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Mercedes Gallego

Mercedes Gallego

Subdirectora de INFORMACIÓN

Prioridades

Un concentración a favor de la regularización de los inmigrantes.

Un concentración a favor de la regularización de los inmigrantes. / INFORMACIÓN

Mi prioridad durante el último año ha sido mi madre. Quiero decir con esto que mientras el demente de Trump secuestraba dirigentes al otro lado del Atlántico, fanfarroneaba con quedarse con Groenlandia o lanzaba junto con las bombas sobre Oriente Medio la amenaza de fulminar una civilización milenaria de donde ha acabado saliendo con el rabo entre las piernas, mientras todo eso ocurría, decía, mi atención estaba focalizada en cómo atender a mi madre que, de la noche a la mañana, había pasado de ser una mujer autónoma a precisar los cuidados de un bebé.

A la dura tarea de afrontar la nueva situación familiar he dedicado buena parte de mis fuerzas y todos mis desvelos en estos meses, con especial atención a la titánica misión de encontrar a alguien con la precisa cualificación y la necesaria empatía como para cuidar a la madre que nos parió los momentos en que sus hijos no podíamos hacerlo.

Nuestra prioridad al principio, más que nacional, era local. ¿Por qué? Pues porque pensamos que para ella sería más fácil encajar esa nueva convivencia impuesta, y con la que no estaba muy de acuerdo por mucho que la necesitara, si la acompañante provenía de su mismo entorno. Eso facilitaría un acople al que sin duda contribuiría tener conocidos comunes en una localidad donde la vida social tiene mucho que ver con las relaciones de proximidad.

Pero nuestro gozo, en un pozo. A ninguna de las lugareñas con las que contactamos les interesó ni tan siquiera un poco ocuparse de los cuidados de una persona mayor y dependiente.

Eso hizo que de lo local ampliáramos el abanico a lo nacional, con idéntico resultado negativo, y de ahí a lo internacional: los llegados de fuera, la mayoría en busca de un futuro que en sus países tienen vetado y a quienes la ultraderecha y sus adláteres acostumbran a criminalizar por gusto y culpabilizar de todos los males que nos acechan cuando su aportación al mercado laboral y la economía del país, por citar solo estos aspectos, creo que ya está fuera de toda duda.

Así fue como conocimos a Mirela, una rumana tan grande como su corazón que ha llenado de cuidados y cariño los últimos meses de la vida de mi madre. Una inmigrante nacida a varios miles de kilómetros con la que durante este tiempo hemos compartido alegrías por mejorías que luego no lo eran, miedos a recaídas de las que sabíamos que era imposible remontar, angustias, vigilias... y así hasta el dolor por su muerte. Como para entender lo de la "prioridad nacional".

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