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Opinión | Esto no es un cuaderno

Desplazamientos en plazas

La escultura de Joan Castejón tras ser retirada de su emplazamiento. | G. MACIÀ

La escultura de Joan Castejón tras ser retirada de su emplazamiento. | G. MACIÀ

«Son tiempos difíciles para los soñadores»

Amélie (2001), película del francés Jean-Pierre Jeunet.

Las obras promovidas por el actual bipartito PP-Vox al frente del Ayuntamiento ilicitano avanzan que se las pelan, no cortan el mar sino que vuelan en pos de la ansiada finalización antes de la próxima cita electoral de mayo. Algo habitual, por otra parte, en todo gobierno municipal, fuere del color político que fuere, en la recta final del mandato. Nada que objetar a tan loable propósito, cuyo objetivo último, como no podía ser de otra manera, es la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos y vecinos en general. Ya dejó sentado Cicerón que el bienestar del pueblo debe ser la ley suprema.

Así, siguiendo esta premisa, tras algunos titubeos sobre la fecha de comienzo, está ya en sus preliminares la renovación de la plaza del Congreso Eucarístico. Aunque lo más gordo de esta actuación de casi tres millones de euros en este gran espacio junto a Santa María se dejará para después de las fiestas de agosto, para no interferir en los actos patronales y, sobre todo, en las representaciones del Misteri. Los trabajos incluyen desplazar hacia el puente de Altamira la escultura-fuente del artista ilicitano Eutiquio Geografía de la memoria (2008), que ya quedó parcialmente oculta el año pasado tras el gran letrero de ELCHE floral. Confiemos en que no acabe cayendo al cauce del río con tanto desplazamiento.

También el grupo escultórico Sobre la crítica (2006), de uno de los integrantes del Grup d’Elx, Joan Castejón, se ha retirado de la puerta de la Alcaldía (con muy malas formas y sin el respeto que la obra artística merece), a causa de la remodelación de todo el entorno del Mercado Central. Trabajos que se han unido a las labores que ya se realizaban en los baños árabes (el elemento más importante de todo el conjunto, no lo olvidemos) y el esquelético edificio de abastos. «¡Esto marcha a todo tren de alta velocidad con parada en Matola!», dicen que dice el alcalde, Pablo Ruz, cada vez que se asoma a los ventanales del primer piso y observa tan febril actividad. «¡Más madera! ¡Más proyectos!», aseguran que reclama a sus concejales, asesores y técnicos municipales (sobre todo a los del área de contratación).

La cuestión es que la retirada de la escultura de Castejón y el anuncio de deslizamiento al oeste de la de Eutiquio han disparado algunas alarmas. Más de uno y de una se teme lo peor en vista del antecedente de la obra Dragón de Jaume I (2001) de Salvador Soria, retirada alevosamente y posteriormente desplazada por la alegoría de la Venida de la Virgen desde la rotonda del Hort de les Portes Encarnaes hasta un recóndito recodo de Pere Joan Perpinyà, saltando más allá del cauce del río, todo un alarde atlético-político. «Los vecinos del Pla y en concreto de la zona del Canal también se merecen disfrutar del arte contemporáneo como los del centro», dicen que proclamó el siempre sonriente concejal de la vía pública, Claudio Guilabert, durante su visita al lugar, mientras un perro dejaba su marca miccional en la base del restaurado monumento.

Para acallar temores y tranquilizar a los inquietos, si ello fuera posible, Ruz ha empeñado su palabra en que el famoso grupo escultórico objeto de infinidad de instantáneas de foráneos y naturales volverá a ese mismo emplazamiento de la Plaça de Dalt en cuanto acaben las obras. Aunque es posible que se desplace un poco hacia un lado u otro, buscando la mejor perspectiva (pero con cuidado, no se vayan a despeñar por la escalinata que conduce a la pasarela). Es un alivio, aunque habrá quien seguirá pensando que es una maniobra del alcalde para colocar otra maredéu frente a su despacho, que no tiene ninguna todavía (dentro sí). Y que las esculturas de Castejón acabarán en algún lugar al otro lado del río (por ejemplo, en la plaza del Corazón de Jesús), por mor del desplazamiento artístico hacia el oeste que tanto le gusta a Ruz. No hay que ser siempre tan mal pensado.

Por cierto, respecto a las esculturas ahora retiradas y almacenadas cuentan que en el boceto original que el artista presentó al entonces alcalde, el socialista Diego Maciá, las cuatro figuras del conjunto (tres hombres y una mujer) iban desnudos. Ante la perspectiva del efecto que una prolongada y recurrente visión de aquel grupo despendolado, con sus atributos al viento, iba a tener en los funcionarios del entorno y público en general (y no digamos en las fotografías de los turistas), Maciá no lo dudó: «Està molt bé, Joan, però posa-los roba». Y las figuras se plantaron en el lugar recatadamente vestidas. Un episodio que recuerda, salvando las distancias artístico-espacio-temporales, al del fresco El Juicio Final de la Capilla Sixtina. Cuando Miguel Ángel terminó esta monumental obra en 1541, muchos eclesiásticos se alarmaron de que Cristo, santos, ángeles y otros personajes aparecieran prácticamente desnudos, algo que consideraban poco apropiado para una capilla papal. Por tal motivo, posteriormente se les fueron añadiendo paños, taparrabos y calzones, aunque algunos de estos pudibundos aditamentos se retiraron en las restauraciones modernas.

Cuando las esculturas de Castejón vuelvan a su sitio dentro de algunos meses (esperemos) se supone que ya estará todo el conjunto acabado: mercado, baños y entorno. Se completará así la actuación más relevante emprendida por el Ayuntamiento en el centro histórico, iniciada por el anterior bipartito PSOE-Compromís con la peatonalización de Plaça de Baix y la Corredora, y el tortuoso proyecto del mercado, que está culminando el actual gobierno. Si no fuera por las acusaciones, críticas, denuncias e interpelaciones que ambos bloques políticos han intercambiado en los últimos 15 años respecto a estas obras, podría parecer que hubiera existido una coordinación entre ambos bloques para sacar adelante unos proyectos trascendentales para la ciudad. Qué bonito si fuera verdad y si además se acabaran las guerras y hubiera paz en el mundo, y nos tocara algún sorteo millonario (al menos a los/as lectores/as de esta sección).

La cuestión es que el nuevo Mercado Central va cubriendo sus fases, ahora con la instalación de la techumbre, tras haberse colocado un inmenso esqueleto metálico para sostener lo poco que queda (un 10% o 15%, siendo generosos) del antiguo edificio tardofranquista y haberse disparado los costes en un 43%: de momento ya van por los 12,6 millones, frente a los 8,8 con que se adjudicó. Sin duda, en los anales arquitectónico-patrimoniales del municipio ocupará un amplio capítulo este despropósito de (supuesta) rehabilitación, que acabará costando el doble que si se hubiera construido desde cero. Un nuevo Mercado Central que resultará un trampantojo, algo que parecerá antiguo pero que es totalmente moderno, que simula rehabilitación pero es prácticamente todo nuevo. Es lo que tienen las malas decisiones políticas (de unos y otros), que hay que apechugar con ellas y pagarlas entre todos.

Veremos si entra o no en la categoría de decisión política acertada el espontáneo ofrecimiento del alcalde a la comunidad educativa del Conservatorio de Música de instalarse «provisionalmente» en el futuro centro-para-todo (auditorio, cine, oficinas municipales, salas para actividades vecinales, aparcamiento...) que se construye en el solar de Jayton, en Carrús. Hay espacio de sobra, aseguró Ruz en su visita a las obras, y allí estarán muy bien hasta que se construya el nuevo edificio en el corazón del Palmeral histórico, en el aparcamiento de Candalix (eso pretende al menos, Icomos mediante), después de que rechazara los terrenos ofrecidos a la conselleria por el anterior gobierno de izquierdas, situados junto al campus de la UMH y el colegio Clara Campoamor.

La comunidad del Conservatorio se estará debatiendo entre continuar en el vetusto e insuficiente edificio del Hort de la Torre o aceptar la oferta del alcalde (a quien hay que reconocerle la oportunidad de la iniciativa) de desplazamiento al oeste, a Carrús Este. Seguro que estarán también dándole vueltas a lo de «provisional», dadas las numerosas experiencias locales de provisionalidad eternizada en el ámbito de las construcciones educativas. Ánimo.

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