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Cartas de los lectores

Si quieres que tu hijo sea un adulto exitoso, dale una fregona

Si quieres que tu hijo sea un adulto exitoso, dale una fregona

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Luis Beltrán Gámir

Leí el otro día un estudio llamado The Grant Study, de la Universidad de Harvard (que no es precisamente una universidad cualquiera), según el cual uno de los predictores más fuertes del éxito adulto fue haber hecho tareas del hogar en la infancia. El coeficiente intelectual o las calificaciones escolares influían menos que actividades tan simples como lavar platos, sacar la basura o poner la mesa. Eso les enseña a esforzarse para el grupo, interiorizando el trabajo como una parte natural de la vida. Como dijo la columnista norteamericana Abigail Van Buren: “si quieres que tus hijos tengan los pies sobre la tierra, colócales alguna responsabilidad sobre los hombros”. Si un niño deja de jugar para poner la mesa, aprende a que el mundo no gira a su alrededor. En definitiva, si quieres que tu hijo sea un adulto exitoso, dale una fregona.

En época de Franco estas tareas se dejaban siempre a las niñas. Quiero pensar que la sociedad ha avanzado bastante en 50 años, y me parecería raro que actualmente a la hija le pongan a fregar, y al niño, a darle patadas a un balón. Sí que tengo claro que los hijos de familias modestas que han llegado a la universidad suelen triunfar, porque les han inculcado el respeto y el esfuerzo, y que las cosas no caen del cielo. Esto es una enseñanza que reciben los niños japoneses desde su más tierna infancia. Y yo creo que por dicho motivo los aficionados nipones al fútbol dejan siempre su parte de la grada limpia después del partido, mientras que nuestro chaval suspende hasta el recreo, y deja la cocina tras el desayuno con un aspecto lamentable… pero no le decimos nada, por si se ofende.

Si los padres recogen lo que los hijos dejan tirado, le están diciendo: “No te esfuerces, chaval, alguien solucionará tus problemas”. Nos encontraremos con adultos que exigen derechos, pero no cumplen sus deberes, que dan la tabarra constantemente…pero no aportan nada. Si te acostumbras a que te lo hagan todo desde que eres un mañaco, ¿quién querrá casarse contigo cuando seas mayor, si eres más inútil que el cenicero de una moto? Yo a algunos los llevaría a la vendimia, que es la prueba irrefutable de que se adelgaza con la fruta.

Obviamente, muchos aprenden una vez que han salido del hogar familiar, porque su pareja les ha enseñado. Pero estarás de acuerdo conmigo, amigo lector, que más vale llegar aprendido cuando abandones el cascarón familiar. Porque si acostumbras a tu hijo a dejar su plato en la mesa, y que seas tú quien lo recoja, se queda con la impresión de que sus padres son sus empleados, a los que puede exigir. Si estuviéramos en la Edad Media, los señores feudales serían nuestros hijos… y los siervos seríamos los padres.

Ese padre que le compra a su hijo todo lo que pide, que no le corrige inmediatamente cuando se porta mal, que le deja ver Peppa Pig (Josefa la Puerca sonaría bastante peor) a todas horas, o despertarse a mediodía, que le da dinero cuando se lo pide, aunque no haya hecho nada para merecérselo, o que les pide disciplina… pero de boquilla,¿alguien piensa de verdad que está haciendo bien su labor? No está educando, sino simplemente lo más cómodo, ya que no quiere discutir, con la excusa de que “no quiero que sufra”. Seamos sinceros: cuando eres padre de niños pequeños, el entretenimiento se convierte en un lujo asiático. No caigas en la tentación de darle la tablet para que te deje en paz: eso no es educar. Eso es marcarse un “Rajoy”... no hacer nada.

El chaval crecerá pensando que la vida es fácil, sin respetar reglas, acostumbrado a que, no haciendo nada, puede obtenerlo todo. Y, obviamente, al haberse criado entre algodones, va a sufrir cuando se estrelle. Y algo muy importante: educa a tu hijo para que ningún compañero tenga miedo de ir al colegio por su culpa. Amic meu, tu hijo no es un invitado ni un visitante en tu casa. Debe tener responsabilidades y valorar el esfuerzo de sus padres. Tiene que aprender a hacerse la cama, y a guardar sus platos en el lavavajillas. Que entiendan que la casa no se limpia sola. Y aunque muchas veces sea incómodo, en eso consiste la educación: en formar personas responsables. Mi mayor miedo es morirme en fin de semana, porque …¿quién va a poner la lavadora si la palmo?

¿Nuestros hijos hacían tareas domésticas de pequeños? Pues sí. Era muy gracioso cuando les poníamos a tender la ropa, porque lo hacían de una manera lamentable. Pero, bueno, esto es Alicante, hace calor… y siempre acababa secándose.

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