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Cartas de los lectores

Apagón y paso atrás

Apagón y paso atrás.

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Antonio Alaminos López

Antonio Alaminos López

Pasó el apagón, también, y volvimos por unas largas horas a la era analógica. Antes la pandemia, el volcán, la borrasca Filomena, la dana, las guerras cercanas, falleció el papa (algo previsible con su edad y dolencias, d.e.p.), etc… Debe haber un gafe suelto, o varios… Pero nadie asume nada de lo asumible. Lo de cometer y admitir faltas parece algo anticuado. Un joven preguntaba en un medio si antes la gente metía la pata tanto como ahora. Lo decía porque sus referentes sociales lo habían defraudado muchas veces. El chico no entendía nada. En su estrenada plena juventud creía en el bien para siempre. ¿Lo verdadero y duradero sigue existiendo? En la conversación surgía la influencia de las series, las redes sociales y el ambiente superficial que rodea por todas partes. Si alguien se queja de sus amigos, de sus partidarios políticos, y más de los contrarios, la respuesta muy frecuente es mandarlos a la porra. Que los aguante su madre y ya encontraré otros. Que nadie me amargue la vida. Hablaron de ejercer el trabajo y la actividad política con honradez y reglas profesionales, pero se oye decir mucho: aprovéchate, lo que es del Estado no es de nadie, siendo de todos, un día es un día… Así sucesivamente.

La sociedad ha olvidado las faltas, han sido guardadas en el baúl de los recuerdos. Incluso, cuando algo remuerde un poco la conciencia, se corre la cortina mental diciendo, faltas, lo que se dice faltas personales, no hay. Como mucho, las que denuncian los medios... Para esas faltas, sí, la ciudadanía quiere sólo condenas y penas ejemplares. El dedo acusador está siempre dispuesto a señalar, pero continuamente al otro. Es de admirar cuando se reconocen con valentía las faltas y se pide perdón, sin eufemismos, sin culpar a los demás. Siendo amables y pacientes, con propios y extraños, sobre todo, con quienes necesitan más comprensión y ayuda. Y cumpliendo los deberes como ciudadanos ejemplares del primero al último. Es el camino para recuperar la alegría social y personal.

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