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Joserra González de Zárate

Joserra González de Zárate

Portavoz de infraestructuras del PP en Les Corts

Cuando la política fabula

Arcadi España anuncia que el Gobierno aprobará 4.000 millones para la Comunitat Valenciana

Arcadi España anuncia que el Gobierno aprobará 4.000 millones para la Comunitat Valenciana / Europa Press

La política ha dejado de ser, en demasiadas ocasiones, el arte de convencer para convertirse en el arte de fabular. Ya no se trata de resolver los problemas, sino de construir relatos capaces de hacer verosímil lo que responde únicamente a intereses partidistas. Eso es precisamente lo que está ocurriendo con la financiación autonómica. El Gobierno pretende vender como un avance para todos un acuerdo concebido para satisfacer los compromisos adquiridos con ERC a cambio de la supervivencia parlamentaria de Pedro Sánchez.

Ese discurso ha sido asumido sin matices por el PSPV, empeñado en presentar a los valencianos el nuevo modelo de financiación como un avance histórico para nuestra comunidad. La estrategia es tan simple como eficaz: primero se lanza el titular; después se construye la coartada para sostenerlo. Los hechos pasan a un segundo plano. Lo importante es que esa versión termine imponiéndose a los hechos. Así han construido su discurso Diana Morant y Arcadi España.

Pero los hechos cuentan otra historia. Lo que el Gobierno presenta como un acuerdo de interés general nunca ha sido consensuado con las comunidades autónomas. Si realmente supusiera un avance, difícilmente habría suscitado el rechazo de la mayoría de los gobiernos autonómicos. Tampoco habría despertado las reservas de presidentes socialistas como Emiliano García-Page o Adrián Barbón, que han reclamado que una reforma de esta envergadura se negocie en el seno del Consejo de Política Fiscal y Financiera. No hay consenso porque, sencillamente, nunca se ha buscado.

No es un episodio aislado. La misma forma de hacer política reaparece en los llamados presupuestos "alternativos" de Diana Morant. También aquí importa más la apariencia que la credibilidad de las cifras. Lo que se presenta como un proyecto de gobierno no pasa de ser un catálogo de promesas construido sobre ingresos inexistentes y elaborado a partir del propio proyecto presupuestario del Consell, apropiándose incluso del trabajo realizado por los demás.

Porque un presupuesto no es un ejercicio de imaginación, sino un compromiso con la realidad. Nadie elaboraría un presupuesto familiar partiendo de 1.000 euros de ingresos y planificando gastos como si dispusiera de 3.000. Eso no es planificación; es una ficción. Exactamente igual ocurre cuando se prometen políticas públicas con unos recursos que sencillamente no existen. Claro que todo parece posible si se omite una parte esencial de la ecuación: quién paga la factura.

La señora Morant omite una cuestión esencial: gastar por encima de las posibilidades solo conduce a más deuda. La Comunitat Valenciana conoce demasiado bien las consecuencias de esa forma de gestionar. Ese mismo criterio lo aplicaron Vicent Soler y Arcadi España al frente de la Conselleria de Hacienda, sosteniendo las cuentas sobre unos ingresos que nunca terminaban de materializarse. También Diana Morant recurrió a esa misma lógica durante su etapa al frente del Ayuntamiento de Gandía. No es, por tanto, un episodio aislado, sino un modelo de gestión que Pedro Sánchez ha elevado a categoría de gobierno, hasta situar la deuda pública española en el máximo histórico de 1,74 billones de euros.

No nos llevemos a engaño. No estamos ante propuestas serias. Gobernar consiste en administrar con responsabilidad los recursos disponibles, no en construir cuentas de ficción. Y si hay alguien que simboliza las contradicciones del socialismo valenciano ese es Arcadi España. Durante años recorrió todos los foros denunciando la infrafinanciación que sufría la Comunitat Valenciana. Hoy, desde un despacho ministerial, guarda un silencio tan llamativo como conveniente. Antes exigía soluciones; ahora justifica los incumplimientos. Antes defendía los intereses de esta tierra; hoy antepone la supervivencia política de Pedro Sánchez.

Ese es el verdadero problema. El debate va mucho más allá de la financiación o de los presupuestos. Hablamos de una concepción de la política en la que la apariencia pretende sustituir a los hechos y la propaganda acaba ocupando el lugar de la gestión. Las fábulas pueden servir para ganar titulares. Pero gobernar exige algo mucho más difícil: enfrentarse a la realidad.

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