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Cartas de los lectores

La adicción a las potestades

La adicción a las potestades

La adicción a las potestades / FDV

Antonio Alaminos López

Antonio Alaminos López

En los últimos años han empezado a proliferar adicciones que no son a sustancias, sino a comportamientos, en especial a la potestad, es decir al poder. Y coincide en el tiempo con el uso excesivo de aparatos digitales. Es como un efecto secundario de una sociedad sobrestimulada. La potestad, el poder político, es una vieja adicción del comportamiento, que se ha desplazado, en buena parte, al ciberespacio. La evolución dentro del aumento general de las adicciones, ha sido ayudada por la politología para pasar desde la fontanería institucional hasta la ingeniería informática de redes.

¿Qué está pasando? Parte del crecimiento se debe claramente a la rápida expansión de conductas compulsivas que no existían en tiempos predigitales. De todas formas, no se debe emplear el término adicción con ligereza. Los rasgos son, uno, fuerte ansiedad por usar las redes para lanzar o para contestar mensajes, dos, la necesidad de dosis de mensajes cada vez mayores o más frecuentes para obtener la gratificación deseada o eliminar el malestar, y tres, sentirse incapaz de dejar el hábito, pese a las consecuencias perjudiciales que le acarrea en distintos ámbitos de la vida, en este caso en las relaciones con otras personas… La mayoría no son adictos, no pasan de tener un uso excesivo-compulsivo más o menos marcado.

De ahí que la cuestión de cómo moderarse se está volviendo cada vez más importante en la vida moderna. Se puede empezar por restringirse, o apartarse de las tentaciones, dicho en lenguaje llano. Hay más remedios. Retrasar la conducta, para dar tiempo a que se atenúe el impulso sentido, frecuentar entornos naturales, sin tecnología, hacer ejercicio o caminar, meditar, cultivar la vida de familia y la amistad, tener aficiones, dedicarse a actividades creativas o solidarias. Quienes logran liberarse de una adicción comportamental o de una conducta compulsiva descubren todo lo bueno que estaban perdiéndose. Habían caído en el lado oscuro de la sociedad del bienestar.

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