Opinión | Palabras gruesas

Doctor en Sociología y Analista Político
Otra década perdida para Alicante

Alrededores del antiguo matadero municipal de Alicante, en una imagen de archivo. / Áxel Álvarez
Cuando se abandona por carretera Alicante en dirección al aeropuerto o a Elche, en el desvío junto a las vías del tren, se encuentra uno de esos edificios abandonados y deteriorados que dan testimonio de la gigantesca desidia política en la que permanece instalado el Ayuntamiento de la capital desde hace años. Hablamos del antiguo matadero de Alicante, en el polígono de Agua Amarga, cerrado desde el año 2008. Sus 23.187 metros cuadrados de superficie están repletos de escombros, basura y pintadas, simbolizando a la perfección la deriva política que sufre esta ciudad desde hace demasiado tiempo y el fracaso del gobierno municipal presidido por Luis Barcala.
Durante el corto mandato del tripartito se trabajó para presentar en febrero de 2017 un proyecto de reforma integral que convertiría este antiguo matadero municipal en una incubadora de proyectos orientados a la innovación. La propuesta, denominada “La Capçalera d’ImpulsAlacant”, contaba con un amplio proyecto de rehabilitación integral y una dotación inicial de 176.000 euros, aunque finalmente no se pudo llevar a cabo. Con la llegada de Luis Barcala a la Alcaldía el proyecto se arrinconó, hasta que en mayo de 2022 la Agencia de Desarrollo Local, presidida por Mari Carmen de España, anunció a bombo y platillo que se destinarían 1,3 millones de euros para la reforma del matadero en un proyecto que ahora se llamaría “Ágora Futura”, dirigido a potenciar el emprendimiento innovador.
Desde entonces hasta ahora, los gobiernos municipales de Barcala han seguido anunciando año tras año la inminente reforma del matadero como centro de innovación tecnológica. Hasta cuatro anuncios más se han producido que constan en la web del Ayuntamiento, mientras el edificio sigue siendo pasto de las ratas y la incuria. En nueve años, el gobierno municipal de Barcala solo ha cambiado de nombre el proyecto mientras el edificio avanza hacia su ruina.
Pero no se trata únicamente del edificio abandonado del antiguo matadero municipal y lo que representa. Pueden visitar las viviendas tapiadas del barrio de Heliodoro Madrona del Puerto, sobre las que se prometió una rehabilitación integral para albergar un centro de Coworking y negocios; o contemplar una maravilla sometida al deterioro como son los antiguos depósitos de La Británica, en la Serra Grossa, un vestigio industrial de 1875 que desempeñó un papel clave durante la Guerra Civil, en el que se anunció un gran centro cultural. Incluso pueden visitar las joyas del patrimonio histórico de las Torres de la Huerta, de época romana y declaradas BIC, con sus paneles informativos deteriorados y algunas de ellas en proceso de deterioro y ruina, como sucede con la torre El Ciprés, por poner algunos de los muchos ejemplos de desidia municipal que encontramos en Alicante.
Luis Barcala, en sus más de ocho años como alcalde, no ha sido capaz de impulsar ningún proyecto transformador para la ciudad, ni de resolver ninguno de sus principales problemas, ni siquiera de gestionar los compromisos pendientes que Alicante mantiene desde hace años. Anuncios vacíos, promesas huecas de futuro y silencios, muchos silencios para un alcalde cuyas formas autoritarias se han agrandado con el paso de los años, como si vecinos y entidades ciudadanas, medios de comunicación y periodistas fueran un molesto lastre que eludir siempre que se pueda.
El alcalde de Alicante, que pasará a la historia por el escándalo de Les Naus y la clara implicación de personas de su círculo personal y político cercano, tiene este mandato amortizado y ya no da más de sí, por mucho que venga desde Madrid un personaje siniestro como Miguel Tellado a tratar de reanimar a un moribundo. Y ello porque Luis Barcala está más pendiente de los tiempos judiciales que de los compromisos políticos, arrastrándose con desgana y midiendo con cuidado sus silencios porque sabe de primera mano que tiene el aliento de la Justicia muy cerca. Porque el sentir mayoritario de la ciudad es que desde el gobierno municipal de Barcala se ha permitido una auténtica chorizada con la primera gran promoción de viviendas de protección pública en la ciudad desde hace más de dos décadas.
Ni siquiera mencionamos que la ciudad esté sucia hasta poner en peligro la salud pública en algunos lugares, del deterioro de sus espacios, equipamientos e infraestructuras públicas allí donde se mire o de los centenares de árboles eliminados y alcorques vacíos mientras se niega el cambio climático. Ni siquiera señalamos el deterioro de sus parques y zonas verdes, ni el cierre de servicios esenciales para colectivos vulnerables como los mayores o los cientos de miles de euros devueltos sistemáticamente de ayudas y programas sociales para los más necesitados que no se ejecutan. Tampoco recordamos su responsabilidad en el enorme retroceso democrático y participativo de Alicante, impulsando a la extrema derecha y su ideología de odio con chiringuitos dogmáticos ineficaces para mantenerse en el poder a cualquier precio.
Hablamos de la necesidad de un buen gobierno municipal capaz de intervenir y anticiparse a los numerosos desafíos estructurales que tiene Alicante entre manos y que van a marcar su futuro, evitando su progresiva degradación y pérdida de calidad de vida. En todo ello, con Barcala se habrá perdido una década más.
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