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Opinión | LA ATALAYA

Toni Cabot

Toni Cabot

Director de INFORMACIÓN

Debate sin solución

Videoanálisis de Toni Cabot sobre la suciedad en Alicante durante las Hogueras

Videoanálisis de Toni Cabot sobre la suciedad en Alicante durante las Hogueras / INFORMACIÓNTV

El debate sobre la limpieza y el civismo que volvió a alcanzar alta temperatura durante las pasadas Hogueras se ha extendido este año a la celebración de los Fuegos que se lanzan desde el Postiguet. Las imágenes captadas al día siguiente de cada espectáculo pirotécnico en los aledaños del Raval Roig vuelven a señalar a Alicante donde más duele: la suciedad, un mantra que, por desgracia, se ha convertido en habitual y que queda patente a través de esas vías descuidadas, la suciedad acumulada en rincones y papeleras… todo ello barnizado por una preocupante sensación de pérdida de civismo.

Alicante recibe durante Hogueras y el concurso de fuegos artificiales nocturnos que le suceden a cientos de miles de visitantes, circunstancia que no solo nos llena de orgullo, también resulta un importante motor económico para la ciudad. Pero al mismo tiempo, conviene no olvidar que la excelencia turística se sustenta sobre el respeto al espacio público. Y, desgraciadamente, cada vez son más quienes confunden disfrutar de la fiesta con convertir nuestras calles o playas en un lugar donde todo vale: beber hasta el exceso, miccionar en la vía pública, abandonar residuos o mostrar un absoluto desprecio por el patrimonio común.

Sobre ese mismo escenario vuelve a aparecer el debate acerca de la necesidad de implantar la tasa turística -aunque sea de manera puntual- una medida cada vez más defendida por aquellos que esgrimen que no sean los contribuyentes los únicos que asuman en exclusiva el sobrecoste de limpieza, seguridad y mantenimiento que genera un modelo turístico que, en demasiadas ocasiones, prioriza la cantidad frente a la calidad.

Alicante merece visitantes que disfruten de su cultura, de su gastronomía, de sus monumentos y de sus tradiciones; pero, sobre todo, merece administraciones capaces de proteger la ciudad que todos compartimos.

Como recordaba mi compañera Carolina Pascual, no puede ser que una prueba de éxito sea que cada año vengan más y más visitantes, porque Alicante tiene un límite. Y ya ha llegado a él. Los servicios permanecen pagados por los alicantinos con sus impuestos, ante la negativa a que coparticipen con una propina de dos o cinco euros los que nos visitan, esos mismos que abonan 200 o 300 euros por una cama de hotel o diez por una horchata, que bien podrían colaborar con unos servicios públicos que cada mes de junio se ven totalmente desbordados, es decir, barrenderos, jardineros o policías.

Pues ese es el debate, ahora falta lo importante: que aparezcan las soluciones.

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