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Opinión | TRES EN LÍNEA

Tellado contra Llorca

El president de la Generalitat y del PP de la Comunitat Valenciana, Juanfran Pérez Llorca, interviene en el Fórum Europa Tribuna Mediterránea, presentado por el secretario general del PP, Miguel Tellado

El president de la Generalitat y del PP de la Comunitat Valenciana, Juanfran Pérez Llorca, interviene en el Fórum Europa Tribuna Mediterránea, presentado por el secretario general del PP, Miguel Tellado / Biel Aliño / EFE

El secretario general del PP, Miguel Tellado, debía presentar el jueves en València al president de la Generalitat, Juan Francisco Pérez Llorca, como conferenciante con el que el Fórum Europa cerraba la temporada. Lo de que venga un presentador de fuera a presentarnos a los de dentro al presentado que, como máxima autoridad, nos representa siempre ha resultado, más allá del trabalenguas, un escorzo forzado. Pero los partidos le intentan dar sentido haciendo que el presentador pronuncie una encendida laudatio del presentado al tiempo que intenta colar la presunta trascendencia de cada uno de sus gestos y sus palabras. Lo que ocurre es que Tellado, por error o por malicia, se dedicó a presentarnos a Feijóo, en vez de a Llorca, del que lo más que dijo en su favor es que había sido un buen alcalde y un presidente aseado. Nada que ver con los elogios que, para pasmo de propios y extraños, dirigió a Luis Barcala una semana antes en Alicante.

En justa correspondencia, Llorca contestó detallando, cargo a cargo, la carrera orgánica de Tellado y la suya propia y subrayando que habían sido idénticas. O sea, que se la dejó botando al público para que rematara lo obvio. Que esas vidas paralelas dejaron de serlo en ambos casos por una carambola: la dimisión de Mazón y la expulsión sin contemplaciones de Pablo Casado y su relevo por Feijóo. Solo que ahora Llorca es el presidente regional del partido —aunque sea por mera aplicación de los estatutos— y del Gobierno de una autonomía, la cuarta en PIB de España, mientras que Tellado ha cambiado de destino, de Santiago a Madrid, pero no de empleo. A partir de ahí, el actual president tampoco nombró a Feijóo en veinte minutos de intervención y otros tantos de coloquio. Utilizó perífrasis del tipo “la Comunidad Valenciana necesita en Madrid un Gobierno que…” o “cuando haya otro gobierno en Madrid que…”. Miren lo que les digo: si a me preguntaran, no dudaría en sostener que ese momento de las presentaciones, tan de relleno habitualmente, fue el momento en el que de verdad Llorca se ganó el sueldo de president y abonó su liderazgo. Como también le reprocharía un error previo: el de permitir que al president de la Generalitat Valenciana lo presente un secretario general. ¿Se imaginan a Ayuso admitiendo eso? ¿A Rueda, pese a ser Tellado gallego? ¿O incluso a Moreno, por muy capitidisminuido que ahora esté tras haber tenido que tragar con Vox? No, ¿verdad? ¿Y por qué eso sí puede pasar en la Comunitat Valenciana?

La política la hacen personas. O sea, gente que tiene filias y fobias. Tellado no puede ver a Llorca, de la misma manera que Llorca no soporta a Tellado. Les conté aquí el 3 de noviembre pasado, en el artículo titulado “Mazón se va pero no se ha ido”, el enfrentamiento que ambos, Tellado y Llorca, habían tenido a cuento de la salida del cargo del hoy expresident. Feijóo nunca quiso que Mazón dimitiera, ni siquiera después de la enorme tensión vivida en el funeral de Estado por las víctimas de la DANA. Pero, una vez Mazón lo tuvo decidido, la orden de Tellado fue que no se moviera nadie porque todo lo dirigiría él. Decirlo y reunirse en Benidorm Llorca y los tres presidentes provinciales del PP para pactar una sucesión gestada aquí y no impuesta desde Madrid fue todo uno. Y, en cuanto los periódicos de Prensa Ibérica publicaron la exclusiva del cónclave que dio Levante-EMV, Tellado culpó a Llorca a grito pelado de haber montado la conspiración y le amenazó nada menos que con abrirle expediente y expulsarlo del partido por insubordinación. Cómo se pondría de fea la cosa que el propio Feijóo tuvo que intervenir para que la tormenta no acabara en dana, que era lo que al PP le faltaba.

Así que Tellado preferiría a cualquiera antes que a Llorca. Y Feijóo, desde luego, apuesta por que en la Comunitat Valenciana haya un interino antes que un barón. Lo que ocurre es que no parece que tengan otro que no sea Llorca. Así que, mientras sigan sembrando las dudas sobre la candidatura a la presidencia de la Generalitat sin contraponer nada distinto, lo único que conseguirán es mantener vivo el traspaso de votos desde el PP a Vox, alimentar el ego del expresident Camps y alentar en todos los sitios las guerras intestinas por las candidaturas. Porque aquí hay que empaquetar las listas al Congreso y el Senado, ya que tan convencida está la cúpula del PP de que Sánchez va a adelantar las elecciones. Pero, sobre todo, hacer listas para las Cortes y para los ayuntamientos, que son más de medio millar. Y, de rebote, decidir quién presidiría las diputaciones si los números dan. Dicho de otra manera: cientos de músicos en danza sin saber ni quién dirige la orquesta ni cuál es la partitura. Una estrategia, la de Tellado y Feijóo, esta de jugar con la Comunidad Valenciana al gato y el ratón, digna del manual de despropósitos que ha sido toda la actuación de Génova respecto a este territorio desde que la Gran Riada, además de arrasar vidas y haciendas, puso patas arriba la política valenciana.

Tellado, ese Tellado que, en el momento de saberse que había habido al menos doce fallecidos en el incendio de Almería, ya apuntó a Pedro Sánchez como único responsable de las muertes; ese Tellado en el que el actual president de la Generalitat parece estar pensando cada vez que dice que España no puede seguir en la polarización extrema; ese Tellado, digo, se dedica en la Comunitat Valenciana a pasarle la mano por el lomo a todo aquel que él cree que puede ser enemigo, o al menos contrapeso, de Llorca. Así que hoy toca alabar a Barcala, pese al escándalo de Les Naus, y mañana a Mompó. Pero Llorca, como le recordó, es perro tan viejo como él en estas peleas de gallos. Así que el mensaje que el president de la Generalitat ahora más repite es el que reclama “unidad”. Apeló a la unidad delante de Tellado en la conferencia del Fórum Europa y repitió el llamamiento en su intervención en la cena de verano del PP de Alicante, donde lo que importaba no era lo que se decía, sino que se hubieran vendido al menos tantos tickets como para la que Mompó organizó antes en Valencia. Unidad, por supuesto, en torno a él, lo que significa que todo lo que sea echar carbón a la caldera entre provincias ha implicado hasta ahora la victoria de las izquierdas sobre las derechas. Que ese sea el principal mensaje de Llorca a estas alturas deja a las claras que las aguas del PP bajan revueltas: uno no necesita pedir cohesión si ya la hay. Así que, mira por dónde, va a tener razón el PSPV y su estrategia de contraponer la candidatura firme de Diana Morant a las dudas que diariamente expande el PP sobre la suya propia. Será infantil lo de los socialistas, pero más inmaduros e irresponsables, puesto que gobiernan, resultan los populares. ¿Saben quién resuelve siempre estas cosas en el PP? Castellón. La más pequeña en censo de las tres provincias, pero la que decide cómo acaba el cuento según de qué lado se ponga.

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