Cartas de los lectores
Líneas de colores

Líneas de colores / Shutterstock
Ya hace años que comenzaron a proliferar las llamadas líneas rojas. Eran para no saltarlas. Y se han saltado casi todas, por no decir todas. Conclusión, que no sirven nada más que para dar titulares de noticias. Aunque su uso frecuente es una tendencia relativamente reciente, el término se refiere a un fenómeno político bien conocido: prevenir un evento o suceso que se considera inaceptable.
A lo mejor si las líneas fueran de otros colores -verdes o amarillas o rosas o azules- las cosas serían diferentes. Lo más efectivo en cuestión de publicidad y noticias con una línea de color fue la campaña de RENFE, que 1982 decía, con su pegadiza musiquilla: «Chucuchucuchú… saca tus billetes en un día azul… en un día azul y con cheque tren, cuestan mucho menos los viajes en tren…».
El subidón con las líneas rojas surgió en los Estados Unidos como una manifestación antirracista sobre las desigualdades educativas y las viviendas entre los grupos sociales desfavorecidos. Teniendo un antecedente muy anterior con la historia de la ley seca, vigente en allí de 1920 a 1933. Cuando el negocio de las bebidas alcohólicas pasó a la clandestinidad. Y la prohibición tuvo un efecto interesante: al retirar los licores de las tiendas y hacerlos más difíciles de obtener, el alcoholismo experimentó un fuerte descenso.
Pero aquí y ahora, la abundancia de líneas rojas, sin saltar o saltadas, se convierte en tentadora ya que al difundir su mensaje, generalmente de tipo político-apocalíptico, tienen en particular dos peligros: buscar la satisfacción rápida de quien la dibuja y, al mismo tiempo, tolerar su frustración cuando no se encuentra una respuesta inmediata. Son dos trampas peligrosas que estimulan el exceso y la repetición.
Esto suele desencadenar el proceso de segregar dopamina, a veces llamada la «molécula del placer», que en realidad es más bien la de la motivación. Quizá así se explica, en parte, que las encuestas encuentren más ansiedad en las líneas rojas, que en las verdes, rosas, amarillas o azules. Según se intuye, la posible expansión de colores en las líneas podrían acrecentar las inquietudes electorales y sería fácil caer en querer cantar… «chucuchucuchú»…
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