Opinión | MIEL, LIMÓN & VINAGRE
Jorge Dávila
Cristiano Ronaldo, un general con alma de soldado

Cristiano Ronaldo.
Los generales no suelen morir en el campo de batalla. Salvo que sientan una atracción irrefrenable por hundir sus pies en el barro y los charcos de sangre, lo normal es que aguarden el devenir de un combate desde la retaguardia: viendo cómo los soldados se descuartizan desde lo alto de una colina, resguardados en un puesto de mando avanzado o en un despacho a miles de kilómetros de la contienda.
No es el caso de Cristiano Ronaldo. Él eligió el cuerpo a cuerpo hasta moldear su leyenda. A contracorriente, en el sentido opuesto al que avanzan las agujas del reloj, como si tuviera miedo a que se le escapara el tiempo. Con lo justo para sobrevivir a la pobreza de su São Pedro (Madeira) natal, con la angustia a que la anomalía cardiaca que le detectaron a los 15 años trastocara sus planes, con las dudas del niño que tuvo que hacer las maletas e irse a Manchester con Sir Alex Ferguson. Entonces ya estaba en el radar de clubes como la Juventus o el Barça, que, a su vez, pulía en La Masia a la mayor joya de toda su historia: Leo Messi.
Sí. El argentino y el portugués estuvieron a punto de compartir escudo antes de edificar una rivalidad que aún persiste, pero una buena historia siempre necesita un héroe y un villano, un ganador y un perdedor, un bueno y un malo... El lado en el que está cada uno lo deciden ustedes.
Entre CR7 y el 10 de la albiceleste se han colado invitados de generaciones algo más tiernas como Kylian Mbappé, Erling Haaland o Vinicius Júnior, pero nadie, ni siquiera el juvenil Lamine Yamal, ha sabido poner los cimientos de un duelo tan legendario como el que protagonizaron los ajedrecistas Kárpov y Kasparov, los tenistas Nadal y Djokovic o los velocistas Carl Lewis y Linford Christie.
Cristiano Ronaldo y Leo Messi se repelen como el aceite y el vinagre, pero los dos ingredientes son necesarios en una buena ensalada. Llevan décadas estudiando sus virtudes, sus puntos débiles, sus gestos... Saben que el uno requiere al otro para seguir redactando capítulos de un pulso que se extingue en los grandes escenarios internacionales. Ronaldo sabe que nunca lucirá en su laureada hoja de servicios una estrella de cinco puntas como la que conquistó Iniesta en Sudáfrica y Messi sigue ‘racaneando’ con Argentina una segunda que lo sitúe en una dimensión superior a Kempes o Maradona.
Los dos se han retroalimentado de una competencia que ha obligado a Messi a mirar por el rabillo del ojo lo que hacía Ronaldo y a Cristiano a ver por dónde andaba Leo. Pero ésa es otra historia, la de CR7 ha sido una larga carrera de obstáculos para sortear miserias, enemigos que solo vieron en él un rostro bonito [trabajado a golpe de cirugía para borrar las señales infantiles de un chico pobre de Funchal], un cuerpo esculpido con miles de sesiones de gimnasio y la ‘chulería’ de un ser que abanderó una frase de Alejandro Magno: «No hay nada imposible para aquel que lo intenta». Un líder, CR7 es un líder...
Ronaldo nunca ha sabido quedarse en un punto intermedio. Le ha costado vivir en ese lugar donde no hay ni frío ni calor; el espacio que suelen ocupar los que no arriesgan. Haga lo que haga, siempre habrá alguien que diga algo parecido a «¡Cristiano, ya la está liando!». Sabe que cualquier movimiento va a ser interpretado como una oportunidad para mejorar el marketing de su marca personal (y la de su compañera de vida, Georgina Rodríguez ), pero se encuentra en ese instante vital en el que lo apuesta todo a la idea de «para lo que me queda en el convento, mejor...».
Confiesa que ya le cuesta hacer máquinas en el gym, que en sus cuentas corrientes hay cash de sobra para no tener que arrastrase por un campo de fútbol, que sus inversiones inmobiliarias y capilares le han salido bien, que muchos sienten envidia de sus hazañas, de sus récords, de sus detalles con los menudos y con los que lo pasan mal... Incluso los que lo ridiculizan por ser incapaz de guiar a Portugal a la gloria mundial son conscientes de que «los cobardes agonizan muchas veces antes de morir..., pero los valientes ni se enteran de su muerte».
Todo parece indicar que su último baile con la seleçao das Quinas llegó ante España, país al que vino a competir en las filas del Real Madrid, eterno rival del Barça. Blanco y en botella: Cristiano Ronaldo estaba llamado a ser el enemigo natural de la mitad de un territorio curtido en mil batallas. De momento, quiere seguir goleando con los colores del Al-Nasser saudí. Y es que el general parece dispuesto a morir como un soldado sobre el verde. Obrigado.
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