Opinión | El indignado burgués
La grave inmoralidad de ponerse enfermo

Alberto Núñez Feijóo y Antonio Garamendi, en una imagen de archivo, en el despacho del líder del PP en la sede del partido en Madrid. / PP / David Mudarra
Puedo hablar con conocimiento de causa porque, afortunadamente, en más de cuarenta años de vida laboral jamás tuve la necesidad de cogerme una baja médica. Solo en una ocasión dejé de ir a trabajar por romperme un brazo, aunque a los dos días estaba dando la lata en mi despacho. Total, la vida me la ganaba con el cerebro, y ese estaba sano. Según los datos, el 70 por ciento de los trabajadores españoles están en mi misma situación. ¿Por qué entonces este debate?
Es lo de siempre: busca un tema conflictivo, échale la culpa a alguien cercano y espera que se líe parda. A la ultraderecha siempre le funciona y le va de cine con esa estrategia. Lamentablemente, hay gente que se pone enferma o tiene un accidente y no puede ir a trabajar. Justamente para eso está el escudo social de las bajas laborales. Algo que se quiere cortar, porque la solidaridad social está mal vista por la sociedad liberal (o esclavista) que promueven algunos.
Son esas bajas que tanto parecen molestar a Feijóo y a Garamendi, el presidente de la patronal, ese individuo que cobra cerca de medio millón al año y que está en contra de la subida del salario mínimo. Feijóo tiene un problema y esta vez no es la lideresa: se mete en charcos que no conoce, no los explica bien, no da alternativas fiables y, con sus palabras, insulta a montones de trabajadores que tienen la desgracia de tener un cáncer o una pierna rota.
Estoy convencido de que calladito estaría más guapo y podría ganar elecciones. Solo con los errores del contrario tendría más que suficiente. Así, de esta manera, consigue resucitar a Sánchez y cargar de razón a votantes que no tienen ningún interés en mantener al actual Gobierno, pero que, ante la alternativa, cerrarán los ojos y que sea lo que dios quiera. Peinado, Feijóo et alii son los mayores proveedores de votantes para la izquierda. No me extraña que seres inteligentes de la derecha estén asustados por la posibilidad de que, ante errores propios de bulto, el ciudadano entregue de nuevo el bastón de mando al Perro.
Si quieres meter en el mismo saco todo, tienes a la Academia de la Lengua para avalarte, ya que el absentismo es la ausencia del trabajador de su puesto durante su jornada laboral, sea de forma justificada o injustificada, incluyendo también los retrasos. Es absentismo tanto quedarse en casa a tocarse los genitales a dos manos como las bajas médicas por enfermedad, accidentes, permisos retribuidos o licencias por maternidad y paternidad. O sea.
Está claro que para el concepto ultraliberal de la economía enfermar es una grave inmoralidad. No es cuestión de reducir su sueldo, es que deberían dejar de pagárselo y si el presunto enfermo quiere comer que se contrate un seguro privado que prevea estas contingencias, a ser posible con una empresa del novio de Ayuso. Como los directamente perjudicados son los compañeros de trabajo, que tienen doble labor, no me extrañaría que estos salieran con una estaca y una maza a rematar a los que están de baja. La ley de la selva en versión Feijóo/Garamendi.
Esto del estado de bienestar se nos ha ido de las manos. Hay que volver a aquellos tiempos más felices donde los trabajadores estaban calladitos y si se ponían malos disimulaban, no les fueran a poner de patitas en la calle. O, ya puestos, decretar de nuevo la vigencia de la esclavitud, el derecho de pernada, los siervos de la gleba que no se podían mover del entorno de su señor y, en resumidas cuentas, el poder omnímodo del amo. ¡O témpora. O mores!
Después de meter la pata hasta el corvejón, los palmeros populares han venido a decir que el asunto va únicamente contra los que se aprovechan del sistema y se quedan tan ricamente en casa. Si no fuera porque un médico es el que firma la baja y, se supone, no las concede como en la tómbola. Aunque también es verdad que, dada la privatización a marchas forzadas de la sanidad, ir a consulta en la pública puede demorar semanas cuando no meses. La última ocurrencia es pedir que, de forma más restrictiva imagino, la baja la firme un médico de la privada, al que, se supone también, amenazarían con las penas del infierno si se compadece del enfermo, algo que no pueden hacer en la sanidad pública.
No es una anécdota ni un error, es el mundo que se viene encima si los ultraliberales llegan al poder, que llegarán. Una sociedad sin derechos o con derechos restringidos, sacrificados en el altar de la cuenta de beneficios. Ya puestos les encantaría acabar con la sanidad universal y las pensiones públicas, porque eso de lo público les genera sarpullido. Siempre es mejor dar a ganar a los amiguetes que a ese ente abstracto que es el bien común. Y el que no pueda, o quede al margen, que se vaya a llorar debajo de un puente.
Acción/reacción es el principio inmutable de la física con aplicación a las relaciones sociales. Falta por ver cuanta acción es necesaria para que se produzca un estallido de reacción. Por lo menos ya sabemos que las conquistas sociales ni están garantizadas ni salen gratis. Otra cosa es que optemos por el suicidio.
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