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Opinión | Tribuna

Todos los ojos en el TC

Fue la estafa del retraso de la amnistía el principal motivo de la ruptura de Junts con el PSOE, si bien el resto de incumplimientos no eran menores

El expresident de la Generalitat, Carles Puigdemont, en un acto celebrado en 2024.

El expresident de la Generalitat, Carles Puigdemont, en un acto celebrado en 2024. / David Zorrakino - Europa Press / Europa Press

¿A qué juega el Tribunal Constitucional, o, dicho en propiedad, a qué juega Conde Pumpido? La pregunta es especialmente inquietante a tenor de la enorme distancia que hay entre las palabras de los líderes socialistas, a raíz de la sentencia del TJUE, y la dirección contraria en que andan los hechos. Desde siempre, la cuestión de la amnistía ha sido partida por esta dualidad, que se ha repetido desde el mismo acuerdo de investidura. Y ahora vuelve en el momento final.

Hagamos la cronología. Por un lado, el acuerdo de investidura nos regaló proclamas grandilocuentes y discursos bienaventurados que surgían de los portavoces oficialistas, y que convertían la amnistía en la quintaesencia de la bondad socialista. La España plural, la reconciliación y etcétera. Mientras la otra España, la oscuridad, la que se parapetaba detrás el Supremo, mantenía el rictus de la venganza, la que surgía de la investidura se vestía de concordia y se preparaba para cerrar el proceso represivo derivado del Primero de Octubre. Buenas palabras en bocas de los que, poco tiempo antes (desde Illa hasta Sánchez), habían repudiado la amnistía y se habían conjurado en culminar el castigo que el PP no había finalizado. Pero querían la presidencia y, ante el poder, poco importaban las convicciones. Aun así, desde aquel mismo instante en que una nueva retórica inflamaba los corazones políticos, los hechos la desmentían sin rubor. De repente aparecía Zapatero, Conde Pumpido, sus conversaciones en el Santo Mauro... y, con habilidad de trilero, la bolita de la amnistía se retrasaba una y otra vez. Se acumularon las promesas, pasaron los meses, se incumplieron las promesas y cuando finalmente el TC avalaba la amnistía, maese Pumpido se sacó una nueva carta de la manga: decidía esperar al Tribunal Europeo. ¿Por qué? Y la pregunta es pertinente dado que, como que no había razones jurídicas (si la amnistía estaba avalada, quería decir que el TC no consideraba ninguna lesión a los intereses europeos), solo podía haber razones políticas. Y así, nuevamente, Sánchez ganaba tiempo mientras tomaba el pelo en las reuniones de Suiza. Cómo he explicado en estas páginas, fue la estafa del retraso de la amnistía el principal motivo de la ruptura de Junts con el PSOE, si bien el resto de incumplimientos no eran menores.

Y la estafa continúa, a pesar de la sobredosis de cinismo político que inunda las declaraciones políticas. En 'can socialista' dicen que están todos muy contentos y el gurú Redondo proclama, desde las páginas de 'La Vanguardia', que es hora de “recuperar a Junts”, por todo aquello de la España plural, la mayoría progresista y el resto de la letanía. Es decir, para intentar mantener a Sánchez en la poltrona. Pero toda esta bondad retórica vuelve a enfrentarse con el hecho que el TC no tiene ninguna prisa y se permite el lujo de irse de vacaciones sin cerrar el proceso, con un horizonte que nos aleja meses. Es decir, que prolonga innecesariamente el sufrimiento y la vulneración de derechos de más de un centenar de represaliados que tendría que hacer dos años que están amnistiados. ¿Por qué? Y nuevamente, si no hay motivos jurídicos, solo puede haber razones políticas. Todo es tacticismo. Tacticismo chapucero, de brocha gorda, hilando fino para ver qué jugada les resulta más beneficiosa.

En este caso parece que confluyen dos objetivos de la Moncloa: uno, que el Supremo se pronuncie antes que el TC, tal vez con la esperanza que intente alguna última fórmula para evitar la amnistía, y así ganar crédito ideológico, en línea de la tesis de Redondo. La buena y la mala España, y etcétera. Claro que podría pasar el hecho hasta ahora inverosímil que el Supremo se avanzara y acatara la sentencia, no en vano el PP ya no tiene interés en la confrontación con Junts. Sería una jugada notable que dejaría el TC con el paso cambiado. Y si este objetivo parece claro, el segundo es meridiano: Sánchez necesita tiempo para gestionar el retorno de Puigdemont y conseguir que sea un retorno que le resulte beneficioso. Cuando más tarde este retorno, más tiempo tiene Sánchez para vender promesas, endulzar argumentos y rehacer puentes, convencido que, si Puigdemont vuelve ahora mismo, no hay ni un solo puente por rehacer.

Y es así como el TC juega con la vida y los derechos de más de un centenar de personas. No son razones jurídicas, son intereses políticos.

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