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Cartas de los lectores

La ciudadanía tiene que hablar en las urnas

Feijóo: "Quiero convocar un congreso con el objetivo de preparar el partido para hacer frente en las urnas a Pedro Sánchez"

Sara Fernández

Antonio Alaminos López

Antonio Alaminos López

La frase se escucha a todas horas estos días en la calle y en muchos medios: «la salida a este bloqueo institucional es dar voz a la ciudadanía». Se refiere a que votar es fundamental para que el personal, ahora, haga oír su voz, influenciando así el rumbo de la sociedad, sin miedos, y dando su opinión sobre las acciones de sus representantes en el parlamento.

Con lo que está sucediendo en España, en muchos países de Europa ya se estaría pidiendo la opinión en las urnas a la ciudadanía. Si no se hace así es una vergüenza que se suma a las demás desvergüenzas que se han vivido y las que se están sabiendo. Es momento de escuchar al pueblo y de que ejerza su poder político, porque los graves acontecimientos que se están conociendo, y lo que queda por oír, ver y leer, es deslegitimador para muchas personas. 

Según el artículo 23.1 de la Constitución Española, “los ciudadanos tienen el derecho a participar en los asuntos públicos, directamente o por medio de representantes”. La influencia de diversos grupos de interés y poderes en la toma de decisiones políticas, en los vergonzosos hechos de la actualidad, hace que crezca la desafección e indignación de la ciudadanía, como una respuesta creciente.

Ante los acontecimientos conocidos, el voto de la ciudadanía no debía mantenerse en el congelador, mientras, instituciones públicas, pueden ser, se está viendo ahora y se ha visto en el pasado, manejadas, manipuladas, alteradas y desvirtuadas por algunos políticos.

No se trata solamente de hablar con amigos y vecindario, de seguir medios o redes. Eso es importante. Pero, siempre, lo que urge es desintoxicar la parte corrompida del mundo de la política y limpiarla. Que la Ley Electoral no se convierta en un freno a la convivencia y bienestar de todos. Que algunos hombres y mujeres no sigan dando el salto a la política como un mero sitio de oscuros beneficios personales. La democracia sufre y la ciudadanía no merece quedar a merced de los flautistas de Hamelin.

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