Opinión
La libertad te ha condenado a coger el coche

D. Pamies
Un nuevo colegio empieza su andadura en Almoradí. Han tenido que pasar veinte años desde que se prometió para que, por fin, parezca una realidad. Muchos gobiernos y muchos responsables políticos han pasado tanto por el Ayuntamiento como por la Generalitat hasta ver esa fachada blanca a la entrada del municipio. Y, aun así, parece que algunos quieren hacer creer que el colegio lo ha construido únicamente la actual alcaldesa. Declaración tras declaración, se olvida, o quizá se quiere olvidar, que fue un gobierno del Botànic quien puso el dinero y el impulso definitivo al proyecto, mientras desde la oposición se criticaba que había demasiada burocracia.
La apertura de un nuevo centro educativo debería ser motivo de celebración para todo el pueblo. Sin embargo, el Partido Popular se ha empeñado, día tras día, en convertirla en una sucesión de polémicas. Primero llegaron las promesas que no tardaron en caer en el olvido, como el aula UECO. Ya se sabe aquello de prometer hasta meter...
Después vino la eliminación de la asignatura de Religión Islámica en este colegio, mientras se mantiene en el resto de los centros educativos del municipio. Una decisión difícil de justificar si realmente se defiende la libertad de elección de las familias. Polémica tras polémica, la matriculación avanzaba con dificultades y la estrategia parecía evidente: si el colegio no funcionaba, la culpa sería de la oposición por estar, supuestamente, en contra del proyecto. La realidad, sin embargo, suele ser bastante más tozuda, y las malas decisiones terminan pagándolas los vecinos.
La sorpresa llegó cuando, en un pleno municipal, incluso se insinuó que el Consejo Escolar Municipal estaba en contra del nuevo colegio. Hasta ese extremo hemos llegado. Da la impresión de que el Partido Popular ha decidido instalarse en el relato permanente de que todos están contra ellos: la oposición, el Consejo Escolar, las familias que discrepan... Cualquiera, antes que reconocer una mala gestión.
Y llegamos al desenlace. Se abre el periodo de matriculación y las plazas de tres años se llenan. Pero aparece un nuevo problema. Gracias a que el Partido Popular sustituyó la zonificación escolar por el distrito único, ya no importa dónde vivas a la hora de acceder al nuevo centro. El resultado es que muchas familias que residen en el extremo opuesto del municipio han terminado escolarizando allí a sus hijos.
En una época en la que todas las administraciones promueven reducir el uso del vehículo privado, fomentar los desplazamientos a pie y crear entornos escolares más seguros; en un pueblo como Almoradí, donde las distancias permiten caminar cómodamente durante gran parte del año, la consecuencia de esa decisión es evidente: muchas familias se han visto condenadas a depender del coche para llevar y recoger a sus hijos durante, como mínimo, los próximos nueve años.
Resulta paradójico que una medida presentada como una ampliación de la libertad de elección haya terminado limitando la libertad de muchas familias para poder ir andando al colegio de su barrio. La libertad que prometieron ha acabado condenando a muchos vecinos a coger el coche cada mañana.
Solo el Partido Popular de Almoradí ha sido capaz de convertir la apertura de un nuevo colegio, que debería ser un motivo de orgullo colectivo, en un nuevo motivo de conflicto.
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