Opinión

Redactor de Deportes
Rafa Mir: presunción de inocencia, portada, veto y condena

Rafa Mir es condenado a ocho años y medio de prisión por agresión sexual / Europa Press
Más años de condena (ocho y medio) que goles (ocho). Duro dato estadístico para resumir el paso de Rafa Mir por el Elche. Si había alguna remota opción de plantearse ejecutar la opción de compra al Sevilla que expira el 30 de junio, la sentencia hecha pública este lunes por la Audiencia de Valencia, en la que le señala como culpable de delitos de agresión sexual y lesiones, la entierra.
El Elche se arriesgó al tomar la decisión de contratar a Mir, un futbolista con unas condiciones deportivas extraordinarias que jamás ha terminado por explotar. Cuando cerró el acuerdo de su cesión con opción de compra en agosto del año pasado lo hizo siendo consciente de que sobre el futbolista pesaba una durísima acusación, con juicio pendiente, de su etapa anterior como jugador del Valencia.
Desde entonces, el mensaje oficial del club, en público y en privado, ha sido el de apelar a la presunción de inocencia de Rafa Mir. En su derecho estaban. Queda en la moral de cada uno hasta qué punto esa defensa del Elche al murciano ha sido excesiva. A juicio del que escribe estas líneas, así ha sido. Se podría haber contratado al delantero sin necesidad de haber arriesgado tanto la imagen de la entidad, exponiéndola a que fuera acompañando a un posible condenado por agresión sexual, como así ha acabado ocurriendo.

Rafa Mir, con el balón en su brazo derecho, durante el Elche-Espanyol / Matías Segarra
Esa presunción de inocencia, tan cacareada como necesaria para todo acusado hasta que sea juzgado y sentenciado, se ha llevado hasta límites peligrosos en el entorno franjiverde. No en todos los ámbitos, pero sí en algunos. Y muy mediáticos. Porque igual que debemos tener en cuenta la presunción de inocencia, hay que valorar también la presunción de veracidad de una persona que denuncia, en este caso una posible violación.
Vivimos en una época en la que lo uno parece excluir a lo otro. Y no debería ser así. Al menos legal y periodísticamente. En la moral de cada uno, insisto, no puedo entrar. En la mía, sí. Y les puedo confesar que durante estos meses ha sido extremadamente complejo escribir sobre alguien como Mir, acusado de un delito tan grave. Aún así, la profesionalidad va por delante. Cuando Mir ha jugado bien, ha quedado reflejado, igual que cuando lo ha hecho mal. Por dentro, permítanme confesarles que era imposible alegrarse igual con un gol del murciano que con uno de Álvaro Rodríguez.
Porque durante este tiempo ha entrado en conflicto lo moral con lo legal. Leyendo la información que se manejaba sobre el 'caso Mir' quedaba bastante claro que, como mínimo, el comportamiento del futbolista del Elche durante la temporada actual en la noche de autos había sido incorrecto y censurable, por no emplear palabras en peor tono y malsonantes. Pese a ello, la puerta de la presunción de inocencia debía dejarse abierta. Y así se ha hecho, siempre con esmero en no cometer ningún patinazo al escribir.
No ha sido fácil, insisto, la temporada. Especialmente desde el mes de marzo, cuando al proceso judicial se le sumó una denuncia racista a Rafa Mir por parte de un rival del Espanyol, producida el 1 de marzo. El 3 de marzo, el club ilicitano decidió mantener al futbolista en un acto promocional en un comercio de la ciudad, en el que se dio un baño de masas con aficionados de todas las edades, muchos de ellos niños y niñas. El 4 de marzo, este medio publicó una portada crítica, muy dura, calificando este acto con el adjetivo de "indignante".
La portada, en papel, fue polémica, pese a la época en la vivimos, en la que este soporte periodístico parece condenado a mejor vida. Y debía serlo. No pretendía ser informativa porque el acto en sí carecía de interés suficiente para encabezar la edición de un periódico. Pretendía denunciar el hecho de que una persona acusada de agresión sexual acudiera a un evento de este tipo con el añadido de celebrarse apenas dos días después de haber tenido otra polémica, en la que su rival le acusa de racista y el entorno de Mir se defendió con una argumentación esperpéntica que tampoco dejaba al futbolista en muy buen lugar.
Esta misma tesis se defendió, en una página entera de información, en el interior del periódico (y en la versión web, más extensa). Desde este lado de la barrera se puede entender que la portada doliera, que pareciera dura, incluso inadecuada. Pero era necesaria. Y, sobre todo, era coherente con la línea editorial de este medio. Parece ser que no así con la de otros, que en su derecho están de defender las doctrinas morales y legales que consideren.
Las reacciones fueron las que fueron. Y no venimos aquí a saldar cuentas. Allá cada cual, insisto, con su conciencia. Aunque la condena de ocho años y medio de prisión a Rafa Mir por agresión sexual y lesiones al menos debería servir a todos aquellos padres y madres que llevaron a sus hijos e hijas a aquel acto a plantearse en un futuro lo que hacer en una situación similar. No es cuestión de negar la presunción de inocencia. Es cuestión de fortalecer nuestros valores morales, siendo respetuosos con la legalidad, nos guste o no.
Porque mientras hablamos de la presunción de inocencia de Mir hay una víctima que ha tenido que pasar mucho tiempo en el silencio y la sombra. Mientras Rafa Mir celebraba sus ocho goles con el Elche, ella soportaba su traumática experiencia. Mientras miles de aficionados coreaban al futbolista, ella permanecía en el anonimato. Hay que controlar mejor las idolatrías. No todo vale. Ni por un gol, ni por ocho ni por 25.
La condena a Rafa Mir parece ejemplificante para casos como en el que se ha visto involucrado el futbolista del Elche. Ojalá sirva para que nuestras madres, hermanas, primas, parejas y amigas puedan sentirse en entornos ampliamente seguros cuando disfruten de una fiesta. Y para que a todos y todas nos quede claro que "no es no". Seas un anónimo currante o el mejor deportista del mundo.

Rafa Mir se da un polémico baño de masas tras su denuncia racista / Áxel Álvarez
Ojalá este mensaje también llegue a los clubes y sean más firmes en este tipo de casos. Se puede contratar a un futbolista y no por ello obviar la situación legal que le rodea. El Elche se equivocó manteniendo a Rafa Mir en aquella firma de autógrafos. Y, me duele escribirlo por el profundo respeto profesional y cariño personal que siento, se ha equivocado en la política de comunicación con el jugador durante el año.
Todos esos emojis de un diablo, signo de identidad de Rafa Mir, que han acompañado a los mensajes en redes sociales relacionados con este futbolista dolían en su momento. Ahora son puñales directos a la reputación del club. Porque Mir, no lo olvidemos, como mínimo ya era un presunto agresor sexual. Ahora está condenado. Sería loable una disculpa pública porque esos mensajes pueden llegar a víctimas, familiares o personas que se encuentren en situaciones similares a la de la denunciante de este caso.
Y, con esto cierro, tampoco estaría de más que en las altas esferas del Elche aprendiesen de lo vivido con Rafa Mir de cara al futuro. Que tengan claro que ni los burofaxes, ni las amenazas de denuncia, ni el desprecio ni los vetos son el camino a seguir en una relación sana con medios de comunicación. Todo se puede solucionar mediante la palabra. Desde esta parte siempre se ha atendido y respondido a su llamada. Ellos no están en condiciones de decir lo mismo.
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