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Opinión | Palabras gruesas

Carlos Gómez Gil

Carlos Gómez Gil

Doctor en Sociología y Analista Político

El milagro de León XIV

El duro mensaje del Papa a quienes se aprovechan de los migrantes: "¡Deténganse, conviértanse!"

Lucía Feijoo Viera

Si para algo ha servido la visita del Papa a España entre nuestros políticos es para convertir en verdad revelada lo que vemos y comprobamos un día tras otro desde hace ya tiempo: el cinismo en algunos de ellos carece de límites, tratando de convertir las palabras y mensajes que todos hemos escuchado de León XIV en munición para sus particulares batallas.

Naturalmente que un viaje de esta naturaleza por el máximo responsable de la Iglesia sobre la Tierra sirve, entre otras muchas cosas, para repetir un discurso pastoral sobre sus dogmas y creencias que forman parte de sus cimientos evangélicos. La defensa de la vida, el rechazo al aborto y a la eutanasia, la defensa de la enseñanza concertada y del medieval Concordato forman parte de esas creencias nucleares que la Iglesia católica transforma en ideología para dar sentido a una religión milenaria. Pero por encima de todo ello, este Papa ha sido capaz de trasladar mensajes políticos y sociales de una enorme profundidad que colisionan radicalmente con los discursos mantenidos por algunos de sus antecesores, representando una auténtica enmienda a las políticas autoritarias y ultraderechistas impulsadas por partidos y gobiernos reaccionarios en diferentes países del mundo que aquí, en España, tienen como franquicias al Partido Popular y a Vox.

La encendida defensa que ha hecho el Papa León XIV de la dignidad humana de todas las personas con independencia de su origen y su rechazo a cualquier discriminación basada en el país de procedencia, la calurosa petición a la acogida y aceptación de la inmigración y de los inmigrantes respetando su dignidad, la reivindicación del derecho internacional y del multilateralismo como marco esencial para las relaciones entre Estados, el rechazo a la consideración de la vida humana como simple mercancía y hasta la petición de defender el bien común podrían situarse como programas de trabajo de un buen número de organizaciones internacionales de solidaridad y hasta de algunos partidos de izquierda.

Estamos ante un Papa conservador en los dogmas de fe pero revolucionario en la reivindicación de una doctrina social que, dando continuidad a la línea de su antecesor, Francisco, rompe radicalmente y hasta cuestiona de alguna manera el conservadurismo de un Benedicto XVI que, dando la espalda al problema de la pederastia, hasta llegó a recuperar el latín usado durante la Edad Media por la Iglesia para separarse de la gente, o del mismísimo Juan Pablo II, que avaló y se abrazó al capitalismo ultraliberal salvaje de Reagan y Thatcher. Por el contrario, León XIV no duda en cuestionar los cimientos políticos de ese capitalismo autoritario que tiene, en los Estados Unidos de Donald Trump, a su caudillo mundial, al que no teme desautorizar públicamente. Algo muy distinto a esa vergonzosa complacencia que buscan los líderes de la derecha extrema española, que corren a conseguir fotos con el macho alfa naranja para sus álbumes electorales y defienden a pies juntillas sus barbaridades.

Resulta llamativa, por tanto, la larga y unánime ovación recibida por León XIV tras su discurso en el Congreso de los Diputados, de siete minutos, una de las más largas que se recuerda. Y mucho más asombran, todavía, las valoraciones que a continuación dieron algunos de los líderes a los que ese mismo discurso interpelaba claramente. Núñez Feijóo, presidente del Partido Popular, declaró entusiasmado compartir las palabras del Pontífice, “de la A a la Z”, afirmando sentirse interpelado por todo su contenido. No es de extrañar. También el líder de Vox, Santiago Abascal, se sumó a la lluvia de elogios ante este discurso, afirmando sin despeinarse que no ve «ninguna contradicción» entre sus palabras y la posición de su partido ante temas como la inmigración, al estar convencido de que el propio León XIV «distingue perfectamente entre el discurso y la política práctica». Muy diferente de Aznar, quien nunca defrauda y siempre mantiene su coherencia, al abandonar la tribuna de invitados del Congreso que ocupaba mientras hablaba el sumo Pontífice.

Pero por mucho que Feijóo se declare entusiasmado con las palabras de León XIV, las reiteradas declaraciones de muchos dirigentes del PP contra la labor de Cáritas, el furibundo rechazo a la regularización extraordinaria de inmigrantes, su oposición a la acogida de menores no acompañados llegados a las islas Canarias y el abrazo al principio xenófobo de la prioridad nacional, entre otros muchos asuntos, son diametralmente opuestos al magisterio del Papa. Al igual que un Abascal que el día después de manifestar sus elogios al discurso de su santidad en el Congreso dio rienda suelta a sus barbaridades xenófobas en las redes sociales, pidiendo la expulsión inmediata de todos los inmigrantes irregulares, a los que acusa de arruinar el país y traer todo tipo de males. En cuanto a la petición del Papa de abandonar las palabras hirientes y respetar al contrario, lo dejamos para otro día.

Ojalá también la jerarquía eclesiástica de España, tan dada a abrazar discursos y grupos ultras, a apoyar y financiar medios de comunicación ultramontanos y a reivindicar un nacionalcatolicismo caduco, hiciera también suyas todas estas enseñanzas de su máximo líder y guía espiritual de la Iglesia católica en el mundo. Mejor nos iría.

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