Se habla mucho de perspectiva de género, pero hay un ámbito que siempre se olvida. Hablo del urbanismo, de la forma en la que se planifican nuestras ciudades. Muchas veces el entorno urbano se convierte para nosotras en un lugar en el que parecemos no tener cabida.

Para poner solución a este problema las administraciones deben reconocer que existe una desigualdad y analizar qué necesidades tenemos las mujeres y darnos voz a la hora de diseñar los espacios urbanos.

Para entenderlo basta con un ejemplo muy sencillo: qué zonas se iluminan más y qué zonas se iluminan menos. En un viaje de trabajo, unos compañeros se extrañaron cuando salimos a correr por una zona poco iluminada y nosotras les dijimos que nunca lo habríamos hecho de no ir acompañadas.

Son desigualdades obvias para nosotras pero que los hombres nunca se han planteado. Y en demasiadas ocasiones los urbanistas, arquitectos o ingenieros que diseñan nuestras ciudades son hombres. Y es algo que no solo pasa en los pueblos o en las ciudades pequeñas.

Está bien poner el foco en la perspectiva de género en el trabajo, la educación o la salud, pero no podemos dejar de lado la planificación urbanística porque todas y todos utilizamos por igual (aunque de forma desigual) los espacios públicos. Y todas y todos deberíamos tener el mismo derecho.