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Cartas de los lectores

En el umbral del olvido

En el umbral del olvido

En el umbral del olvido

Carlos Andrés Romero López

La espiritualidad occidental representada por el cristianismo promocionó una esperanza que disminuyó el impacto de la filosofía en la experiencia vital del sujeto. Jesucristo había resucitado al tercer día de su crucifixión, milagro del cual sería partícipe todo aquel que creyese en él. En cuanto a los filósofos, la oferta de vida ultraterrena excedía el límite del ahora, momento en el que es preciso actuar máxime cuando resulta incierto lo que ocurre después de morir.

Abandonar al otro a las puertas de su desaparición, sin promesas alentadoras, debió representar una pésima estrategia publicitaria para captar adeptos ávidos de consuelo. No obstante, desde que la filosofía fijó su atención en el ser humano procuró hacerle entender que es menos preocupante planear su estadía en el más allá o perderse en la memoria de los demás, que olvidarse de sí mismo. La humanidad perece estrangulada por su propia ignorancia, preparándose para atravesar el umbral del olvido.

A lo largo de su historia descuidó su identidad en creencias socioculturales que inhabilitaron su capacidad de ajustarse a las evidencias dramáticas del existir. Descuidándose obstaculiza la posibilidad de conocerse, cede a la opresión de sus opiniones y construye dimensiones subjetivas que, si bien resultan cómodas, desvanecen la autocomprensión. El descuido conduce hacia el olvido y este tipo de tránsito es una forma de muerte sin morir en la que el sujeto cognoscente pasa desapercibido ante sus ojos, absorto en una sabiduría fingida cuyo propósito es sólo informarlo, no formarlo.

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