La tragedia de la isla de La Palma, que hasta hoy ha arrasado más de 900 viviendas, ha calcinado los cultivos de plataneros y hortícolas y lo que todavía más grave ha dejado un número no conocido de palmeros, sin su pasado, sin presente y con un futuro incierto.

Para tratar de ayudar a resolver esta situación, que con la inseguridad de conocer cuando la erupción volcánica se terminará y cómo quedará la parte afectada de La Palma, se han de buscar las acciones que ayuden a paliar no solo de tipo económico, de incalculable cuantificación, también de tipo social por los efectos de orden psicológico y de repercusión afectiva.

Se han de buscar soluciones que deben partir no solo anunciando cifras numéricas, sino aportando ideas y proyectos generando riqueza que creen alternativas a la tragedia en la que quedará la isla y sus habitantes.

Se ha de partir de la reubicación de los afectados, buscando nuevos lugares, si es posible en zonas de La Palma, no arrasadas por el volcán, donde construir asentamientos para que los afectados se sientan en su entorno natural iniciando una nueva vida.

Si no se llegara a alcanzar los objetivos, para el mayor número de afectados, localizar en el resto de las Islas, zonas donde crear otros asentamientos con programas de cultivos y de viviendas.

Otro grupo de afectados, por su edad, condiciones familiares, y estado de salud, deberán pasar a clases pasivas, percibiendo una pensión asistencial digna.

Si fuera necesario se construirá residencias para los que precisen esta ayuda.

Creo que mi sugerencia, llevando previamente de los estudios y proyectos necesarios, es económicamente más viable que hablar sin concretar de cifras de millones de euros.

El Estado y el Gobierno de Canarias dispone de los funcionarios necesarios y capacitados para proyectar las acciones necesarias.