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Carta de los lectores

Tradición sí. Confusión institucional, no

El obispo corona a la patrona de Mutxamel

El obispo corona a la patrona de Mutxamel / INFORMACIÓN

Antonio Cachinero García

Respuesta pública ante la escenificación del acuerdo plenario sobre el Patronazgo de la Mare de Déu de Loreto en un acto religioso, y el uso del cargo institucional para propaganda partidista.

Mutxamel es un pueblo plural: hay personas creyentes, personas de otras confesiones y personas no creyentes. Todas pagan impuestos, todas tienen derechos, y todas merecen una institución municipal que actúe con neutralidad. La aconfesionalidad no es ir contra nadie: es garantizar que el Ayuntamiento no se confunde con un credo, ni utiliza la fe de una parte para construir un relato político.

El respeto a la devoción y la defensa del Ayuntamiento de todos y para todos.

Desde el PSOE de Mutxamel respetamos profundamente a quienes viven estas fiestas desde la tradición y la fe, y reconocemos el valor histórico y cultural que muchas familias sienten como propio. Pero una cosa es acompañar una tradición popular y otra muy distinta es convertir al Ayuntamiento —como institución civil— en parte del ritual, con lectura oficial de acuerdos y protagonismo político.

Lo ocurrido no es un detalle menor: es el núcleo del problema.

Según se ha difundido públicamente, tras una misa solemne se dio lectura pública, por la Secretaría General del Ayuntamiento, del acuerdo plenario que ratifica el Patronazgo y renueva el "Voto de Acción de Gracias". Acto seguido, el alcalde intervino, se entregó insignia institucional a la Cofradía y se presentó el acto como símbolo de unidad e identidad de todo el municipio.

Ese encadenado —misa, lectura de acuerdo municipal, discurso político e insignia institucional— no es "normalidad" ni "tradición": es una escenificación deliberada para trasladar un mensaje: que el Ayuntamiento, como tal, participa del rito y lo asume como propio. Y eso no puede aceptarse como si fuera inocuo.

¿Por qué nos abstuvimos en el Pleno?

Nuestra abstención fue coherente con un principio básico: el Pleno no debe colocar a la institución en un terreno confesional. No se trata de negar la historia de Mutxamel, ni de discutir creencias: se trata de impedir que un acuerdo simbólico, de naturaleza política e institucional, se utilice para "sacralizar" la acción del gobierno municipal y reforzar la imagen del alcalde bajo un escenario religioso.

Cuando el Ayuntamiento entra en el templo como Ayuntamiento, sale de la neutralidad.

El Ayuntamiento tiene obligaciones constitucionales: servir con objetividad a los intereses generales y respetar la libertad ideológica y religiosa, incluida la libertad de no profesar ninguna. La cooperación con las confesiones, cuando existe, debe hacerse sin confundir funciones, símbolos y autoridad pública.

Un momento de la celebración en la Iglesia de Mutxamel

Un momento de la celebración en la Iglesia de Mutxamel / INFORMACIÓN

La presencia de la secretaria Municipal leyendo un acuerdo plenario dentro de un acto religioso proyecta una idea peligrosa: que lo público se subordina a lo confesional y que la fe se convierte en "acto institucional". Esto deja fuera —o en posición de inferioridad simbólica— a quien no comparte ese credo y, además, coloca a personal habilitado nacional (fe pública/garantía legal) en un escenario donde se diluye la frontera entre administración y liturgia.

No hablamos de sentimientos: hablamos de límites democráticos. Ningún alcalde puede apropiarse de la historia y las tradiciones para presentarse como “representante espiritual” del municipio o para etiquetar una devoción concreta como "signo de unidad para todas las personas". La unidad se construye con servicios públicos, convivencia y respeto, no confundiendo Ayuntamiento y altar.

Lo que exigimos: reglas claras y respeto a todo Mutxamel, por eso pedimos al gobierno municipal, con claridad y sin ambigüedades:

Que ningún acuerdo plenario se lea ni se "proclame" dentro de ceremonias religiosas. Los acuerdos se publican por canales institucionales y, si se quiere un acto solemne, que sea civil y en espacio municipal.

Que se separe el acompañamiento protocolario (opcional y respetuoso) de cualquier liturgia. La asistencia a actos confesionales debe ser estrictamente voluntaria, sin presión política ni institucional.

Que se explique por escrito qué instrucción u orden motivó la presencia de la secretaria Municipal en la lectura pública del acuerdo, y bajo qué criterio de protocolo se decidió esa escenificación.

Que se deje de usar la tradición como trampolín de propaganda personal: Mutxamel no necesita un alcalde en el centro del foco; necesita una institución neutral y unida en lo común.

Que, si se quiere conmemorar un V Centenario con dimensión histórica, se organice un programa cultural y cívico (charlas, archivo, patrimonio, exposiciones) abierto a toda la ciudadanía, no una "identidad municipal" construida desde un rito particular.

En resumen: tradición, sí. Respeto a la devoción, por supuesto. Pero el Ayuntamiento no puede convertirse en parte del rito, ni actuar como altavoz confesional del gobierno de turno. Mutxamel es de todos, y el Ayuntamiento —también—.

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