Cartas de los lectores
Primera Dinastía Trump

Lucía Feijoo Viera
Sebastián Fernández Izquierdo
Hay algunos detalles en este año de mandato de Trump que creo que han pasado casi desapercibidos como meras anécdotas, pero que pueden decir mucho de la personalidad y sobre todo de las intenciones de este nefasto personaje.
Ha asumido, en algunas declaraciones, medio en broma medio en serio, que Dios intervino directamente para salvarle la vida en el atentado en el que solo su oreja salió algo dañada. Y que esta intervención divina estaba destinada a asegurar que fuera Trump el que liderara al gran pueblo estadounidense e hiciera América más grande. La misma justificación de las monarquías medievales y modernas, siempre otorgadas por designio divino, o de algunas dictaduras, en las que el caudillo lo era por la gracia de Dios.
En su infinito narcisismo, ha colocado su nombre a muchos edificios, monumentos e instalaciones diversas, y ha realizado faraónicas obras en la casa blanca, más allá de una reforma cualquiera. Ha derribado un ala del edificio para construir un salón de baile que pueda albergar a cientos de invitados, al más puro estilo versallesco. Y tiene planeado sustituir todas las columnas de la casa blanca, de estilo jónico, para convertirlas al estilo corintio, mucho más ornamentadas y acordes con su personalidad y su grandeza. Y ¿han visto esos decorados de fondo en el despacho oval, donde recibe y humilla a sus invitados, dorados de estilo barroco? Oro y mármol. Esto no es un cambio de decoración de alguien que va a habitar un lugar temporalmente. Es un cambio radical, una reforma integral, un destruir para construir de nuevo. Y eso solo lo hace quien ha decidido que va a quedarse allí a vivir indefinidamente. Y, si en estas elecciones de medio mandato, no hay una victoria contundente de los demócratas, lo hará. Y con la bendición de Dios.
Si el mundo no se derrumba, cosa que a estas alturas entra dentro de lo posible; si la actual escalada bélica se detiene y no llega a límites en los que prefiero no pensar; si no ocurre algún evento catastrófico; si las elecciones de medio mandato no las ganan claramente los demócratas, dentro de tres años, es probable que Estados Unidos diga adiós a la democracia y de la bienvenida al primer emperador de la dinastía Trump, lo cual en sí ya sería el mayor evento catastrófico que podemos imaginar, pero, tal y como va el mundo, ya podemos creer o imaginar cualquier cosa.
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