Opinión | Una mirada a mi ciudad

Doctor en arquitectura
Refugios

Algunas de las principales calles del centro de Elche ya cuentan con toldos durante los meses estivales. / ÁXEL ÁLVAREZ
En los tiempos de zozobra que corren tenemos que volver a pensar en el asunto de los refugios para prevenir las nuevas crisis que nos puedan alcanzar. Para ello es necesario resucitar una política que parecía olvidada desde la última contienda civil. De nuevo, es momento para repensar en refugios contra la guerra, refugios contra inundaciones, incendios y también refugios contra el mero exceso de calor. Vamos hoy a centrarnos hoy en estos últimos, que deben garantizar espacios confortables, contar con accesibilidad universal y permitir el acceso al agua potable y a la seguridad para las personas mayores.
Algunas ciudades como Barcelona, Bilbao o Vitoria ya han comenzado a hacer previsiones sobre el calentamiento, con análisis de riesgos ambientales y medidas encaminadas a mitigar algunos efectos del calor sobre nuestras ciudades. La adaptación a las nuevas condiciones climáticas resulta hoy perentoria. Barcelona ha propuesto un simulacro de emergencia por calor excesivo en un periodo corto, con temperaturas en torno a 50º C.
Una de las medidas a implementar ante la situación producida por sucesivas olas de calor es la creación de lo que viene en llamarse «Refugios Climáticos». Son estos espacios donde poder protegerse tanto del frío polar del invierno como de los calores tórridos del verano. Aunque en la zona en que vivimos ya les digo que cuando ejercía de arquitecto y valoraba las condiciones climáticas pésimas para hacer previsión de las necesidades energéticas de un edificio, estas resultaban ser siempre las de verano. Nuestras ciudades y edificios que durante años debieron ser calentados para vivir confortablemente en invierno deben transformarse para poder refrigerarse en condiciones de estrés térmico.
Se ha comenzado en Elche una política urbana que se encamina en este sentido y que de momento afecta a la colocación de toldos en las calles y plantación de arbolado de sombra. Creo que se tratan de buenas medidas y que pueden incrementarse con la creación de refugios climáticos. Estor espacios deben poder ser controlados térmicamente y, a su vez, deben permitir el acceso en las horas de máximo agobio climático.
Pues bien, estos recintos pueden ser interiores o exteriores. Los espacios interiores son locales climatizados de acceso público. Podemos citar como ejemplos las bibliotecas o ludotecas, las salas de estudio o los centros cívicos. Mención aparte merecen los espacios destinados a las compras y que disponen de buenas climatizaciones. Una solución tradicional de las tardes de verano en Elche era ir al cine Capitolio que contaba con refrigeración. En la actualidad una tarde en l’Aljub o en El Corte Inglés es una buena solución. En cuanto a los jubilados, montarse en el transporte público refrigerado y gratuito también es factible.
Necesitamos espacios interiores que tengan una temperatura controlada que fluctúe entre los 21º para las olas de frío y los 26º para las olas de calor, aunque en los comercios pueden aparecer mayores oscilaciones. Pero lo más novedoso puede ser la creación de una red de espacios exteriores públicos que junto a una red de espacios interiores de fácil acceso permita la existencia de una estructura de conexión en red de refugios climáticos utilizables en caso de emergencia climática. Esta red de espacios en el exterior debe contar con arbolado de hoja caduca con sombra suficiente y a ser posible la existencia de agua circulando, en fuentes y en forma de vapor, y disponiendo de bancos y lugares de descanso.
Respecto a las calles, un tema importante es la consideración sobre la pavimentación. Tanto el asfaltado como algún tipo de pavimentos de piedra que disponen de gran inercia térmica, incrementan la sensación de calor emanada. El bochorno se agrava con el hecho de que algunos locales comerciales lanzan directamente sus restos de calor a la calle. Es necesario repensarse el pavimento de algunas calles peatonales realizadas con elementos de malas características caloríficas. Hay que tener en cuenta que cualquier espacio hecho de tierra plantado de especies vegetales mejora la calidad térmica del entorno. En cuanto al aire acondicionado, es necesario instalarlo en las cubiertas.
En definitiva es importante frenar el efecto isla de calor y adaptar nuestra ciudad a las condiciones de unos veranos cada vez más calurosos, en los que la incidencia de la temperatura marina nos lleva a disponer de altas temperaturas diurnas y nocturnas. Necesitamos bajar la temperatura de nuestras ciudades, refrigerar las calles con conducciones de agua fresca y dotar de sombra toda la ciudad. Es curioso que me haya pasado la vida profesional recomendando la pavimentación y el asfaltado de calles y parcelas para acabar en la jubilación pidiendo conservar la tierra y mejorarla con plantaciones que alivien el calor.
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