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Opinión | El indignado burgués

Cuando crecer no sirve de nada

Luis Barcala da la bienvenida a todos los participantes de la conferencia internacional en Alicante.

Luis Barcala da la bienvenida a todos los participantes de la conferencia internacional en Alicante. / Héctor Fuentes

Ineca ha puesto el dedo en la llaga en su último informe económico: crecer no es igual que converger, o, lo que es lo mismo: llevamos creciendo 25 años sin conseguir equipararnos con las provincias más pujantes. Curiosamente, a Alicante le pasa lo mismo que a España con Europa, la economía española es “low cost” y los expertos creen que nuestro modelo, basado en salarios bajos, empresas muy pequeñas y financiación bancaria, lastra el potencial del país. Es como un náufrago que nada con gran esfuerzo hacia la playa, pero al que la corriente aleja cada vez más de la orilla.

Todos, yo incluido, hemos dado la murga celebrando que Alicante sea la cuarta o la quinta provincia de España, según los parámetros. Ese mantra lo llevo oyendo desde que llegué aquí, en los ochenta, y era cierto y destacable entonces, cuando la provincia pisaba fuerte en España. Ahora ocuparemos seguramente la misma posición en el ranking, pero nuestra influencia es muy inferior. Por citar un ejemplo que viene al pelo, y conozco bien porque fui el jefe de prensa del Mundial de Fútbol España 82, tuvimos entonces dos sedes: Alicante y Elche. Para el de 2030, es que ni han preguntado por nuestra disponibilidad. Como si no existiéramos.

No hablemos de las cajas de ahorros y las oportunidades perdidas, las barbaridades ejecutadas o, por qué no decirlo, de la sumisión a Valencia en una autonomía muy poco favorable a nuestros intereses, mal que nos pese. Encajábamos mejor en España hace cuarenta años. Es para hacérnoslo mirar.

La palabra mágica es la convergencia, de Alicante en España y de España en Europa. Detecta Ineca que cuando el sistema es malo o está saturado da igual lo que inviertas, que no conseguirás más beneficios. Añadir recursos a una estructura estática produce cada vez menos resultados, es una frase que se repite en el informe. También que los territorios más dinámicos no son los que generan más recursos, sino los que mejor saben conectarlos. Ahí utilizan un palabro que sería la clave del crecimiento, lo que llaman el “multiplicador sistémico”, que me recuerda, ustedes perdonen, al “condensador de fluzo” del DeLorean de “Regreso al Futuro”: innovación, cooperación y confianza institucional.

Si esperan que sean los políticos los que ofrezcan la necesaria confianza para reducir distancias con otras regiones, van listos. En Alicante, desgraciadamente, la política va por un lado y la economía por otro. No es que no convergen, es que las líneas cada vez se separan más. Y, obviamente, la cooperación hay que buscarla en las instituciones intermedias, actualmente un desierto. Por mucho que las organizaciones empresariales crezcan como setas en Alicante, cada cual hace la guerra por su cuenta, a mayor gloria de los respectivos ombligos de sus señoritos o señoritas. El tercer elemento, la innovación, está presente en muchos empresarios que justamente se caracterizan por inventar, pero sin un marco de convivencia fomentarán sus negocios y no el entorno y mucho menos la provincia.

Este último factor también puede ser clave. Hace 25 años, incluso 40, los grandes empresarios provinciales tenían conciencia y ganas de poner Alicante en el mapa. No se les caían los anillos por echar una mano al resto de sus colegas en las organizaciones empresariales, incluso descuidando sus negocios, para promocionar Alicante. Comparen con la actualidad, y no diré más que no me quiero calentar.

Tanto en España como en Alicante, vidas paralelas, nos apoyamos en un modelo que crece apoyándose en costes bajos, especialmente en la parte de los salarios, más que en productividad, innovación o valor añadido. Señalan los expertos que hay que elevar la productividad y la innovación para que la renta “per cápita” se aproxime a la de los principales países de la UE, donde estamos más de veinte puntos por debajo de economías como Alemania y cerca de diez puntos por debajo de Francia.

Para salvar la brecha, más bien para reducirla, Ineca propone nueve retos: mejora de la productividad; diversificación (reducir dependencia del turismo y tecnificar la construcción); aumentar la exportación; aumentar la productividad en la agricultura; hacer el turismo sostenible elevando el gasto y la desestacionalidad sin crecer en volumen; bajar la barrera de nueve años de salario para comprar una vivienda; reducir la tasa de paro que dobla la media española; conseguir que se financie el talento y ejecutar el Corredor Mediterráneo. Son propuestas muy razonables, pero que tropiezan en la piedra de quién las promueve y, aún mejor, quién las ejecuta.

Me encantará ver cómo reciben los gobernantes el estudio, sin duda con albricias, enhorabuena, habéis encontrado la piedra filosofal y sobre esta piedra edificaré mi iglesia. Lo bueno es que el papel lo aguanta todo y que un político afirme que toma nota suele significar en roman paladino, que “bueno, pos fale, pos m’alegro”, emulando a Maki Navaja. La mayoría responden a un clásico: ni un mal gesto ni una buena acción, así que harían bien en confiar poco.

Me apuesto con todos y cada uno de ustedes una comida con caviar y angulas a que dentro de 25 años el informe de quien haya sustituido a Ineca será igual o peor. Juego con ventaja: la ineptitud congénita de los políticos, de cualquier político, y que no creo que dure tanto, pero, en fin, puedo dejar una manda en mi testamento para que mis albaceas se ocupen de cumplir mi voluntad.

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