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Opinión | Tribuna

Miguel Ángel Blanco en mi memoria

Protesta en memoria de víctimas del terrorismo como Miguel Ángel Blanco

Protesta en memoria de víctimas del terrorismo como Miguel Ángel Blanco / Nacho Gallego / EFE

Era domingo, 12 de julio, hace 29 años. Sentado en mi mesa del diario INFORMACIÓN, era uno más de los muchos bilbaínos, donostiarras, vitorianos, madrileños... y personas de cualquier rincón de España que pensaba que ETA daría marcha atrás y Miguel Ángel Blanco aparecería atado a un árbol del monte Gorbeia. La presión había sido máxima y el colofón fue la manifestación de Bilbao, que había sido multitudinaria exigiendo a la banda la liberación del joven de Ermua secuestrado el 10 de julio.

Recuerdo que lo comentaba en la redacción. Que no, que no se van a atrever, que la han cagado secuestrando a un chaval, músico, cuyo único delito era militar en el PP y ser concejal de su pueblo. Desgraciadamente, me equivoqué.

Cualquier secuestro o asesinato no tiene sentido, pero hasta ese fatídico 12 de julio de 1997 yo, como tantos vascos, aun despreciando a ETA, miraba para otro lado en medio de los años del plomo. Pero el secuestro de Miguel Ángel lo cambió todo. ETA a lo suyo mandó a Txapote. Tiro en la nunca del psicópata que no gudari.

La banda cumplió su amenaza, pero no, la muerte de Miguel Ángel no fue una más. Fue el comienzo del fin de ETA, aunque no todos los etarras acabaran después en la cárcel. Y yo, ese sábado hace 29 años lloré impotente por no haber podido parar el asesinato. Tan vil como el resto, pero el que produjo la reacción general contra la barbarie del terror. Por ello, hoy, de nuevo, hay que recordar la figura de Miguel Ángel, porque su muerte supuso el comienzo del final de la banda.

Han pasado ya 29 años, pero en esta España sin memoria para lo que quiere parece que hubieran pasado cien, como lo demuestra, por ejemplo, el que el 60% de los jóvenes españoles menores de 30 años no sepan quién fue Miguel Ángel Blanco. Seguimos haciéndolo muy mal.

Alicante tampoco se libró de la barbarie de ETA sufriendo varios atentados, los más destacados la ola de bombas en hoteles el 22 de julio de 2003 (con 14 heridos), el atentado contra la casa cuartel de la Guardia Civil de Santa Pola el 4 de agosto de 2002 y anteriormente la explosión de un coche bomba en Mutxamel el 16 de septiembre de 1991. En total la organización terrorista [macabro eufemismo] se llevó la vida de seis personas, entre ellas una pequeña de seis años. ETA siguió matando tras aquel trágico 12 de julio de 1997, pero su sentencia había quedado dictada.

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