Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Opinión

ALICANTE

Somos. Contamos

Presentación del programa Somos. Contamos por parte de la ministra Diana Morant

Presentación del programa Somos. Contamos por parte de la ministra Diana Morant / INFORMACIÓN

Hace escasos días, Diana Morant, ministra de Ciencia, presentó el programa "Somos. Contamos: fin de la discriminación de las mujeres en la investigación de la salud", con el que el Gobierno va a triplicar la financiación destinada a investigar la salud de las mujeres.

Muchas son las inversiones que se anuncian cada día, pero esta no puede pasar inadvertida por su trascendental importancia. Y ustedes, que me están leyendo, pensarán por qué va a ser esta medida digna de una tribuna. Y yo, que estoy convencida de ello, se lo voy a demostrar.

Durante décadas, los maniquíes utilizados para probar cinturones de seguridad representaban casi exclusivamente el cuerpo masculino. Existía un maniquí femenino, pero se usaba principalmente en el asiento del copiloto y solo era una versión más pequeña del masculino. Hoy sabemos que, en un mismo tipo de accidente, las mujeres tenían – y aún tienen- un mayor riesgo de sufrir lesiones graves porque todos los sistemas de seguridad se optimizaron para un cuerpo masculino.

El problema no ha desaparecido por completo, pero está en proceso de corregirse. No obstante, si el sesgo no se estudia, nada puede cambiar. Y para estudiarlo, se necesita financiación.

En el ámbito de la investigación biomédica se ha usado tradicionalmente el cuerpo masculino como referencia y ello ha acarreado a las mujeres nefastas consecuencias a lo largo de la historia.

Tanto es así que, en 2018, la Sociedad Británica de Cardiología estudió por qué morían muchas más mujeres que hombres al sufrir un infarto si la explicación no era biológica. Los resultados no dejaron lugar a dudas: nos han enseñado a relacionar un infarto con un fuerte dolor en el pecho, pero en las mujeres son mucho más frecuentes síntomas como náuseas, vómitos, dolor de espalda o falta de aire. Las mujeres morían porque eran derivadas a Psiquiatría o Digestivo al confundir sus síntomas con ansiedad o problemas gastrointestinales.

Pensemos también en los trasplantes hepáticos. El algoritmo que decidía quién tenía prioridad utiliza, entre otras variables, la creatinina. Como la creatinina depende de la masa muscular y los hombres suelen tener más masa muscular, ellos obtenían mejores puntuaciones para acceder antes a un trasplante y ellas morían en lista de espera. Esto se comenzó a corregir con el sistema MELD 3.0, que se implantó en Estados Unidos en 2023.

En cuanto a la endometriosis, una enfermedad en la que el tejido del útero crece fuera de este y que solo en España afecta a más de dos millones de mujeres, hay análisis que muestran que ha recibido históricamente menos recursos que la investigación sobre la alopecia masculina, pese a tratarse de una enfermedad en ocasiones incapacitante.

Por otro lado, aún sabemos muy poco sobre cómo funcionan muchos medicamentos durante el embarazo y la lactancia porque estas mujeres han quedado fuera de la inmensa mayoría de los ensayos clínicos. Incluso hay una cuestión que afecta a la totalidad de las mujeres en algún momento de su vida: la menopausia. Y aun siendo esta una etapa biológica natural, tiene una serie de marcados efectos en nuestro bienestar que han sido estudiados de forma insignificante hasta ahora.

Para que nos hagamos una idea de por dónde van los tiros en cuanto a investigación científica centrada en la mujer, la película “Barbie” se estrenó antes de que se publicaran los primeros estudios que probaron sangre humana en tampones. Hasta 2023 se usaban, generalmente, soluciones salinas. Y mientras todos hablábamos de las luces de Navidad en forma de abecedario que Joyce Byers usaba para comunicarse con su hijo Will en Stranger Things allá por 2016, desarrollar medicamentos estudiando únicamente células masculinas todavía era lo habitual.

Estos recientísimos hitos demuestran que la infrarrepresentación femenina en la ciencia tiene efectos nocivos para más de la mitad de la población. Y no me entiendan mal. La perspectiva de género en la investigación científica no es una cuestión ideológica ni una medida en materia de igualdad; es una cuestión de salud pública. Porque el objetivo no es únicamente que haya más mujeres investigando y que lo hagan en igualdad de condiciones que sus colegas hombres, sino que el cuerpo de las mujeres deje de ser una excepción en la ciencia.


Bárbara Soler es portavoz provincial PSPV-PSOE y portavoz

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents