Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Secciones

Carta de los lectores

Financiación y vasallaje: la culpa de los nuestros

Financiación y vasallaje: la culpa de los nuestros

Financiación y vasallaje: la culpa de los nuestros

Julio Martín García de Blas

El análisis de Juan R. Gil en su artículo “Otra oportunidad perdida” (10/01/26) es certero en lo macro, pero omite una llaga sangrante: la responsabilidad subsidiaria y cómplice de la clase política regional de ambos colores. El problema no es solo un sistema de financiación injusto —que lo es—, sino que la estructura de incentivos de nuestra partitocracia ha convertido a los representantes valencianos en meros gestores de su supervivencia política en lugar de defensores del bienestar ciudadano.

Tanto el Botànic como el PP han recurrido sistemáticamente a presupuestar ingresos ficticios. Esta irresponsabilidad hipoteca el futuro de las próximas generaciones. El mantra del "infrafinanciamiento" se ha convertido en el comodín perfecto: si la sanidad colapsa o las listas de dependencia son eternas, la culpa siempre es de Madrid. Esta excusa les permite eludir su responsabilidad sobre la ineficiencia propia, la hipertrofia de la administración paralela y el mantenimiento de chiringuitos que no aportan valor.

Pero la hipocresía alcanza su cénit en el Congreso: tras rasgarse las vestiduras aquí, esos mismos políticos votan en Madrid, sin pestañear, presupuestos que castigan a la provincia de Alicante situándola a la cola de la inversión nacional. Priorizan la disciplina de partido sobre el ciudadano que les paga. Unos (PSOE) callan ante los agravios con Cataluña para no molestar a la Moncloa; otros (PP) usan el victimismo solo cuando están en la oposición, olvidando sus exigencias cuando sus jefes ocupan el poder.

La "oportunidad perdida" no es solo un fallo de Sánchez o Feijóo; es el éxito de una clase política regional que vive del problema y de una ciudadanía que, con su voto, valida este teatro de mediocridad. Mientras sigamos eligiendo "lo menos malo", seremos cómplices de nuestra propia decadencia. El voto en blanco en las próximas elecciones debe ser el grito que les diga que no aceptamos ni su servidumbre ni nuestra propia desidia.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents