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Carta de los lectores

Activismo ciudadano

Los vecinos del barrio de San Gabriel se concentran para pedir un quinto médico y un segundo pediatra

Rafa Arjones

Julio Martín García de Blas

He leído con interés los recientes artículos del Sr. Gómez Gil sobre el activismo ciudadano, que invitan a una reflexión necesaria sobre la evolución de la participación cívica en nuestras ciudades. Comparto la importancia histórica que tuvieron las asociaciones vecinales surgidas en los últimos años del franquismo y durante la Transición como auténticas escuelas de democracia y compromiso colectivo.

Sin embargo, quizá convenga añadir un elemento histórico que ayuda a comprender la situación actual. Tras la Transición, muchos dirigentes del movimiento vecinal pasaron a ocupar responsabilidades políticas e institucionales. Aquel proceso fortaleció sin duda la nueva democracia, pero dejó a la sociedad civil sin parte de sus líderes más experimentados justo cuando debía consolidarse como un contrapoder autónomo. El activismo fue transformándose progresivamente en interlocución institucional, a menudo vinculada a estructuras administrativas y subvenciones públicas, perdiendo parte de su impulso crítico original.

No es casual que en 1992 Joan Manuel Serrat reflejara ese desencanto generacional en Utopía, un disco leído entonces por numerosos intelectuales —entre ellos Manuel Vázquez Montalbán— como una advertencia sobre la institucionalización de los ideales. En la canción "Utopía", Serrat formuló una crítica especialmente lúcida a quienes, tras perseguir una utopía transformadora, terminaban convertidos en "funcionarios del negociado de sueños".

A mi juicio, ni el capital, ni las redes sociales ni las nuevas tecnologías son enemigos de la democracia; también han abierto nuevas formas de movilización y control ciudadano. El verdadero desafío consiste en adaptar el activismo a estos cambios sin convertirlo en prolongación de proyectos partidistas ni en simple instrumento de confrontación política.

Tal vez el debate actual no deba centrarse únicamente en señalar responsables, sino en recuperar una sociedad civil verdaderamente independiente, plural y capaz de pensar la ciudad más allá de los ciclos políticos.

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