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Carta de los lectores

Las vías hacia el progreso

Adamuz, 31 días de aquel fatídico día

Sara Fernández

Antonio Ortuño Zaragoza

Quiero lanzarles una pregunta, ¿no creen ustedes que el accidente en Adamuz fue suficiente para darnos cuenta de lo afectada que está la infraestructura ferroviaria del país? ¿Acaso este no pudo haberse evitado? Quiero decir, una catástrofe esta magnitud se podía anticipar tan solo echándole un vistazo a las vías, ¿no?

Retrasos, trenes en mal estado, desorden en las estaciones, horarios alocados, tarifas exageradas… La lista de cualidades negativas que se le puede atribuir a Renfe empieza a tender al infinito. Pongámonos en situación por un momento; Martín, estudiante de primero de carrera que, en su pueblo, no tiene universidad, por lo que tiene que coger un tren todas las mañanas para ir a clase y volver a casa. ¿Creéis que se sentirá seguro teniendo que subirse en un tren que, en el 95 % de los casos, va con retraso y está en condiciones pésimas? Resulta evidente que ninguno querría verse en la situación en la que está Martín, pero bueno, la costumbre hace ley y se acabaría acostumbrando. Sumémosle alguna condición adicional, sus clases empiezan a las 8:00, como en la mayoría de las facultades, pero claro, tiene solo dos opciones para elegir: un tren a las 6:07, donde sacrificaría parte de su sueño por ir a clase; o a las 7:08, donde no tiene la certeza de llegar a tiempo al aula. ¿Cómo va a empezar Martín el día de buena manera si ya sacrifica parte de su ánimo en tener que despertarse a una hora muy temprana?

Por otro lado, no son solo los estudiantes los que se ven más afectados por esta situación ferroviaria en decadencia, sino que hay un amplio porcentaje de la población que necesita del transporte público para ir al trabajo, ir a ver a sus seres queridos o simplemente moverse por su ciudad. El Gobierno dio una pequeña pincelada al tema, a fin de calmar estas aguas enfurecidas, ofreciendo un nuevo bono que nos permite viajar por toda la península al módico precio de 60 euros durante un mes, que se reduce a la mitad para los menores de 26 años. Por este precio tenemos acceso a trenes de Cercanías, Rodalies, Media Distancia y autobuses estatales, patrocinados por la mismísima Renfe. Es un primer paso para intentar que se distraiga el foco por un tiempo del verdadero problema, las penosas infraestructuras con las que se cuenta.

Tren Alvia siniestrado en Adamuz el 18 de enero.

Tren Alvia siniestrado en Adamuz el 18 de enero. / Manuel Murillo

Renfe comparte cumpleaños con la División Azul, quienes este año 2026 cumplen 85 años, cerca del centenario. Además, son tan solo 17 años los que separan su creación de la de Telefónica, operadora que ha quedado obsoleta, mientras que la División Azul solo fue útil durante poco tiempo. No es casualidad que esta empresa del siglo pasado haya quedado en la nada, es más, me atrevo a afirmar que ha seguido su curso natural de vida; fue creada, estuvo unos años en auge y dejó espacio para otras de su misma especie, como Movistar u Orange. ¿Qué hace especial a Renfe entonces? ¿Cómo es que tras casi un siglo sigue siendo la única opción para viajar en cortas distancias?

Renfe consiguió algo que muy pocas empresas han conseguido mantener en el tiempo, comerse a la competencia y suprimirla de modo que sea la única opción. Renfe es un monopolio con más de 80 años en la cima, se podría decir que Renfe es más fiable por ser la única opción que por ser seguro. Veamos, ¿tan difícil sería darle un lavado de cara? Quiero decir, sanear las infraestructuras para que los pasajeros no sientan que el tren puede descarrilar en cualquier momento, regular los horarios para que se eviten interferencias entre líneas, lo que provoca retrasos; proponer una tarifa única por núcleo de Cercanías en función al número de paradas, por ejemplo. Son tan solo ideas sutiles que se me ocurren, ¿harían estas ideas daño a alguien? ¿O contribuirían a ese estado del bienestar que supuestamente es España? Repito, son solo ideas, pero al final más sabe el diablo por viejo que por diablo.

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