Ellos son patriotas, la patria es suya, luego el poder es suyo. Existe una sensación de interinidad cuando gobierna la izquierda.
Hay que ver la insistencia del PP en pedir que se convoquen elecciones generales. Que hablen los españoles, dicen. Pero si ya han hablado, lo que pasa es que no les gusta lo que dijeron. ¡Qué impaciencia!
Desde el mismo día en el que Pedro Sánchez fue proclamado presidente, la derecha emprendió una operación de acoso y derribo contra el Gobierno progresista. Santiago Abascal dijo desde el primer momento que Sánchez era un presidente ilegítimo. El PP y Vox han ejercido una oposición indecente, en la que ha predominado siempre el deseo de erosionar al Gobierno, incluso a costa de los intereses de la ciudadanía: no ayudaron a afrontar la pandemia, rechazaron las leyes que favorecen los derechos e intereses de la gente, insultaron a coro al presidente del Gobierno y pidieron elecciones generales un día sí y otro también. Es que no le han apoyado en nada. Es que le han criticado por todo. Es que solo han trabajado, dentro y fuera del país, por desacreditarlo.
Hay que reconocerle al presidente su capacidad de resistencia: su esposa, su hermano, sus secretarios de Organización, su compañero de presidencia, su fontanera, su gerente… Otro hubiera tirado la toalla hace tiempo.
Una parte de la judicatura, y esto es difícil de negar, se ha incorporado al plan, como ha demostrado la condena del Fiscal General del Estado, una condena basada en la suposición de que él o alguien de su entorno filtró unos datos que, por cierto, ya estaban en manos de algunos periodistas antes de llegar al conocimiento del Fiscal. Otras filtraciones parecen tener menos importancia para jueces y fiscales.
Días antes de que se hiciese público el auto contra Zapatero, Feijóo y Ayuso ya nos advertían de lo que iba a suceder. ¿Cómo lo sabían? ¿Por quién lo sabían? El inefable MAR dice que él se entera porque tiene “un truqui”. Y no pasa nada.
Y esta participación de la judicatura en la operación de acoso y derribo no se produce solo por los casos que deciden investigar sino por los que deciden no hacerlo. Y por eso se han ido de rositas José María Aznar (el gran mentiroso que da lecciones de moral), Mariano Rajoy (el desconocido M. Rajoy), María Dolores de Cospedal, el novio y el hermano de la señora Ayuso, y la misma señora Ayuso (la que gana votos por insultar) cuya irresponsabilidad hizo que falleciesen en las residencias de su Comunidad muchos ancianos y ancianas que podrían haberse salvado si hubieran sido trasladados a los Hospitales… Hay también informes de la UCO y de la UDEF que resultan altamente sospechosos por el contendido, por la fecha en la que se hacen públicos y por las filtraciones que los anuncian.
Hay medios de comunicación que, de forma sistemática, critican al Gobierno por lo que hace, por cómo lo hace, por cuándo lo hace, por lo que no hace, por lo que piensa hacer, por lo que dice, por lo que deja de decir… Es como si existiera para ellos el dogma de “la falibilidad del Gobierno”. Es decir, resulta imposible que el Gobierno acierte.
Aunque la bondad de los datos macroeconómicos sea elogiada por organismos internacionales, aunque la economía crezca, aunque las políticas favorezcan la creación de empleo, aunque se suban las pensiones y el salario mínimo, aunque el líder del ejecutivo sea reconocido y admirado fuera del país por su postura valiente y pionera en favor de la paz, ellos siguen erre que erre.
No solo participan la oposición, la judicatura y los medios en la operación de acoso y derribo del gobierno, en lo que se ha llamado golpe blando de estado. El embajador de los EE. UU. recibe sigilosamente al señor Abascal, al señor Feijóo y a la señora Ayuso en su sede de Madrid.
No se sabe para qué fueron convocados o qué fueron ellos a consultar ni a qué se debe el silencio sobre lo que hablaron.
Hace muy bien Pedro Sánchez en no convocar elecciones. Es importante que dirija el país un gobierno progresista. Sabemos muy bien cuál es la alternativa. Me aterroriza imaginar un gobierno que tenga como vicepresidente al señor Abascal. No hay duda sobre lo que nos iba a pasar. No se trata de una mera suposición. Ahí tenemos los convenios firmados por Vox y el PP en las autonomías de Extremadura, Aragón y Castilla-León. Nos impondrán el principio de “prioridad nacional”, negarán la violencia machista, abandonarán a su suerte a los necesitados, privatizarán la sanidad y la educación, negarán el peligro del calentamiento global, expulsarán a los menas, acabarán con la memoria histórica, venerarán el franquismo, congelarán las pensiones y los sueldos…
Se equivoca (también en eso) Felipe González cuando dice que la alternancia es democrática e invita al presidente a convocar elecciones.
Parece decir que da igual quién gobierne el país. Pero claro, él no adelantó las elecciones a pesar de los casos de corrupción que acosaban a su Gobierno.
La desvergüenza del PP cuando proclama a través de su líder que el partido tiene “el sello de la decencia” es inconmensurable. Un partido que ha liderado los casos de corrupción debería ser más prudente, más humilde. Cuando dice que el gobierno apesta, no se da cuenta de que el mal olor de su partido es mucho más penetrante, desde hace mucho tiempo.
Estoy seguro de que después de tantas evidencias, el señor Feijóo, acabará diciendo: ¡los hombres muertos sí sangran!
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