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Carta de los lectores

El silencio no es reparación, es complicidad

Abusos sexuales a menores.

Abusos sexuales a menores. / INFORMACIÓN

Moisés Aparici Pastor

Moisés Aparici Pastor

Hemos conocido estos días el relato desgarrador de una víctima de abusos sexuales en el seno de la iglesia católica. Un retrato de un sistema que durante demasiado tiempo ha preferido el silencio a la justicia, la discreción a la verdad y la institución a las personas. José Luis era menor cuando fue abusado sexualmente, y también fue víctima, años después, de la indiferencia de esa misma iglesia. Acudió al obispado buscando escucha, amparo y reparación, pero encontró frialdad administrativa, actitud burocrática ante el dolor humano más profundo. Mientras relataba hechos que hielan la sangre, al otro lado solo había una preocupación explícita de "no airearlo".

Debería avergonzarnos como sociedad, pues encierra perversidad: lo importante no es el daño causado, sino evitar el escándalo, y proteger la imagen sin hacer justicia. Mientras, la víctima pregunta "¿por qué a mí?" o "¿cómo salgo de esto?". Preguntas dirigidas a quienes no hicieron lo suficiente, o eligieron mirar hacia otro lado. Se deben reconocer públicamente los hechos, pedir perdón sin matices, y reparar el daño causado.

No ha habido información clara, ni acompañamiento real, ni transparencia. Solo un informe frío y protocolario, y una puerta que se cierra dejando a la víctima sola. La Iglesia tiene derecho a defender su buen nombre, pero no a costa de las víctimas. El verdadero escándalo no es que estos casos salgan a la luz, sino que durante tanto tiempo se hayan intentado mantener en la sombra. Si se quiere "dar luz", hay que hacerlo con la verdad y asumiendo su responsabilidad. Las víctimas llevan décadas esperando justicia, y no solo palabras vacías. El silencio perpetúa, y entraña complicidad.

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