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Cartas de los lectores

Petro Sánchez, el ninot indultat

Diana Morant observa un ninot de Pedro Sánchez en una hoguera

Diana Morant observa un ninot de Pedro Sánchez en una hoguera / Héctor Fuentes

Tomás Salinas García

Dos cositas, para qué más. La primera, amena y festiva, es una cuestión de tiempos. Llega tarde el miembro incorrupto del PSOE (así se vende el personaje) para conquistar sin duda alguna el trono de Ninot Indultat del 2025. Se le ha pasado el arroz. Y eso que de cartón piedra es el muñeco. O, al menos, su rostro. Maquillado por un catedrático en tanatoestética, el pseudo-cadáver político aparece patético en su aspecto y en su comportamiento. Trágico y cómico, podría haber huido de la hoguera que le rodea por los cuatro costados argumentando su ignorancia como aval, a la par que revolviéndose en el ataúd antes de penetrar en el horno crematorio. Un gobernante irresponsable y sin principios (el Times dixit) que, con tal de salir entero de las voraces llamas, hipoteca al país, a su partido y a quién se le ponga en ristre. Todo un ejemplo a seguir, merecedor de salvarse del fuego purificador.

Y es que se muere por seguir él, y sólo él, enquistado en el poder. El resto que se consuma, con las manos calcinadas, pido disculpas a la ciudadanía, cómprame esta estampita, soy tonto y me acuesto a las ocho sin cenar. Pobrecito de mí, dame algo para comer. En esas se habría posicionado el caballero largo con el objetivo de escapar libre de la quema. Y para ello, no hubiera existido problema, todo estaría previsto. Si hubieran faltado un par de papeletas para obtener el perdón, frescas aparecerían tras una cortinilla. Pero, lástima, el ninot indultat ya tiene dueño…

La segunda, definitoria. Petro Sánchez hace honor a su nombre. De piedra es. Pero de talco, se la araña con la uña y se le ven las vergüenzas nada más rozarle. A cada paso que da se le van cayendo trozos, se descompone sólo con respirar cerca de él. Desmembrándose día a día, Petro no se sostiene, le sostienen los palmeros agradecidos, los adosados a su clientelismo, los beneficiados de su nepotismo, aquellos que huelen el final muy próximo y que han fiado su suerte a la del demócrata mayor del reino.

Y termino ya. Petro, el megalómano, desea, y así va a ocurrir, pasar a la Historia. Pero no como lo sueña, por su buen gobierno, ni de coña. Lo hará por alto, por enjalbegado como una puerta, por felón, por mentiroso, por irresponsable y, aplicar “supuestamente” a todo lo que aquí hay escrito, por el hedor que desprende.

¡Ah!, por cierto, que no se me pase, apostillo con esto. Una reflexión. Si metes en un coche al “Jaro”, al “Torete” y al “Trompetilla”, difícil es que el “Vaquilla” no se entere de nada. En verdad, es que no hay manguera ni agua que le proteja. Yo no sé vosotros, pero a mí no me gusta que me tomen por idiota. Y menos un ninot de talco.

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