Opinión | Tribuna
La policía educativa

Archivo (22/07/2026).- El president de la Generalitat, Juanfran Perez Llorca, saluda al sindic de Vox, José María Llanos, al finalizar el pleno de Les Corts Valencianes que ha aprobado con los votos del PP y Vox los Presupuestos de la Generalitat para 2026, los terceros de esta legislatura y los primeros de Juanfran Pérez Llorca como president, y que ascienden a 33.305 millones de euros. EFE/Ana Escobar / Ana Escobar / EFE
Vox se nos ha descolgado en la Comunidad Valenciana con una propuesta de las suyas. Una propuesta fascista. Piden, o proponen, o quieren o exigen (según la capacidad de maniobra que tengan) que se cree algo así como un nuevo cuerpo policial para vigilar al profesorado, para supervisar los materiales didácticos y las actividades extraescolares. Lo que que tienen que hacer esos vigilantes es vigilar al profesor o a la profesora que utilice la cátedra para adoctrinar a los alumnos, para exponer su ideología y hacer proselitismo. Lo que buscan es “neutralidad ideológica”. Eso de lo que ellos hacen gala. Porque, como el lector o lectora entenderá, esa es una enmienda que nace de la “neutralidad ideológica”. Porque la gente de Vox es muy neutral.
Decir “policía educativa” es como decir “nieve frita”. Si se llama educativa debería ser porque educa a quien hace lo que tiene que hacer y a quien esta destinado eso que hace. Pero si es policía no está para educar, está para controlar, para vigilar, para delatar y para que se pueda sancionar y detener las actuaciones indeseables.
¿Por qué no se le ocurre a Vox montar una policía política destinada a vigilar si los parlamentarios dicen estupideces, insultan, mienten y agreden al adversario? ¿Por qué no vigilar si cumplen lo que prometen, si su partido hace propuestas que beneficien a la ciudadanía, si votan contra medidas que son beneficiosas para el pueblo, si respetan la democracia en el funcionamiento del partido?
¿Con qué criterios tendría que actuar esa policía en las escuelas? Con los criterios de Vox porque, para ellos, no hay otros criterios ni sensatos ni decentes. ¿Y, ¿cuáles son esos criterios? Vox pretende que el profesor de matemáticas no se salga de las sumas y las restas y el de lengua de las oraciones coordinadas y subordinadas. Es decir, que los profesores tienen que salir de la vida y meterse en los libros de texto.
Vox olvida que nosotros no tenemos que hacer repetir los libros de texto sino que tenemos que ayudar a comprenderlos y, en su caso, a criticarlos. Tenemos que enseñar a los alumnos y alumnas a pensar (no qué pensar). En la escuela tenemos, además que enseñarles a convivir.
En los últimos años de la dictadura franquista impartía yo clases de filosofía en el Instituto San Pelayo de Tui (Pontevedra). Un buen día el comisario de policía me llamó por teléfono y me dijo:
- ¿Es cierto que ha dicho usted en la clase que los sindicatos verticales son injustos, estúpidos e irracionales?
- Sí, no sé si con esas palabras o con otras parecidas.
- ¿Es eso lo que dice el libro de texto?
- No, señor comisario, el texto dice exactamente lo contrario.
- Sepa que su deber es que los alumnos repitan lo que dice el libro de texto.
- Pues no, señor comisario, mi deber no es hacerles repetir el libro de texto sino ayudarles a criticar lo que dice el libro de texto, a descubrir las trampas, los errores, los disparates que dice ese libro.
Mi deber es dotarles de un buen detector de mentiras.
Había fundado yo un Cine Club Juvenil al que se inscribieron todos los alumnos y alumnas del Instituto. Ellos presentaban las películas y dirigían el cineforum. Pues bien también tenía al comisario encima. Un día me llamó para decirme:
- Ha proyectado usted para los jóvenes una película que está calificada como gravemente peligrosa (era Dulce pájaro de juventud). Usted no puede programar una película como esa.
El Director del Instituto, Don Veremundo, me pidió que le acompañase para pedir disculpas al Comisario por los constantes conflictos. Me negué en un principio pero, como el conflicto lo tenía el señor comisario conmigo, me insistió tanto que decidí acompañarle con unacondición: yo no abriría la boca.
- El Director, una vez sentados en el despacho, inició la sesión pidiendo disculpas al comisario que dijo que era obligatorio cumplir las leyes. Todo iba bien hasta que el comisario, dirigiéndose a mí, dijo:
- Usted está muy callado. ¿Es que no está de acuerdo?
- Pues no, señor comisario.
- ¿Usted cree que esto es como una tribu de África en la que cada uno hace lo que le da la gana?
- Ojalá, señor comisario. Yo prefiero esa tribu a otra en la que todos tenemos que hacer lo que nos mande uno solo.
La entrevista terminó de forma abrupta, con mi Director conmocionado y con la advertencia que me dirigió el señor comisario:
- Métase usted en el carril porque si no lo hace le va a ir muy mal.
- Señor comisario, yo tengo mi carril y voy a seguir por él porque me gusta más que el suyo.
Eso pasaba en los años 1972-1973 y 1973-1974. Eran los estertores de la dictadura. Era una localidad pequeña en la que todos nos conocíamos. Ya no era tan dura la represión.
Así funciona una dictadura. Así propone Vox que funcionemos en las escuelas. Esta propuesta me ha traído a la mente aquella increíble y dolorosa experiencia.
En la escuela celebramos el día de la paz, y el día del medio ambiente, el día del libro, el día del cáncer… En la escuela tenemos que enseñar a respetar al prójimo y enseñarles qué es la solidaridad y la compasión.
No se trata de que los alumnos puedan definir los conceptos sino de que sepan practicarlos, de que sepan vivirlos.
A Vox tenemos que recordarle que en la escuela hay un equipo directivo y en el sistema educativo hay un cuerpo de inspectores y de inspectoras que tienen, entre otras misiones, la de supervisar las prácticas docentes.
Lo que necesitamos los profesores no son policías sino personas que apoyen, que ayuden, que colaboren, que respeten la tarea educativa.
Decía Theodor Adorno que el fin de la escuela es que no se repita Auschwitz. Pues ya ve el señor Abascal que algo está fallando porque hemos visto repetido el exterminio nazi de una forma agravada ya que el genocidio de Gaza se ha televisado a todas las casas del mundo, mientras que nadie pudo ver lo que pasaba en las cámaras de gas.
La escuela, señores y señoras de Vox, no tiene la exclusiva misión de enseñar polinomios y ecuaciones, las guerras púnicas o la obra de Quevedo, tiene el deber de preparar a los alumnos y a las alumnas para la vida, la obligación de formar cumplidos ciudadanos. Tiene que enseñar a pensar y enseñar a convivir. Ese deber exige conocer lo que es el fascismo y cómo se puede, en una escuela democrática, evitar que acabe con nuestra libertad y nuestros derechos. Me temo que es eso precisamente lo que quieren vigilar y controlar sus policías.
Si sobra el dinero, pongan dos profesores en el aula, pongan aire acondicionado en las aulas, pongan orientadores y orientadoras en todas las escuelas y déjense de introducir un policía en cada aula para atentar contra el derecho de libertad de cátedra, para coartar la libertad de expresión de los profesores y profesoras y para impedir que no se critiquen sus ideas y sus prácticas fascistas.
Parece mentira que nos vengan ahora con esas mientras admiran al dictador que durante casi medio siglo obligó a que figurase en el currículum una asignatura denominada Formación del Espíritu Nacional.
Vox sostiene que en la escuela haya clases de religión. ¿Y qué pasa en esas clases? ¿Hay en ellas adoctrinamiento? Pues sí, hay adoctrinamiento del que le gusta a Vox. Y entonces ya no hay problema. ¿Los Colegios privados y concertados se limitan a explicar matemáticas o tienen un ideario que procuran llevar a la práctica?
A Vox le preocupa mucho la opción de los padres y de las madres y quieren que sean ellos quienes decidan si está bien o está mal lo que dicen o hacen los profesores en las aulas, pero solo de quienes piensan como él. Entonces ya no se produce adoctrinamiento. Si un grupo de padres y madres quieren que en Cataluña los profesores expliquen y propongan a los alumnos por qué es importante ejercer el derecho autodeterminación, ¿apoyaría Vox la creación de un Colegio concertado en el que se difundieran y cultivaran estos conceptos, estas actitudes?
Les voy a recomendar un libro, a ver si abren los ojos y la mente. Lean, que les hará mucho bien, el libro de Enrique Díez Gutiérrez, profesor de la Universidad de León, titulado "Pedagogía antifascista". Construir una pedagogía inclusiva, democrática, y del bien común frente al auge del fascismo y la xenofobia”. Léanlo, aunque solo sea para comprobar que hay otras formas de pensar distintas a la suya.
Este tipo de iniciativas nos tienen que abrir los ojos. Si Vox alcanza el poder con el PP habrá policía educativa, habrá pin parental, habrá restricciones y cortapisas para la libertad de cátedra, habrá condena de la coeducación, habrá negación de la violencia machista, habrá negación del cambio climático, habrá prioridad nacional, habrá xenofobia… ¿Es eso lo que queremos?, ¿es eso lo quie estamos buscando?, ¿es eso lo que votaremos como país…? Si no nos espabilamos, tendremos lo que merecemos.
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