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Cartas de los lectores

«¿Nos roban el trabajo?»

«¿Nos roban el trabajo?»

«¿Nos roban el trabajo?»

Miguel Buendía Muñoz

Antes de partir de viaje con sus amigos, Álvaro aparca en la acera de casa de su abuela: debe entregar a Zoe, su cuidadora colombiana, el sobre con los 1.000 € que cobra por trabajar interna los siete días de la semana. Al mediodía, los amigos paran a comer en el Asador Piel de Toro, donde les atiende una chica rumana, Anca, que vocea su comanda («¡Parrillada para cuatro!») a Abdou, el joven senegalés que trabaja en la cocina. Después, cerca ya de su destino, les sorprende una larga hilera de jornaleros con chalecos naranjas, la mayoría magrebíes o subsaharianos, serpenteando la carretera bajo el sol tras finalizar su agotadora jornada laboral en los campos de melones. Los cuatro amigos pasan la tarde dándose un bañito en las playas del Mar Menor y, al caer la noche, se aprestan a cumplir su objetivo. Aparcan en las afueras del pueblo y a pie, encapuchados y armados con bates de béisbol, se dirigen al Barrio de San Antonio. Al llegar, arropados por unas decenas de patriotas venidos de varios lugares de España, avanzan vociferando su consigna: «¡Fuera moros de Torre-Pacheco, fuera emigrantes de España, por robarnos el trabajo!»...

¿Nos lo roban? Dado que Álvaro deseará cuidar de su abuela, ¿de qué querrán trabajar sus amigos: de camareros o en el fogón del Asador, quizás de jornaleros? Seguramente, sin expulsar a nadie, podrían ocupar cualquiera de esos puestos de trabajo.

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