Opinión | Blog “Al otro lado”
Al otro lado del Mediterráneo
Las opiniones y reflexiones de este blog son estrictamente personales y no representan a ninguna institución.
Todo lo escrito nace de la inquietud de quien ha podido ver de cerca realidades que habitualmente se observan desde la distancia. No es un análisis técnico ni un estudio: es una mirada personal, la de alguien que ha estado donde ocurren las cosas.
No es un blog sobre conflictos ni situaciones de riesgo, sino sobre quienes las viven: sus emociones, sus pensamientos, su día a día. La manera en que afrontan las dificultades de África, y las oportunidades y frustraciones en España.
Los datos citados proceden de fuentes oficiales de acceso público.

De España a la República de Guinea (Conakry). / Javier Albarracín
África es un continente lleno de riqueza y de gente hospitalaria. Personas con una capacidad asombrosa para sobrellevar el día a día que les impone la necesidad. Una resiliencia que no cede. Y una paradoja que no dejaba de hacerme preguntas: ¿es suficiente con lo que tienen? Si lo es, ¿por qué necesitan dejar su familia para cumplir el sueño europeo? Y si no lo es, ¿por qué no consiguen que cambie la situación, con la tremenda riqueza de la que gozan? Sé que estas preguntas tiene múltiples respuestas en Europa, pero yo necesitaba las de ellos.
En 1997 viajé a Kenia. Era un safari fotográfico, con la cámara al cuello y la expectativa de ver leones, impalas, ñus… Y los vi, pero lo que no olvidé fueron las personas. La hospitalidad keniata, ese carácter amable, discreto, respetuoso y marcado de una cierta felicidad y resiliencia… me dejó con una pregunta que no supe responder en mucho tiempo: ¿por qué sabemos tan poco de un continente tan cercano?
A partir de 2015 empecé a tener amistades de Guinea. Guinea Conakry, la francesa, la que la mayoría de los españoles no sabemos situar en el mapa y que muchos confunden con Guinea Ecuatorial o Guinea-Bisáu. Una relación que mantuve primero a distancia, y que en septiembre de ese mismo año me llevó a hacer mi primer viaje allí. El caos en las calles de Conakry era mucho más visible que en Nairobi, aunque no dejaba de tener un patrón similar. Sus gentes parecían felices: cuidaban sus ropas, nunca me sentí mirado de forma despreciativa o que generara celo o envidia. Educados, discretos, atentos, resilientes ante tanto caos…
Hace algo menos de una década, y en el ejercicio de mi trabajo como policía local interceptamos a un ciudadano de la África subsahariana al que se le atribuía un supuesto delito. Tras seguir el protocolo habitual, nos trasladamos al médico para que recibiera la asistencia correspondiente. Me senté a su lado en la sala de espera y le hice la pregunta que llevaba tiempo haciéndome a mí mismo: ¿qué es lo que te mueve a dejar todo en tu país, y venir a vivir a España?
No perdió la entereza en ningún momento. Me contó que se levantaba cada mañana a las cuatro para ir en bicicleta a buscar trabajo en cualquiera de los campos que más oferta pudiera haber. La mayoría de los días no encontraba nada, y cuando lo conseguía, le pagaban unos sueldos que muchos de nosotros no dedicaríamos ni atención al que lo ofreciera. Vivía en un piso con seis compañeros más. Entre todos compartían lo que ganaban para comer, pagar el alquiler, la luz, el agua. Los días que ninguno conseguía trabajo y no quedaba dinero, no había más remedio que salir a buscarlo como fuera. A veces pidiendo. A veces quedando con hombres para hacerles felaciones por cinco euros. “Y a veces robando?” - le pregunté yo. Fue el único momento en el que bajó la mirada, como avergonzado.
Y además, cada mes, tenía que mandar dinero a su familia. Allí creían que aquí no le faltaba de nada. Tenía que fingir.
Aquello me paralizó momentáneamente. Sinceramente, tuve que contener la respiración durante un largo periodo, para evitar que alguna lágrima me delatara. No sabía qué decir, o si era mejor contener las muchísimas que me venían a la mente. Le avergonzó reconocer, en cierta forma, que no estaba bien robar… solo eso.
Aquella conversación removió algo que no tenía nombre todavía. Yo llevaba tiempo sin entender qué podía llevar a una persona a dejar su tierra, su familia, el lugar donde había nacido y crecido, para vivir en unas condiciones que, al menos desde fuera, no parecían mejores. Aquella madrugada entendí que la pregunta estaba mal planteada. No era una elección entre dos vidas. Era una huida de una sola imposibilidad, de algo que desde aquí no sabía definir.
Y también entendí que si quería comprender de verdad qué ocurría al otro lado del Mediterráneo, tenía que ir y no como turista. A convivir, a escuchar, a sentarme con ellos como me había sentado aquella noche en ese centro médico.
Un trabajo complejo, pero que a partir del año 2022 conseguí fraguar gracias a una persona que entró en mi vida, y me llevó a un giro brutal no sólo en mi forma de mirar hacia África, sino también en la forma de relacionarme con los que ya están entre nosotros. Y también a intentar entenderlos con, quizá, algo más de conocimiento.
En este blog intentaré compartir las respuestas que he encontrado a muchas preguntas que nos hacemos la mayoría sobre migración, criminalidad, seguridad, política migratoria, costumbres africanas.
Y también mis experiencias e inquietudes gracias a ella, la persona que se ha convertido en el motor de mi vida, y que, junto a su familia africana, ahora la mía, son las principales inspiraciones que me han movido a escribir en este blog.
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